Hacia una cultura de la crítica o a una crítica de la cultura
Por: Mayle González Mirabal
El viernes pasado la Asociación Hermanos Saíz invitó a un coloquio sobre el periodismo cultural y los jóvenes periodistas. Las preguntas al panel en relación al estado de la crítica de arte en Cuba y las posibles causas de su escasa presencia en los medios de comunicación, provocaron a los asistentes.
Críticos, directores de programas informativos, editores y periodistas coincidieron en que el periodismo cultural en los últimos años ha ido acomodando sus enfoques con recursos meramente descriptivos (con excepciones, por supuesto). Asumirlo no solo con audacia sino con la sabiduría y rigor necesarios fue una de las conclusiones que dejó el espacio.
La preservación de los valores logrados y la divulgación de aquellos que presentan una importancia vital no se alcanza con la recurrente repetición de los programas artísticos, sino con el análisis profundo de los mismos.
Los supuestos miedos que incitan a esa dejadez pueden ser, y así coincidieron la mayoría, resultado de la censura, de la tan nombrada autocensura y de la tendencia a escapar de las polémicas.
Refiriéndose a eso mismo, Kaloian Santos, periodista de Juventud Rebelde recordó cómo en la prensa de los años 60 se publicaban debates entre un joven como Jesús Díaz y un poeta como El Indio Naborí, y cuestionó el por qué no propiciar esos enfrentamientos que tan enriquecedores pueden resultar para la cultura nacional.
“Otro de los obstáculos para ejercer la crítica es la manera en la que están concebidos nuestros medios de comunicación. Cuando se habla de un artista en específico el problema no es tan grande, pero sin con ello cuestionamos a determinada institución, las cosas se complejizan” aclaró Lourdes Stusser, periodista del sistema informativo de la televisión cubana.
Casi al final, el panel orientó la discusión hacia la necesidad de hacer un periodismo cultural que resalte también la trascendencia de las obras según sus valores artísticos.
Según José Luis Estrada, jefe de la redacción cultural del periódico Juventud Rebelde, “la ingenuidad con que se tratan ciertos temas no siempre constituye producto de la censura. En muchos casos resulta del desconocimiento técnico o histórico o del simple acomodamiento del periodista”.
“En muchos casos las lagunas en el conocimiento se deben a la no existencia de lugares donde el periodista pueda hacerse de un saber más profundo que permita valorar e interpretar una obra determinada”, explicó Antonio López, especialista en música.
Es lógico que con esto la crítica se haya orientado, en el mejor de los casos, más al análisis sociológico del arte que a los elementos formales del mismo. Sin descuidar uno o el otro, se va haciendo necesario el equilibrio entre ambos para entonces poder hablar de un periodismo cultural auténtico.
En el caso los sitios digitales, coincidieron en que estos se han ido convirtiendo en espacios mucho más atrevidos, pero de ninguna manera suplen las necesidades de los cubanos, pues el acceso a Internet sigue siendo -no hay noticia en ello- una limitante en nuestro país.
Helen Hernández Hormilla, periodista de Bohemia y editora del sitio web de la AHS, dijo que los textos más inquietantes que leyó en los últimos tiempos los había encontrado en sitios digitales. La periodista hizo entonces dos preguntas que bien podrían resumir el debate: ¿Solo se nos permite, o nos permitimos, hablar con menos tabúes para el mundo que para nosotros mismos? ¿Vamos a perpetuar nuestros esquemas de trabajo tal como los conocemos y practicamos, o intentaremos transformarlos? |