Alfredo Guevara
“La bendita aventura de un apasionado”
Por: Joanna Pérez Vidal
“Siempre me ha gustado más, he sido devoto de la aventura. Yo soy, parece que por naturaleza, anti rutina. La rutina es la muerte adelantada”, con estas palabras Alfredo Guevara calificaba su accionar durante toda una vida. Pensador, intelectual, hombre osado, culto y sincero. Apenas si alcanzarían las denominaciones para identificar su fructífera existencia. Mas el Maestro de Juventudes convocado por la Asociación Hermanos Saíz (AHS) para esta tarde de jueves aportó rápidamente “el eje central” de su obra.
El público, entre los que se descubrían rostros de importantes figuras del cine, recibió de pie y con aplausos al invitado del día. Guevara traía su propuesta para iniciar el diálogo: un texto que había escrito hace 48 años y que fuera publicado en la Revista Bohemia como parte de un debate sobre Cultura Cubana. Por entonces le convocó Alejo Carpentier, y el joven intelectual uniría su nombre al de personalidades como Lisandro Otero y Ambrosio Fornet.
Aunque el Maestro de Juventudes creó grandes expectativas acerca de la actualidad del escritor, accedió sin reparos al estilo de los Encuentros…
Muchos creyeron que el diálogo se centraría en aspectos relativos a la cultura artística y particularmente al cine, pero el invitado deslumbró a todos por su capacidad comunicativa y riqueza informativa.
Los primeros momentos serían para el recuento juvenil. Al mirar en la distancia aquellos años, Alfredo insistió en el privilegio que representa para él haber sido partícipe en una época de cambios, donde pudo ser protagonista del curso de la sociedad cubana. “Mi juventud no tiene nada de extraordinario sino fuera por la generación de la que soy parte”.
Entre anécdotas se refirió a los inicios como líder político, especialmente a su paso por el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y la Universidad. A decir del reconocido intelectual, los años posteriores a la Guerra Civil Española constituyeron una época de esperanza, de libertad. De ahí que sus primeros acercamientos con el pensamiento se produjeran a partir de la corriente anarquista. “Lo fundamental en el pensamiento anarquista es la libertad”, aseguró Guevara. Más tarde sería la lectura de textos anti anarquistas lo que lo llevaría a descubrir el marxismo.
Luego siguieron anécdotas sobre su conocimiento de la existencia de Fidel y un peculiar e inesperado encuentro con Fulgencio Batista en la hacienda de éste poco antes del Golpe de Estado de 1952. “El día que entré a la Universidad tenía diecinueve años. Diecinueve años tenía Fidel. Nos conocimos ese día… Un amigo me dijo: “Tienes que ir a Derecho a ver un muchacho que tiene tremenda agitación. El tiene que ser tu amigo”. Por entonces el joven Alfredo, novel estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras desconocía quién sería su nuevo amigo años después.
Tras brevísimo itinerario por su accionar como Presidente de la Unión Internacional de Estudiantes, su aprensión tras el Golpe de estado del 10 de marzo de 1952 y su participación en la clandestinidad, siguieron otros análisis en torno a la juventud. Para quien aún se aprecia dentro de este período de la vida, ser joven “es ser revolucionador de la realidad”. A decir de Guevara, la inconformidad, la libertad y las ansias de transformación son elementos inherentes a los jóvenes.
Como se ha hecho habitual durante los Encuentros…, prosiguieron una serie de preguntas del público. Si en un primer instante se percibió el protagonismo de personas mayores de los 40 años, la sagacidad de Alfredo incitó las intervenciones de los noveles: ¿Y por qué los jóvenes no hacen preguntas? ¿Quiero preguntas agresivas? —fueron algunos de sus reclamos—. Sobresalieron entonces los cuestionamientos sobre la realidad cubana actual y el papel de los jóvenes dentro de ella, especialmente si éstos prefieren el ejercicio del pensamiento.
El también Presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano es optimista con el futuro cubano pero insiste en la necesidad de cambiar el diálogo con las nuevas generaciones. Al invitado le preocupa la pérdida de un sector de la juventud y exhorta sean reformulados los lemas y discursos políticos: “Pero no se les puede rescatar con consignas. Se les debe rescatar con realidades: se debe participar, denunciar, no ser pasota (o dejar pasar)”.
En respuesta a la pregunta de un joven estudiante (¿La apatía es causa o causada?), Guevara develó algunas causas del fenómeno en la sociedad nuestra. En su criterio, “la apatía es causada porque la historia no se escribe en línea recta… La historia es laberíntica. Nuestra vida y nuestra sociedad necesitan un trabajo de perfeccionamiento. Pero deberíamos resistir y dar más ejemplo con nuestra actitud y nuestra combatividad.”
En opinión del presidente fundador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), para ser mejores cubanos se debe luchar porque el país sea mejor y la clave de ello está en las virtudes, los valores que posea cada ciudadano: “Hay que ser mejor persona. Lo primero no es ser cubano, ni mexicano, ni japonés. Es ser persona. Y ser persona es verte reflejado en el otro. Es ser solidario”.
Múltiples fueron las muestras de admiración y respeto del público, varias generaciones reunidas y preocupadas por la realidad y el futuro de la Cuba actual, demostraron el interés común de quienes habitamos el archipiélago. La oportunidad de intercambiar con una de las figuras imprescindibles de la cultura cubana en el medio siglo revolucionario resultó única para gran parte de los inquietos asistentes. Desde su revelación en el panorama intelectual cubano Alfredo Guevara ha sido una de las personalidades más atractivas: osado, polémico, trasgresor, antidogmático. Su sello personalísimo también se impuso en el Encuentro… de este jueves.
El pensador compartió algunos aspectos que, considera, pueden contribuir al desarrollo del país. “Si yo pudiera resolver varios problemas…y tuviera una varita mágica…Crearía cuatro o cinco revistas para los escritores. Porque es necesario buscarse por afinidad, por conceptos similares…”. El intelectual aboga por una apertura en el universo cultural de la población criolla, no solo en la literatura, sino también en el resto de las manifestaciones artísticas: “Respetemos la inteligencia que hemos creado. Démosle a la gente la posibilidad de elegir y veremos quién sale ganando”.
Apasionado, informal, abierto, maduro. Así fue el Alfredo Guevara que llegó hasta el Pabellón Cuba para dialogar con los novísimos artistas. Jóvenes figuras que hallan en su vida y obra la inspiración e intentan romper los viejos resortes comunicativos en aras de una mejor sociedad cubana. Un país que sigue mirando hacia el proyecto socialista, —al igual que el invitado—, porque “es también el proyecto de salvación del planeta”; que requiere de intercambios desprejuiciados, desenfadados y claros para terminar con la bobería; al que le resulta insuficiente un solo camino porque le “parece un desastre”; que exista su contemporaneidad en el resurgir de la izquierda en América Latina.
En una frase, el “bendecido por los dioses” motivaba a los jóvenes. Sería este un cierre de lujo como en todo buen filme u obra literaria:
—Alfredo, ¿cuál sería el papel de un joven cubano hoy?
—Esta generación tienen el deber moral de producir los cambios que hagan andar de nuevo esta sociedad. |