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Arte en la Rampa: Tránsito y estancia de una ciudad in pass COMENTARIO
Por: Marianela González
Viene sucediendo hace once años, justo en la fecha que los cubanos solemos llamar el “comienzo del verano”: la feria Arte en la Rampa, una de las mayores de su tipo en la Isla, se instaló nuevamente este viernes 2 de julio en su habitual sede del Pabellón Cuba de La Habana, como parte de toda una jornada de actividades culturales que marcaron el inicio del bimestre más esperado por la población, sobre todo por los niños y jóvenes.
Así explicaban sus organizadores el surgimiento de esta iniciativa, cuando la década de los dos mil apenas asomaba y el país comenzaba a recuperarse de la mayor crisis económica de su historia: “Empezamos a observar que la industria cultural ya estaba alcanzando peldaños interesantes y al mismo tiempo existían diferentes ferias especializadas que daban fe de ello (…) Sin embargo, ¿cómo crear un espacio donde pudieran estar presentes las industrias culturales y lograr, por supuesto, mayores ingresos, pero al mismo tiempo brindar una opción de entretenimiento y cultura para la población? Así comenzó a evaluarse la posibilidad de un lugar y un evento donde pudiéramos darnos cita todas las manifestaciones del arte.”
Diez ediciones más tarde, Arte en la Rampa se sitúa como uno de los espacios de mayor concurrencia de los capitalinos –y también, me atrevo a afirmar, de los miles de cubanos y extranjeros que visitan la ciudad por estos meses- durante el periodo en curso.
Las razones, podrían explicarse según su propia lógica: exposiciones de artes plásticas, ventas de libros, una treintena de conciertos, exhibiciones fílmicas y actividades infantiles, todo ello en confluencia con una amplísima presencia de la producción artesanal de las distintas empresas culturales cubanas y de sus creadores asociados. Se trata de un espacio que trasciende el objetivo de la venta –por sí misma, una opción que muchos agradecen- y se convierte en un gran mosaico sintomático de la producción actual en materia de bienes culturales tangibles.
No obstante, un mínimo intento de tomarle el pulso al movimiento de jóvenes de un lado a otro de esta ciudad, revela gratitudes mayores: para quienes sitúan en estos dos meses de “vacaciones largas” escolares sus expectativas de esparcimiento más allá de horas de insomnio frente a la(s) pequeña(s) pantalla(s), el Pabellón Cuba se percibe como un espacio idóneo para compartir en grupos.
Y especialmente, al ritmo de los músicos que prefieren: en este sentido, se anuncian ya presentaciones de David y Ernesto Blanco, Arnaldo y su Talismán, Eme Alfonso, Leoni Torres, David Álvarez y Juego de Manos, Patricio Amaro, Ivette Cepeda, Diana Fuentes, Havana D’ Primera, Pancho Amat y Maria Victoria, Frank Delgado, Síntesis, Santiago y Vicente Feliú, Interactivo, Francis del Río, Opera de la Calle, Vocal Sampling, Isis Flores, Sexto Sentido, Gerardo Alfonso, Raúl Paz, Polito Ibáñez, Lynn Milanés y Dayani Lozano, entre otros.
Un abanico de estilos y propuestas que comparten una bondad: su enorme capacidad de convocatoria, aun con públicos diversos. Tuvo ya David Torrens la posibilidad de constatarlo, cuando en medio de una intensa lluvia subió al escenario como el primer artista en presentarse en esta edición.
Arte en la Rampa se extenderá hasta finales de septiembre. Casualmente, los mismos días fatigosos en que comenzamos a tomar en serio los nuevos ritmos laborales o estudiantiles, y despedimos hasta el próximo año el in pass que significa nuestro concepto preferido de “verano”: aquel que refiere al descanso, aun cuando meses antes el sol suavice el pavimento de las calles como síntoma inequívoco de una estación que, en Cuba, no termina nunca. |