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  De Elena y otros instructores

Por: Michel G. Nuñez

Seguramente usted que se acerca a estas palabras no conoce a Elena, apenas si yo la recuerdo pasados ya más de 20 años. Pero algo ha de quedar por ahí, en algún rincón de la memoria, cuando leyendo y revisando algunos textos sobre el tema, su imagen tocó a mis recuerdos. Elena era mi instructora de teatro en mi seminternado de Primaria.

Provengo de esa generación que creció con profesores de Karate, Judo, tablas gimnásticas, pasantías en campamentos de pioneros y, por supuesto, instructores de arte de la vieja escuela, mejor dicho, de la primera escuela. Aquellos que, como Olga Alonso, desandaron ciudades y montañas para llevar el arte a todo el que estuviese interesado.

El nombre de Olga Alonso, la joven instructora de arte fallecida prematuramente, aparece en nuestro país para designar instituciones, eventos; la fecha de su nacimiento se registra ya como el día del instructor de arte. Homenajes todos que inmortalizan su breve paso, fecundo y pródigo, en su objetivo por hacer del cubano un ser humano más culto.

En 1961 en sus Palabras a los intelectuales, Fidel Castro anunció que se crearían las condiciones para que todo aquel con vocaciones por el arte las desarrollara. Poco después nació la Escuela Nacional de Instructores de Arte, cuyo plan de formación abarcaba tres años. Muchos integrantes del claustro carecían de experiencia en la docencia; lo cual convirtió ese movimiento en algo único en nuestro hemisferio.

De los primeros graduados en la Escuela Nacional salió, instructora de teatro, Olga Alonso. Perdió su vida mientras se trasladaba hacia un campamento en donde preparaba a un grupo campesino. Olga tenía 18 años, llevaba consigo un diario donde plasmó sus vivencias y opiniones acerca de la cultura y los intelectuales, creó el boletín de la escuela y organizó muchas actividades que le granjearon el cariño de todos los que tuvieron el placer de compañía. Póstumamente se publicó un libro que recoge sus experiencias y sus poemas.

En los noventa, con el Periodo Especial, se redujo drásticamente el trabajo en las comunidades. El cierre de las Escuelas de Instructores de Arte, la profesionalización de los instructores de arte y buena parte de lo más valioso del Movimiento de Artistas Aficionados fueron consecuencias graves para el trabajo cultural ulterior. Con el nuevo milenio, llegaron nuevamente las escuelas de instructores de arte que, junto a otras medidas estructurales y de cambio de conceptos, permitieron retomar el trabajo cultural desde edades tempranas. Se priorizó la educación cultural dirigida a diversos grupos etarios de las comunidades, fundamentalmente los niños; por ello las primeras graduaciones de los nuevos Instructores de Arte que hoy integran la Brigada José Martí fueron ubicadas en las escuelas primarias de todo el país.

Hoy la realidad parece ser otra, al menos en cuanto a números: hay más de 19 mil instructores de arte en todo el país; cinco años atrás apenas pasaba de tres mil ese colectivo. Los instructores de arte están presentes en escuelas, comunidades inhóspitas, instituciones penitenciarias.

Quizás usted no conozca a Elena, quizá no haya sabido nunca de su labor en un pequeño seminternado de Pinar del Río con un grupo de niños en quienes despertó el interés por el teatro. Pero seguro sí sabe quién es Mayra Caridad Valdés, Sara González, Miguel Angá, Rogelio Martínez Furé, Nieves de Armas, Sarah Lamerán, Sigifredo Álvarez Conesa y muchos más. Ellos todos fueron instructores de arte. Olga Alonso también, y el 18 de febrero fue su cumpleaños; en su honor la fecha es el día del instructor de arte en Cuba; bien merece un abrazo y muchas palmas.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.