colorao
Juan Padrón, un maestro de lo cubano…
Los jóvenes celebran la cultura
Abren en Camagüey nuevos espacios culturales
Los dioses rotos representará a Cuba en los Oscar
Sean Penn regresa a Cuba
Sentirse Dios al pintar
“La bendita aventura de un apasionado”
Tributo a los maestros
La condición de no tener pasado
“Y yo que no fumo Marlboro”
“Cuba tiene una de las juventudes más hermosas del mundo”
Festejan Día de la Cultura Nacional
Imágenes de un día
Homenaje de los jóvenes a sus maestros
Maestros de la cultura y de las ideas
Galería de la entrega de los Premios Maestros de Juventudes
“Tengo esperanzas en la juventud cubana”
Los 23 de la AHS
El Pabellón de las artes
Cintio, ese sol del mundo moral

 
Sentirse Dios al pintar

Por: Cosette Celecia

El espacio Encuentro con Maestros de Juventudes trajo entre sus últimos invitados de esta Jornada por la Cultura Nacional  a un artista de la plástica. En la habitual Sala de Conferencias del Pabellón Cuba, escenario en los últimos días de revelaciones de grandes figuras, este pintor pinareño confesó que  aún a sus 63 años para él la juventud no ha terminado y rememoró para los presentes esa etapa de la vida que comenzó para él cuando entró en la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 1965.

Pedro Pablo Oliva, Premio Nacional de Artes Plásticas, protagonizó una tarde de entrevista en la que hizo gala de sencillez y naturalidad. Este artista que se confiesa poco conversador pues prefiere expresarse a través de imágenes, estrenó sus pinceles en 1962, a los 11 años, cuando todavía debía subirse en una banqueta para llegar al caballete.

Según Oliva, al matricular en la ENA su vida se vincula de modo comprometido a la vida social. Para él esta etapa transcurrió llena de obsesiones, amando todo lo novedoso, desvelado por los sueños del futuro y por la necesidad de ser cada vez mejor. Este artista, quien se rebeló con un gran sentido del humor, contó que por entonces, además de pintar, solía ocupar su tiempo en ir al cine, a los museos, en tanto también los romances fueron y son parte importante de su vida. “En aquellos tiempos encontraba gran placer en ir al Malecón, pues es para mí un sitio de pensamiento, de soñar.”

Al responder algunas de las preguntas de sus interlocutores en torno a su obra, refirió que ésta se vincula estrechamente con su vida y que es resultado de lo experimentado y lo imaginado por él, por lo que en ella convergen sus experiencias personales y también el entorno social que lo ha rodeado. De este modo comentó cómo a partir de los años 90 comienza a acuñar sus obras como alusión a la burocracia y refleja en ellas las contradicciones e incertidumbre del proyecto social revolucionario.

Pedro Pablo Oliva confesó además haber estado siempre muy cerca de los niños. “Creo que por eso no puedo desprenderme del mundo de la infancia; sin embargo, mientras antes mis obras eran más ingenuas, ahora son mucho más irónicas.” En tanto acerca de la recurrencia de la imagen de Fidel en sus piezas declaró que desde hace tiempo está interesado en desmitificar esta figura y mostrarlo desde su obra como un ser humano, cotidiano, capaz, como todos, de enamorarse, de soñar, de tener familia.

Acerca de los jóvenes, principal público presente en el intercambio, dijo que en ellos veía el cambio, las ideas nuevas. “Los jóvenes son profundos y respetuosos, creo que ellos solo no respetan a los dogmáticos.”

Sin horarios establecidos para pintar, Pedro Pablo Oliva deja que la creación  lo sorprenda en su casa, en el estudio, o en la galería de la Habana Vieja, por lo cual asegura que la pintura lo trae desorientado, sobre todo en estos últimos tiempos en los que considera que se encuentra algo disperso. Pero, aunque solo pinta entre ocho y diez cuadros al año, supimos por él que dibuja intensamente.

Actualmente, de conjunto con el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), trabaja en el proyecto de creación de la primera videoteca de Pinar del Río, su tierra natal. Además, mantiene desde hace 10 años un proyecto cultural en su casa con el objetivo de ofrecer información sobre plástica, fundamentalmente para artistas y estudiantes universitarios, actividad que realiza, según él mismo, sobre todo por el placer de compartir la cultura.

“Uno se siente Dios al pintar, pues es el único momento en el que podemos sentirnos dueños del mundo”, confesó Oliva, quien asume, no obstante, el privilegio de la creación con inmensa humildad.

© Asociación Hermanos Saíz. 2009.