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Maestros de la cultura y de las ideas
Ministro Abel Prieto, artistas e intelectuales, jóvenes creadores, invitados:
La formación de generaciones entraña el acto humanista de poner a disposición de todos los conocimientos propios; no basta subrayar, a decir de Martí, la monstruosa mentira que hay en afirmar que la educación consiste únicamente en la imperfecta y morosa enseñanza de modos de leer y de escribir. El maestro nos mostró que educar es preparar los espíritus para que hallen su verdadero lugar en la vida y descubran su verdadero camino.
Los jóvenes escritores y artistas de la Asociación Hermanos Saíz advertimos una intensa fuente de referencias, enseñanzas, valores éticos y estéticos, en la obra de quienes consideramos Maestros de Juventudes, una distinción que trasciende el mero reconocimiento y convierte a sus merecedores en visibles referentes de artistas en formación, de los noveles creadores cubanos.
No pudiera en estas palabras de elogio dejar de referirme a lo que considero el primero de los hechos que la Revolución concibió para formar a generaciones, momento que Fidel resalta en su discurso en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, el 3 de febrero de 1999: Apenas dos años después del triunfo, en 1961, logramos alfabetizar alrededor de un millón de personas, con el apoyo de jóvenes estudiantes que se convirtieron en maestros; fueron a los campos, a las montañas, a los lugares más apartados, y allí enseñaron a leer y a escribir hasta a personas que tenían 80 años. Después se realizaron los cursos de seguimiento y se dieron los pasos necesarios, en incesante esfuerzo para alcanzar lo que tenemos hoy. Una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas.
En esencia, hoy me referiré a verdaderos maestros de la enseñanza de generaciones, a alfabetizadores, sobre todo, desde su obra artística inmensa, maestros de la cultura y de las ideas.
Homenajear a Luis Carbonell, a Rogelio Martínez Furé, a Teresita Fernández, a Tusi Cabal, a Delfin Prats, a Fernando Pérez, es sentirnos intérpretes de su obra; deudores de su enseñanza y de su talento.
Al maestro Luis Carbonell le debemos, por ejemplo, la interpretación de un poema –ya de la llamada poesía negra, ya de la épica, ya del amor- su capacidad, palabra mediante, de transportarnos al contexto, a la atmósfera, al mundo todo que sugiere o explicita el verso. Su dominio de la voz y la armonía, de la música, el gesto sutil y la expresión natural, logran abrir las puertas de la emoción y la participación de quienes vibramos encantados ante su hechizo.
Sin dudas, una de las figuras cumbres de la cultura cubana, intérprete de la poesía folklórica y estampas de costumbres, une a su formación musical y pedagógica su capacidad para incursionar en el teatro dramatizando cuentos literarios. Es además autor de verdaderas joyas del pentagrama cubano.
Así lo resume el santiaguero Cos Causse, en uno de sus versos:
Cuentan los caracoles que le robaste su lamento,
Su lamento de ola a la deriva y de espuma prisionera.
Cuenta la palma, la palma más alta, que en su penacho
una paloma mensajera le dejó un poema con tu voz azul.
Del maestro Furé no pudiéramos dejar de agradecer el hecho de ser uno de los pilares fundacionales, en 1962, de una de las más necesarias, y vitales instituciones culturales cubanas, el Conjunto Folclórico Nacional.
El dramaturgo Gerardo Fulleda también llama la atención sobre Martínez Furé, sobre su vasto ejercicio como portador de la oralidad nacional. Afirma Fulleda que semejante a un griot actual, Rogelio Martínez Furé ha llevado también, de este modo, a diversos lugares del mundo, las resonancias de bateyes, solares y reinados, nutriendo los espíritus con el acervo de una cultura ancestral y contemporánea, que sustenta la resistencia nacional ante el empuje globalizador.
Reconocer ahora el talento innato de quien se graduara de maestra normalista en 1948 y en 1959 de Doctora en Pedagogía, de quien debutara como trovadora el 20 de julio de 1965 en la Sala Arlequín de La Habana, de la fundadora en 1975 de la Peña de los juglares en el Parque Lenin. Reconocer a una verdadera maestra, con la que generaciones de cubanos han crecido, escuchando sus canciones para niños -entre las que sobresalen Dame la mano y danzaremos; El gatico vinagrito o Tin, tin, la lluvia-, y poseedora además de una extensa obra para adultos que incluye boleros, poemas musicales, villancicos, habaneras y canciones; es solo posible con uno de sus propios versos:
Yo quiero ser para ti una flor
Que perfume tu desencanto
Ala del cisne más blanco
Que ha hecho volar tu corazón
Teresita Fernández ha llenado, llena, un espacio insustituible en el panorama de la canción cubana. A decir de Víctor Casaus, lo ha hecho con perseverancia y con amor, con poesía y con humildad. Y al mismo tiempo llenó, ha llenado, los pequeños, enormes espacios de nuestras vidas personales. Como precisaría el Bola que una vez dijo el más hermoso piropo a esta trovadora indetenible: "Usted no necesita más adorno que la canción".
Los cubanos deben a otra maestra, a la guantanamera Antonia Luisa Cabal Sales, o mejor, Tusi Cabal, la formación de generaciones de músicos; ya en 1950 funda su primer coro con niños huérfanos del asilo San Juan de la Montaña, y en ese mismo año el coro con alumnos de su academia de piano.
Tusy es fundadora de la Escuela de Arte de Guantánamo y de las principales agrupaciones corales del territorio. A su labor se debe la creación del Coro Masculino, único con carácter profesional en Cuba y América Latina.
En los últimos cinco años ha formado generaciones de niños cantores. Unos quinientos infantes de diferentes edades pasaron por el proyecto coral Vocecitas de Cristal, de Guantánamo, en sus 20 años de existencia, del que Tusy es directora y fundadora.
Delfín Prats es un hombre nervioso, dice en casi todas las crónicas que sobre el poeta se han escrito. Sin embargo, su lucidez, que a simple vista encontramos en cada poema suyo, nos lleva desde un exquisito retrato del planeta en el que Delfín, si así me permite llamarlo, pregunta sobre la nueva época de la siembra, insiste en una necesidad de hacer todas las cosas nuevamente, o convoca a marchar al bosque por leña para avivar el fuego; hasta ese simbólico texto trascendente de la poesía cubana, según el poeta holguinero Eugenio Marrón, “Abrirse las constelaciones”. En el que puede leerse La Isla es el compendio, en fin, de tu verso, tu casa y tu ciudad.
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El maestro Delfín Prats nos ha enseñado que el proceso literario se caracteriza por ser un proceso de relevo, es decir, que nosotros, dice Delfín, los que estamos ahora creando hemos relevado a poetas anteriores a quienes consideramos mucho más importantes que nosotros; los jóvenes que vengan después de nosotros nos consideraran a nosotros, quizás, con un poquito de amor y la poesía nunca dejará de existir.
Los jóvenes cineastas también debemos a Fernando Pérez, creo que incluso tanto o más que a Titón y a Humberto, el estar identificados con sus miradas tanto en su obra documental como de ficción. Ninguno de nosotros podrá no reconocerse en Madagascar, por ejemplo, o encontrar mejor descripción de héroe de las ciudades en tiempos de la dictadura batistiana, humano, valiente, desmitificado y real que cualquiera de los personajes de Clandestinos.
Al maestro Fernando, además de su labor docente en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, en encuentros y festivales cinematográficos, en la Muestra de Nuevos Realizadores de la que es presidente; debemos el diálogo constante con los jóvenes, que lo ha enriquecido y abierto nuevas maneras de ver el proceso de creación cinematográfica, según él.
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Estoy seguro que no habrá mejor elogio para Fernando Pérez, para el cineasta, para el maestro, que las palabras de Mercedes Santos Moray refiriéndose a Suite Habana:Fernando ha logrado algo muy difícil para cualquier artista: superarse a sí mismo. Este filme, probablemente un clásico de nuestra cinematografía, es una lúcida y angustiosa reflexión sobre la contemporaneidad, un apelativo también al amor y a la vida, porque bien sabemos que su realizador es un hombre que busca el apelativo de las emociones y de los sentimientos para luego inducir al espectador a la reflexión.
Martí nos enseño que educar será, sobre todo, vigorizar y orientar las fuerzas todas que posee el hombre para realizar un gran trabajo en la tierra, y no losa de mármol que les impida salir a la luz. Esta tarde elogiamos a Luis Carbonell, a Rogelio Martínez Furé, a Teresita Fernández, a Tusy Cabal, a Delfín Prats y a Fernando Pérez, pero esencialmente levantamos sus obras como causes orientadores de las que estamos por hacer, y como fuentes vivas, con respeto y con mucho amor, de las generaciones de los jóvenes escritores y artistas cubanos.
A nombre de los integrantes de la Asociación Hermanos Saiz, FELICIDADES, y muchas gracias. |