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Maykel Herrera

Maykel Herrera
Tras el lienzo y los pinceles…
ENTREVISTA

Por: Yarimis Méndez Pupo
Fotos: Cortesía del entrevistado

Al pintor Maykel Herrera Pacheco tendríamos que calificarlo, sin ningún reparo, como un artista versátil. Si bien sus Pequeños Príncipes lo catapultaron como un creador de un estilo y una línea temática bien definida, un recorrido por su trayectoria y su más reciente exposición Sazón Completo, en la que muestra oficialmente sus abstractos, evidencian que el camagüeyano puede desdoblarse con facilidad en diversas aristas de su quehacer.

Maykel ha transitado airoso por la instalación, el performances, el dibujo, la escultura, y aunque confiesa que seguirá deleitándonos con sus cuadros dedicados al universo infantil, igual de talentosas y sugerentes resultan las demás facetas de su obra.

“Creo que lo que más me interesa es que se me recuerde, si un día estoy o no, como una persona que siempre estuvo buscando, inmerso en sus intereses, en el trabajo, en todo lo que acompaña la espiritualidad de un artista, pues me considero creador todo el día, no solo cuando pinto. Soy una persona que vive la vida y que trata de libarla constantemente como una especie de zunzún a una rosa y sacar de ella todo lo que pueda, sobre todo en cuanto a sensaciones,” reveló el artista.

Y definitivamente si hacemos un recorrido por las pinturas de Maykel podríamos constatar que angustias, alegrías y espiritualidades humanas son captadas por su pincel. Nada humano le es ajeno al artista. “A partir de ahí surge mi obra, sale de manera espontánea, la acompaño de sudor, de trabajo y de voluntad, pero es algo que disfruto y siento que he tenido la inmensa posibilidad de hacer, cuando pinto, todo lo que he soñado y eso es lo más importante dentro de mi vida”.

Además del placer de pintar, este artista disfruta sobre manera otras aristas de la comunicación. Quizás por ello no puso reparo en contestar a una larga lista de interrogantes sobre su carrera; es más, confesó que las disfrutaba, pues, no hay dudas, compartir sus sensaciones y emociones con los demás, no es algo que solo deje sobre el lienzo.

Tu vocación por las artes plásticas… ¿Está en alguna medida vinculada al entorno familiar? ¿Cómo recuerdas esos primeros dibujos?

Desde pequeño tuve siempre una inclinación muy grande, seguramente esperas que te diga que por la pintura, pero no. Tenía mucha inclinación por el deporte, específicamente por la lucha libre, que cosa más opuesta a la profesión que llevo ahora. Pero mi papá es arquitecto de profesión y entonces en la medida en que fueron pasando los años de mi niñez, con la influencia masculina en la casa, traté de imitar esa figura. Mi papá dibujaba y aún lo hace muy bien. Él hacía sus planos formales o informales y yo iba y acababa con ellos, sencillamente lo que hacía era garabatearlos con 4 ó 5 años.

Siento que él fue quien sembró en mi esa semillita, no sé si de ser artista, pero sí de una intención de plasmar una idea en un plano bidimensional, del dibujo o la pintura. Al paso de los años me fui motivando mucho con eso. Recuerdo que en las escuelas di muchísima lucha, dibujé cuando no tenía que hacerlo, incluso en clases lo hacía constantemente. Recibí el regaño de varios profesores, que mandaban a buscar a mi familia a la casa para darle las quejas. Pero a mí me gustaba lo que hacía y no lo dejé nunca.

A partir de ahí fui como midiéndome con respecto al grupo y descubrí que el que mejorcito lo hacía en el aula era yo, él que mejor dibujaba las primeras casitas, las nubecitas y esas cosas. Eso me fue incentivando, me motivó y a lo largo de los años permanecí dibujando casi todos los días.

Cuando en la secundaria alguien me dijo que había una escuela en la que podía estudiar, di saltos de alegría porque desconocía totalmente que eso podría ser una profesión. Me preparé muchísimo para entrar en la escuela de pintura en noveno grado y lo logré después de las pruebas de ingreso. Ya una vez que estaba dentro, fui conociendo objetivamente todos los atractivos reales que tiene ser un artista, no un dibujante o un muchacho que dibuja y echa a perder un turno de clases, o sea, de verdad aprendí cómo funciona la química dentro de la mente y el corazón de un artista. Ahí empecé mi carrera como creador y después que me gradué comencé este trayecto, que siento como muy largo, pues ha sido muy trabajoso. Nació allí y lo he ido alimentando a través de todos los años, todas las semanas, todos los días hasta este momento, en el que nunca he pasado medio año sin pintar o dibujar.

Te gradúas de la Escuela de Artes Plásticas de Camagüey en la especialidad de Pintura y Dibujo. ¿Cómo te definirías: un dibujante que pinta o un pintor que dibuja?

Sucede que dentro de mí no hay fronteras. Todos los artistas de la plástica tienen que dar dibujo, es básico, es como el piano en la música. Todo el mundo se ve las caras en el taller de dibujo. En mi tiempo era un taller obligatorio para todos. Al final puedes decidir que tu carrera vaya por el dibujo. En mi caso yo me gradué en el taller fundamental de pintura, pero me considero primero que todo, de manera muy humilde, un artista y mi intención es dialogar con el espectador y transmitirle todas las ideas que adopto, de una manera u otra, a partir de un soporte u otro, a partir de un lienzo o una intervención más contemporánea o un video arte o una escultura o una instalación.

No tengo fronteras. Por encima de todo pienso en dialogar, en plasmar ideas, en buscar reflexiones o análisis en todos los espectadores, a veces ajustándome a temas filosóficos, sociales, políticos, pero siempre provocar el debate, esa es mi idea básica y a partir de esto voy adecuando todos los soportes, todos los conocimientos que tengo desde el punto de vista artístico.

En el dibujo me siento muy cómodo, en la pintura, que fue mi taller fundamental, también; pero he hecho instalaciones, performances, por ejemplo me he sacado sangre en una galería, he vendido arroz en una galería como una intervención artística. O sea, que no quiero que se me recuerde como un artista con fronteras, sino un artista que intenta el diálogo y lo establece.

Sobre estas primeras incursiones que realizas en Camagüey con instalaciones y performances, ¿consideras que es esa una puerta cerrada en tu carrera o piensas volver a recurrir a esas manifestaciones?

Hay etapas en la vida de un creador. Hay momentos en el tiempo en el que se priorizan determinadas cosas. Está la etapa de preparación, en la que se incluyen los años de estudiante, haces de todo, desde jorobar una cabilla de metal, hasta tirar un chorro de pintura en el suelo porque buscas enriquecer tu diapasón cognoscitivo. Ese es el momento de experimentar.

Luego pasas a una etapa de búsqueda, que es donde supuestamente comienza la madurez, que a veces demoras muchos años en alcanzar. Es la etapa, en la que, a partir de los conocimientos que tienes, vas indagando, vas adentrándote en líneas determinadas de trabajo, en temas específicos. Es el momento de hacer conjugar la propuesta visual, formal, con el concepto, o sea, qué quiero decir y cómo lo voy a hacer.

A partir de que ya encuentras un camino, comienza la etapa de legitimarse con los conocimientos de base, es el momento de lanzar tu obra al público y de que acojan de una manera positiva lo que haces, algo que cuesta muchísimo trabajo. A partir de ese martillar constante, en función de un camino que estás encontrando, tratas de permanecer y enriquecerlo; ese es otro momento dentro del proceso creativo. Cuando se conoce tu obra y cuentas con una promoción suficientemente cómoda, ya te vas dando determinadas oportunidades, aunque siempre jugando con un sentido de coherencia, lo que es muy difícil, pues a la vez puedes caer en el enclaustramiento o en la repetición.

Yo he hecho mucha instalación, hice esculturas, hice performances, pero esas etapas pertenecieron a una especie de búsqueda. Creo que a esas manifestaciones no les he cerrado las puertas, pero quiero mantener la coherencia y quiero que me nazca el deseo y la intención estratégica de retomar ese tipo de cosas. En estos momentos deseo sobre todo ser coherente.

Profesor de Dibujo y Pintura de estudiantes de 3er y 4to año de la Escuela Profesional de Artes Plásticas de Camagüey. ¿Cuánto te aportó la experiencia? ¿Continúas incursionando en la docencia?

Para mi enseñar fue realmente todo un acontecimiento definitorio, que me ha marcado. Uno siempre aprende constantemente como profesional y como ser humano. El hecho de poder un día detenerme y dedicarme a enseñar me enriqueció como ser humano y como creador. Tuve la posibilidad de graduarme en la escuela y al año siguiente comenzar como profesor de mis amigos, de mis compañeros de escuela. Eso removió en mí sensibilidades muy aprovechadas en otros momentos dentro de mi propia obra.

Fui aprendiendo muchísimo, pues creo que uno aprende de todo, no solo de tu alumno, o de tus profesores en clases, aprendemos todos los días de las personas que encontramos en la calle. Hay títulos dentro de mi obra que han salido así, de gente que conozco. Son cosas que uno aprovecha y las adecua a su intención y surge una pintura.

Con la docencia creo que nos enriquecimos mutuamente mis alumnos y yo. Ellos recibían las clases, pero creo que yo fui ganando en experiencia, pues de un ejercicio que muestres en el aula puede surgir algo nuevo que no conoces. En aquel momento me fue muy bien y lo recuerdo con un magnífico sabor. Ahora sigo de una manera menos permanente ayudando a todo el que lo necesite en la profesión, no solo desde el punto de vista conceptual, sino también desde el punto de vista formal. Yo aproveché mi escuela muchísimo, en cuanto a adquirir la mayor cantidad de conocimientos posibles, pues un artista entre más conoce más poderoso será a la hora de expresarse. Ahora no me considero dueño de nada de eso, sino que todo el que quiera saber algo sobre este trabajo y yo pueda mostrar alguna posibilidad, pues aquí la tienen.

En una de tus primeras obras, “Desnudo de Juan Pablo II”; posteriormente en las series “Anquilosis”; “…luego existo”; se perciben preocupaciones en torno al hombre en situaciones límites, con sus temores e imperfecciones. ¿Es esta mirada transgresora, una de las funciones que atribuyes al arte que realizas?

Es una idea que como quiera que la pinte, como quiera que la lance al público, permanece constantemente dentro de mí, a veces incluso hasta de modo inconciente. He pasado por diferentes poéticas visuales, diferentes maneras de decir, diferentes series, diferentes procesos creativos, pero siempre he tenido de fondo una intención humanista, existencialista. Esta idea de indagar en la filosofía del ser humano para mí se hace casi obligatoria.

Ese tema ha ido coqueteando con otras vertientes, con otras variantes dentro del ser humano, dentro de la recontextualización del propio ser humano, dentro de la identidad del ser humano, recuerdo por ejemplo también la serie Isla Forever. Ha sido una especie de hilo conductor que se ha ido enriqueciendo a partir de diversas pretensiones, desde la identidad, la infancia, donde parto de la visualidad que me ofrecen los niños para ir hablando también de la filosofía del ser humano, de sus características, sus momentos límites, hasta incluso la dualidad que hay dentro de cada uno de nosotros.

Eso se ha ido conjugando con determinadas razones que me han acompañado a través de mi vida. Soy un artista, un ser humano, un individuo muy observador y mi poesía se va enriqueciendo a través de mis vivencias. Creo que han sido muy aprovechables todos los años que he vivido, pues los he utilizado en mi obra, no solo en la visualidad, en lo que se ve de la obra de Maykel Herrera, sino también en todo lo que hay detrás. Desde la sátira en algunos casos, el chiste en otros, o la ironía a veces hiriente, han formado parte permanente dentro de mi obra, porque todo de algún modo va rozando estos temas filosóficos y sociales.

Es un interés mío no solo cómo hago las cosas, qué producto le brindo al espectador, también todo lo que hay dentro de ese producto y que lo hace mucho más trascendente.

Se evidencia en tus pinturas texturas y colores que rompen con cánones tradicionales, donde se reflejan influencias de pintores como el cubano Romañach y el norteamericano Jackson Pollock. ¿De cuántas fuentes y corrientes diversas has bebido en tu obra para finalmente alcanzar ese sello que te distingue?

El camino ha sido largo y he tenido diferentes influencias, aunque no creo ser el artista que más influencias tenga, porque he tratado siempre de escuchar mi voz interior. Incluso he tenido maestros que me han criticado eso, pues de alguna manera se debe beber de las fuentes más reconocidas a nivel mundial, de los genios de la plástica internacional que aportan lo que nadie más podría hacer.

En ese sentido, la influencia de Romañach ha sido para mi indispensable, no ahora que ya mi obra es más conocida, sino también en mis inicios porque sigue siendo una escuela obligatoria y semanal para mí. Yo me enfrento semanalmente a los cuadros de Romañach porque es muy necesario seguir fortaleciendo mi obra desde el punto de vista formal, toda la visualidad que me permita decir lo que tengo dentro. Con la espontaneidad de Romañach me he sentido muy identificado, pues soy un pintor, que hago retrato, pero me interesa mucho el concepto, la filosofía de la propia obra y me interesa mucho la experimentación. No soy un artista ortodoxo. Siento que estoy inmerso en una búsqueda constante.

Lo que me pasa con Jackson Pollock también ha sido maravilloso. Tengo una relación con su obra muy especial porque de una manera hasta contradictoria voy jugando con esta dualidad, con estos extremos: desde el rigor del retrato de Romañach, hasta la espontaneidad y la agresividad de una pintura como la de Jackson Pollock. Esto para mí ha sido un reto. Poder construir una obra a partir de estos extremos y que quede con coherencia. Es algo muy difícil, pues es muy fácil pintar como Pollock y retratar como Romañach, el problema no está ahí, sino en cómo hacerlo coherentemente y además defender un concepto a partir de esa unión. Me he sentido cómodo así en las obras que he hecho. Igualmente todo el conocimiento que pueda aportarme algún genio de la plástica es muy aprovechable por mi parte.

Los niños han devenido protagonistas absolutos de varias exposiciones que te han hecho merecer gran respeto por parte de la crítica y el público en general. Me refiero a “Pequeños Príncipes”, “Fiesta de Príncipes”… ¿Por qué recrear el universo infantil?

El tema de los niños no vino de manera accidental, me llegó por amor, por situaciones sentimentales. Traté de adecuar toda la fragilidad, la espontaneidad, la frescura que me dan los movimientos de los niños, a mi intención creativa.

En mi familia estaba mi hermano, que era un niño pequeño cuando comencé esta serie. Me inspiró muchísimo y se ha convertido casi en un sello, un ícono dentro de mi obra, la gente incluso lo identifica. Son cosas familiares que forman parte de mis musas.

Nace también mi sobrinito que igualmente me inspiró muchísimo y ahí surgió el interés por componer a partir de toda la ingenuidad que brindan los niños. Lo comencé hace ya algunos años, lo he ido defendiendo y le he ido incorporando una sutileza, una ironía, una especie de comicidad a mi obra que se traduce a veces hasta en sentimientos hirientes, hasta en reflexiones muy crudas que voy tratando de mostrar a veces de manera secundaria, entre líneas.

Te encuentras, por ejemplo, con una imagen que puede causarte risa cuando ves a un niño en una acción muy jocosa, pero cuando la acompañas del título y la interpretas, ves otra intención, hablo por ejemplo de niños que están muriendo ahora mismo, con carencias. Y esas cosas te las puedes encontrar dentro de mi obra. Siento que se ha fortalecido mucho más a partir de que voy usando la figura de los niños que son para mí el ángel principal de mi trabajo en estos momentos.

En estas series te apoyas del uso de la fotografía. ¿Cómo imbricas el empleo de instantáneas en tu obra?

Yo estoy responsabilizándome con una visualidad muy rigurosa. Siguen estando presentes las experimentaciones, los códigos, los símbolos, las historias, las escenografías, pero lógicamente acompañadas de una imagen muy poderosa desde el punto de vista fotográfico. Voy jugando, voy fluctuando entre el resultado visual de una fotografía y la elaboración de un retrato. A veces construyo cosas que son fotográficas, y juego con la posible banalidad de una fotografía. Voy hilando un conjunto entre las posibilidades que me brinda la fotografía como tal. Esos movimientos que se quedan captados por el lente se traducen en mi obra de manera pictórica. En algunos casos, esta frialdad muy criticada de la fotografía en algunos años, también la manipulo en función de mis propuestas artísticas.

La fotografía es una manifestación que tiene vida propia, tiene una luz muy individual, solo que en mi caso, como lo he hecho con una marca, con una línea, la he ido manipulando en función de mi deseo y de mi interés como artista.

Sin embargo, aunque es menos conocida, dentro de tu obra hay también una etapa abstraccionista. ¿Es esa una faceta que igualmente disfrutas?

Ahora mismo se está viendo de manera oficial por primera vez en Cuba el lanzamiento de una abstracción dentro de mi obra, con la muestra Sazón Completo. Es una especie de coqueteo que estoy haciendo con esa tendencia. Yo siempre he hecho abstracción, lo que nunca la he promovido precisamente por tratar de ser coherente a la hora de trazarte una estrategia promocional. Siempre he disfrutado la espontaneidad de un Jackson Pollock, de una mancha, de un musgo en la pared. En mi serie de los Príncipes Enanos se encuentra esa mancha de base, que responde a principios abstractos totalmente, o sea que desde mis inicios siempre ha estado una intención abstraccionista, de jugar con esos principios.

Ahora me ha nacido el deseo de presentar de modo oficial la abstracción, que tanto disfruto y voy a hacer solo por un tiempo. No pienso quedarme como un pintor abstracto. Pero sí reconozco que se movilizan dentro de mi muchísimas sensaciones, muchísimas espontaneidades, muchísimas riquezas espirituales que no tienen nada que ver con lo que se siente cuando se hace un retrato.

Cuando hago una abstracción es un sentimiento totalmente diferente el que experimento e igualmente lo disfruto, es a veces una especie de descanso y de ejercicio que responde a cánones conocidos y a conceptos de composición, de ritmo, de determinadas reglas.

Voy a permanecer en la abstracción por un tiempo, pero no creo que llegue a convertirme en un pintor absolutamente abstraccionista. Quiero, más que llevar las dos cosas a la vez, permanecer por un tiempo con la serie de abstracción y después retomar lo que la gente más conoce de mi, que es la serie de los niños, Príncipes Enanos, que por tener ese título no va a repetirse. Están surgiendo obras inéditas constantemente y pienso realizar una serie que va a ser muy grande.

Hay otro Maykel comunicador, aunque no precisamente desde la pintura…

Pues sí. Realmente no puedo decir que me siento locutor, pero colaboro con la revista Así de Radio Rebelde, que conduce Franco Carbó. Allí estoy como especialista de Artes Plásticas. Lo hago todos los miércoles, me está yendo muy bien, me siento muy cómodo, me gusta el trabajo que estoy haciendo. Implica que siga estudiando, me obliga a ir buscando, a ir escudriñando dentro de la Historia del arte, no solo cubana sino universal. Me siento muy feliz con ese trabajo porque es otra manera de expresarme y mi intención básica como ser humano es comunicar, a través de imágenes, a través de los soportes que pueda y en este caso también lo estoy haciendo. Estoy hablando de lo que estudié, de los conocimientos que considero más fuertes.

Me siento feliz, creo que me sale de una manera espontánea, que es la idea fundamental, y estoy a la vez haciéndole llegar al público cubano colores, matices del arte. Me parece que es un modo de enriquecer mi obra y también me enriquece como ser humano.

Además de tu amor por las Artes Plásticas, los niños y esa actitud de búsqueda constante, ¿qué más caracteriza a Maykel Herrera?

Cuando se piense en mí o alguien recuerde que Maykel anda por la calle, quiero que sepan también que soy una persona que sobre todo ha defendido con buena voluntad sentimientos positivos, en función de todo lo que quiero como creador y como ser humano. Ese es el Maykel Herrera que se encuentra tras sus pinturas.

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