“Si el ISA no existiera, habría que fundarlo”
ENTREVISTA
Por: Mayle González Mirabal
En un país donde no existían antecedentes de estudios académicos de nivel superior para la formación de artistas, el Instituto Superior de Arte (ISA), creado en 1976, se convirtió en el centro gestor de la vanguardia artística cubana. Hoy no puede escribirse la historia del desarrollo cultural de la Isla sin tener en cuenta lo que implica una institución como esta. “Si no existiera, habría que fundarla”, dice Rolando González Patricio, su rector.
“El ISA es un reto para los cubanos desde su fundación, por lo que representa para la formación artística del país y por lo que genera a niveles sociales un centro de esta envergadura. No existía en América Latina experiencia similar, pues en el resto de los países del continente, la educación artística se había pensado a través de facultades inconexas. Esta universidad pretende lo contrario: integrarlas, propiciar el diálogo constante entre los estudiantes de las diferentes especialidades”.
Cuando se cumplen 30 años de su primera graduación (35 de su apertura), la Universidad de las Artes cubana ofrece cinco carreras con más de 39 perfiles, además de los estudios de postgrado; dos filiales, una en la provincia de Camagüey y otra en Holguín, y una unidad docente en Santiago de Cuba, ambicioso proyecto que no está concluido. “Pero no puede estarlo, porque una institución no es el edificio que la compone, sino el sistema de relaciones que se establece dentro de ella, lo que nos permite atender a toda posibilidad de superarnos”.
El centro proyecta la cuarta generación de planes de estudio. ¿Cómo lo están desarrollando?
“Eso no puede ser el resultado de una conspiración de dos académicos o de tres artistas. Por ello, los estudiantes fueron invitados a emitir criterios sobre los cuales debían prepararse los planes de estudio. Al mismo tiempo lo analiza el claustro de profesores en cada una de las facultades y se incorporan artistas externos a la universidad. Poner de acuerdo a un colectivo no es tarea fácil, de ahí que el proceso sea tan engorroso y prolongado. Sin embargo, tiene la ventaja de que intenta considerar cada una de las opiniones.
“Muchas veces la gente se inhibe, pero nuestro deber es formar artistas que sean tan cultos como creativos, y que tengan un compromiso con su tiempo a la altura de su propia creación. No es cosa que se logre en un día, sobre todo si los conceptos que pretendemos asentar son leales y sinceros”.
¿Qué cambios supone el nuevo plan de estudio respecto a los anteriores?
“Pretendemos que el estudiante tenga una carga de formación individual superior, un proceso lectivo propiamente dicho, de modo tal que gane en independencia y que esa formación se acerque cada vez más a la vida profesional que ejercerá después. Para facilitar su aplicación, fue necesaria la formación modular, donde incluso el concepto de semestre puede muchas veces ser dinamitado. De esa forma, cuando un artista tenga el tiempo limitado para impartir sus clases, podrá hacerlo consecutivamente. Los planes anteriores no tenían esa flexibilidad. En ello trabajamos, respetando las exigencias que norma la educación superior y que, por supuesto, no violentaremos.
“Realizamos una revisión general también de la enseñanza postgraduada para que responda a la demanda que establecen las necesidades, expresas o no, del sistema institucional de la cultura y de los sectores de la vida económica y social cubanas. Tenemos que ser capaces de identificarlas porque una de las maneras más efectivas de contribuir al desarrollo artístico y cultural de un país, es consolidar su capacidad crítica, o sea, tener críticos aptos para dialogar con la creación contemporánea. Esta universidad no puede desentenderse de eso.
“Queremos desarrollar todavía más la investigación y para ello se conformaron un conjunto de direcciones que se encargarán de eso. No se trata de hiperbolizar la función de la metodología, aunque tampoco puede haber una formación eficaz carente de ella. Para un país subdesarrollado esto es un lujo pero se ha defendido como prioridad”.
El ISA constituye la primera experiencia en Iberoamérica que reúne en una universidad las distintas manifestaciones del arte. ¿Qué proyectos tienen para lograr esa integración que usted refiere?
“Nuestra pretensión es que los estudiantes puedan integrar los distintos saberes. A finales del curso anterior desarrollamos el Festival de las Artes (del 15 de mayo al 30 de junio) para facilitarles un proyecto común. Seguimos como política, la promoción de esa integración creciente porque el arte tiende a una fusión donde las fronteras son cada vez más difusas. No obstante, debemos avanzar en la formación de proyectos por iniciativa de los estudiantes. Así, iremos tejiendo un vínculo no solo entre las distintas carreras, sino con el resto de la sociedad.
“En ese sentido hemos desarrollado varias acciones. En la Casa del Alba tenemos una presencia casi constante. En la barriada de Romerillo, cercana a la escuela, realizamos una peña mensual, un proyecto comunitario en el que la participación de los ciudadanos y la simpatía con los artistas es cada vez mayor”.
Usted dijo en una entrevista que le hicieran a propósito de la celebración del Festival de las Artes, que era necesario “formar artistas de Cuba y para Cuba”, ¿qué implicaciones tiene eso para un creador?
“Creo que mientras más cubano se es, más universal puede llegar a serse. La historia del desarrollo de las artes muestra que no por simular lo foráneo, se alcanza un nivel de relevancia o de constitución real en el desarrollo del arte. Tenemos que ser capaces de formar a los estudiantes en una comprensión, lo más amplia posible, de las raíces de nuestra cultura, sin desconectarlos, claro, de la historia de la humanidad.
“Nuestra intención es tratar de llevar al artista en formación a una comprensión crítica del mundo en el que vive. No podemos conformarnos con talentos acríticos. Es un gran reto. De hecho, no todas las respuestas están escritas y a veces salen de las propias discusiones en las aulas, a partir de las inquietudes más o menos intensas de los estudiantes.
“Lo que más nos interesa es enseñar a razonar. Tienen que haber principios y conceptos sólidos, pero el aprendizaje debe tener como base el diálogo respetuoso y abierto, pues defendemos el derecho legítimo que tiene cada generación a reinterpretar la historia en función de su presente y su futuro”. |