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Arte y pensamiento: una mirada desde la historia de la enseñanza artística cubana
REPORTAJE

Por: Mayle González Mirabal

Cuando en los años 60, la enseñanza artística cubana comienza a consolidarse a través de la creación de las escuelas de artes, se pensó en formar y promover a artistas cuyas obras se distinguieran por la riqueza de la estética y de la mirada al mundo; que escudriñaran la historia y desempolvaran lo mejor de nuestras raíces. Si hiciéramos un recuento de lo que en 35 años (el ISA se fundó en 1976) generó esta institución, pueden descubrirse períodos de riquísimo esplendor y de calma; de retrocesos y avances. Pero si se intenta resumir en pocas líneas ese recorrido, puede uno quedarse con el hecho mismo de su existencia, de su empeño por renovarse y mantener el espíritu joven que la caracteriza, y con los muchos egresados del ISA que forman parte hoy de la vanguardia artística de la Isla.

Ese ha sido el tema de los coloquios que iniciaron cada día el programa de actividades que organizó la Universidad para sumarse a las celebraciones por el Día de la Cultura Cubana. En el Pabellón Cuba, sede de la Asociación Hermanos Saíz, estudiantes y profesores, festejaron la fecha con una muestra de su quehacer cotidiano acompañado de un debate teórico e histórico sobre el camino transitado y las proyecciones futuras de la institución.

“Porque la madurez de los procesos del arte mucho tienen que ver con la madurez del pensamiento intelectual -explica Norma Medero, directora de formación general-; y eso obliga a un análisis riguroso sobre lo que hemos venido haciendo durante todos estos años para comprender los nuevos modos de expresión que emergen de las distintas generaciones”.

 “Urge por ello -aclara René Negrín, escultor y profesor de la Facultad de Artes Plásticas- que se fomente la historia de las escuelas de arte cubanas para poder comprender el presente y lograr así, la articulación de nuestros ideales futuros”.

“Para cuando surge el nivel superior de la enseñanza, ya la ENA había sentado una base muy sólida en la formación de sus estudiantes. La Universidad tuvo, por tanto, el reto de autodefinirse de una manera distinta. Fue una tarea gigantesca, hasta que esta comprendió que el camino no era enseñar más técnica y oficio, sino propiciar un nivel universitario que implica conocimiento, profundización con un sentido más teórico y reflexivo en relación al arte y la sociedad”, comenta Hortensia Peramo, profesora del departamento de historia del arte de la Facultad de Artes Plásticas.

Ulises Hernández, profesor de la Facultad de Música, apunta que “si se quiere conservar ese rigor, debe facilitarse la preparación de los claustros y apoyar su desarrollo. Y en ese sentido hay que trabajar de manera conjunta, pues el éxito de la Universidad depende en gran medida de la formación pedagógica que le sirve de base”.

Para la musicóloga Xiomara Pedroso, “uno de los desafíos es lograr la retroalimentación, el funcionamiento sistémico entre los diferentes niveles de la enseñanza. Y eso mismo debe darse también entre las distintas especialidades al interior de la escuela”.

La interdisciplinariedad es un tema que les ocupa.  Al respecto, el decano de la Facultad de Artes Plásticas, Jorge Braulio, dijo que “eso era algo que al ISA se le dio muy bien en los años 80, pero no podemos conformarnos con rememorar el pasado porque la nostalgia es una trampa que a veces nos paraliza. Hay que aprender de los más jóvenes, porque entre ellos sí han logrado unirse. Como Universidad debemos provocar eso, convertirlo en una meta, un proyecto concreto, de lo contrario seremos los profesores, quienes nos perderemos esa integración que se está dando”.

Pero no le basta a la Universidad un rigor artístico pedagógico cuyas preocupaciones se inclinen solo al conocimiento de las diferentes tendencias que ha vivido el desarrollo del arte a nivel mundial, al oficio de la técnica y a la conjunción de manifestaciones en un espacio común. El ISA se preocupa por formar creadores que logren articular un pensamiento crítico ante su realidad.

Por ese camino transita la cátedra de estudios cubanos, que según su jefe Roberto Hernández Biosca, sigue el supuesto martiano de que “no debemos enseñar los procesos históricos en sus batallas ni luchas de clérigos y reyes, ni dominios y muertes sino parejos por todos sus lados en sus sucesos de guerra y de paz, de poesía y de ciencia, de artes y costumbres”.

“José Martí es un pensador, un político y un creador. Esa diversidad es muy útil para establecer un diálogo inteligente y fértil con un estudiante de arte”, explica Rolando González Patricio, rector de la Universidad. Y resume el sentido que para la cátedra de estudios cubanos, tiene la enseñanza de la historia:

“Es justo que se insista lo suficiente en el rescate de la memoria pero no basta, porque tenemos que ser conscientes de que la realidad es mucho más compleja. No podemos formar artistas mirando solo para atrás, no podemos formar el pensamiento de una persona solo abonado conocimientos de la historia. Tenemos necesariamente que articular las memorias y las esperanzas. Si no somos capaces de hacerlo con las aspiraciones siempre cambiantes de cada generación que pasa por el instituto, o por la nación, o por el mundo, difícilmente podremos cumplir nuestra función como educadores que pretenden trasladar un determinado conocimiento sin perderse la oportunidad de aprender de las inquietudes y capacidades de intuir y sentir que tienen los artistas”.

Estudiantes a la escena: brevísimos apuntes sobre las presentaciones artísticas

En la Universidad de las Artes no se va a un aula de conferencias para salir de ella con una agenda de notas o para acumular la información que algún día ha de utilizarse. La Universidad de las Artes es un suceder constante, una práctica creativa, un espacio de intercambio que se desarrolla día a día, que se complementa con la teoría y termina convirtiéndose en cuidada experimentación.

Cuando la Orquesta de Plectro del ISA comenzó a sonar, el Pabellón Cuba traslucía la energía de una institución que no envejece. Se trata de una sonoridad distinta, provocadora y estimulante. La orquesta está constituida por estudiantes y dirigida por Jorge Iván, profesor de la Facultad de Música. Utiliza tres tipos de instrumentos: laúdes, tres y guitarras, para tocar los más diversos géneros musicales.

Jorge Iván confiesa que sueña convertir Plectro ISA en una orquesta profesional y cuenta que la idea de esta surgió porque no se conformaba con el hecho de que la cátedra del tres y el laúd estuviera cerrada. Comenzaron hace dos años con el propósito de darle otra lectura a dichos instrumentos que muchos consideran del siglo XIX y con los cuales –se piensa– no puede hacerse nada demasiado novedoso. Pero Plectro ISA hace música cubana y universal, clásica y contemporánea.

Dirigida también por Jorge Iván, la agrupación Lechuga Fresca nos puso a bailar. La misma que realizó el tema del videoclip del verano que exhibió la televisión nacional, despidió el segundo día de las presentaciones del ISA en el Pabellón Cuba. Y, aunque se sabe todavía un proyecto en construcción, resulta imposible negar toda la gracia que los identifica. Histriónicos en el escenario y divertidos a morirse, Lechuga Fresca es un proyecto integrado también por estudiantes de la Universidad.

Tan heterogénea fue la propuesta del ISA como lo es la formación misma de la escuela. Por eso nadie se sorprendió al escuchar una orquesta sinfónica al aire libre, cosa que no ocurre muy a menudo. Pero la Sinfónica Juvenil de la Escuela Nacional de Música de la ENA se atrevió a tocar en el patio del Pabellón Cuba y nos regaló dos temas: Ruslán y Liudmila, de Mijaíl Glinka, basado en el poema de Alexandre Pushkin; y Suite Peter Gyn, del compositor romántico Eduard Grieg.

A los alumnos del Taller de creación danzaría de la cátedra de folclor de la Facultad de Danza les sobraron los aplausos. No hizo falta un teatro con luces, ni una escenografía ostentosa, para lograr un desarrollo en la escena que bien podría definírsele como algo grande. Presentaron los tres días fragmentos de coreografías montadas en las clases, mientras profesores y estudiantes le acompañaron con música en vivo.

La Facultad de Arte Teatral llevó también una presentación que dejó a varios boquiabiertos. El grupo de Teatro Extra guió a los espectadores por el túnel del Pabellón con el performance No pisar el césped, cuya visualidad resultó ser lo mejor del espectáculo. Desnudos, con luces rojas que iluminaron los cuerpos en la oscuridad, los actores lanzaron cuestionamientos sobre cómo los seres humanos reaccionamos ante nuestras realidades.

Y en la sala de cine, la Facultad de Arte de los Medios proyectó varios de los materiales de tesis de sus estudiantes. Las obras seleccionadas se agruparon por temáticas. El primer día dedicado a medio ambiente, el segundo a personalidades de la cultura cubana y el tercero a la intergeneracionalidad. Después de la exhibición de estas, los directores compartieron sus experiencias durante el proceso de realización de las mismas.

La Universidad de las Artes puso en nuestras manos una exquisita oportunidad para disfrutar de sus creaciones. Quienes fuimos testigos diarios de lo que allí ocurrió, comprobamos una vez más que el ISA cruza los límites de la academia para convertirse en un centro vivo, activo, atrevido si se quiere, y con enormes potencialidades como espacio generador de proyectos artísticos valiosos.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.