colorao
Nuestro lugar en el mundo. Una mirada más a la Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire
Restaurar y crear ¿hay algún dilema?
¿Y tu abuelo dónde está?
La moda desde los cielos
Por suerte estamos
¡Los casi chiflados!
Subvertir más que las palabras
Juego de niños…
Los tambores de Kong
Mirada a la escena cubana III
Destino documental de los ‘90
¿De vuelta al teatro de salitas? (Mirada crítica a la escena cubana II)
Feria del Libro: ¿Espacio para promover jóvenes escritores?
Oda al documentalismo serrano y comunitario
El Internado y otros embrollos de programación
Tocar la varita
Suficiente es casi nunca
Apuntes sobre responsabilidad intelectual
El Arte: ¿Ondas o partículas?
Éxodo: la representación sin fin
La pequeña Vera yace en la playa
¿El Boom del documental cubano?
Telesur: Mis Dudas (Y La Duda De Los Otros)
¿Creer a (con) Baby Lores?
Amarse con reguetón
¿Al duro, sin guante y sin amor?
Al cierre de la valla: primer round
Las malas «artes» del voluntarismo
Los tres Villalobos: el “western congrí” retoma las pantallas
Felices lágrimas negras
¿Dónde estás, Pocholo?
Danilo el diverso
¿Qué estamos validando?
Clips de escalera
Estrellitas de cartón

Del arte y la pedagogía. Una aproximación a la metodología de un proyecto artístico-pedagógico en el ISA

Por: Aireem Reyes Rubio

La pedagogía es la ciencia que tiene como objeto de estudio a la educación como fenómeno psicosocial, cultural y específicamente humano, brindándole un conjunto de bases y parámetros para analizar y estructurar la formación y los procesos de enseñanza-aprendizaje que intervienen en ella. A su vez, reúne un conjunto de saberes que buscan tener impacto en el proceso educativo, en cualquiera de las dimensiones que este tenga, así como en la comprensión y organización de la cultura y la construcción del sujeto.

Para reflexionar sobre la pedagogía artística, una experiencia compleja y polivalente, es necesario combinar un conjunto de miradas. La pedagogía no es solo un problema de técnicas, de estilos, formas o productos, es también un problema de ética, de procesos, de seres humanos que deben desarrollar su labor artística en una sociedad con características propias.

Los maestros, los que enseñan arte, son entonces los que llevan sobre sus hombros la tarea de construir sujetos con características muy específicas, capaces de crear, de sentir, de pensar, de reflexionar e incluso de teorizar.

La Universidad de las Artes de Cuba (ISA), abrió sus puertas el 1ro de septiembre de 1976 y cuenta con las facultades: Música, Artes Visuales, Arte Teatral, Arte Danzario y Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual, con diversos perfiles en cada una de ellas. El proyecto pedagógico de esta institución radica en la conjugación armónica entre una instrucción especializada, que atiende las particularidades de cada una de las manifestaciones artísticas, la técnica, y el desarrollo del virtuosismo; junto a una intensa formación humanística, capaz de despertar en los jóvenes un marcado interés por la cultura general, esto último como un rasgo que distingue esencialmente a la formación de los artistas cubanos, de la que se produce en otros países, que buscan como elemento primordial la técnica.

En lo concerniente a la pedagogía del Arte, es muy interesante y casi tradicional que se observe como los propios artistas graduados de esa academia regresan a ella como profesores, sin que eso atente contra su producción creativa. De esta forma, conocidas figuras de diversas esferas de la cultura cubana contribuyen a formar artistas en la docencia cotidiana de los cursos de pregrado, o a través de talleres promovidos por la institución o en estudios de postgrado.

Los profesores-artistas, para llamarlos de alguna manera, han dejado huellas importantes en el desarrollo de la metodología de la enseñanza artística, innovando en las técnicas de clases e implementando proyectos que motivan y desarrollan el pensamiento y accionar de los creadores.

Esto es algo muy palpable en la Facultad de Artes Visuales, que a través de los años ha ostentado una nómina de profesores-artistas muy variada y que han permitido abrir horizontes de búsqueda de nuevos soportes y lenguajes en las artes visuales y han fomentado la experimentación y el riesgo dentro de la creación; sin obviar el hecho de que contribuyen a la «construcción» de sujetos especiales (los artistas) para desenvolverse en cualquier medio o sociedad.

Partiendo de un estudio más detenido del libro Educación por el arte, del crítico Herbert Read (Inglaterra 1893 – 1968), donde expone sus opiniones sobre la importancia de las artes como parte del proceso de aprendizaje, se establecerán puntos de contactos del accionar de un profesor-artista: Julio Ruslán Torres Leyva, como ejecutor de un proyecto pedagógico devenido práctica artística: el Taller de Arte y Experiencia (TAE).

Profundizando en este aspecto y a manera de introducción sobre arte y educación, se analizan algunos aspectos fundamentales y coincidentes sobre la metodología de la enseñanza del crítico Read, en correspondencia con los capítulos primero y noveno del libro Educación por el arte antes mencionado, y la proyección pedagógica de este educador en su proyecto.

Este autor expone en el primer capítulo La finalidad en el arte,  tomando como referencia a Platón, la tesis que el arte es la base de la educación y como hipótesis cuestionadora la bondad y la maldad natural del hombre, elevando a una concepción democrática la educación, argumentando su postura desde la neutralidad. La idea o el contexto según de donde parta puede hacer al hombre bueno o malo, fundamentando que ese ideal no puede ser ni uniforme, ni jerárquico.

Por lo tanto, aunque Read sustenta que la educación basada en el arte es una fuerza positiva, la conceptualización de educación puede clasificarse con criterios opuestos a partir de dos finalidades en la formación humana: una, que el hombre debe ser educado para llegar a ser lo que es, la otra que debe ser educado para llegar a ser lo que no es1. Con este planteamiento reafirma su neutralidad natural.

Más adelante expresa que: la hipótesis de la neutralidad natural es la única hipótesis sobre la naturaleza humana que puede concatenarse lógicamente con una concepción libertaria de la democracia y con una concepción democrática de la educación2. Es ahí donde se sociabiliza y se integra.

Apela a la teoría abarcadora de todos los modos de expresión individual con un enfoque integral de la cultura, no solo de las artes visuales, si no de la literatura, la música y lo inserta a la realidad, denominándola educación estética, que no es mas que la instrucción de los sentidos que el ser humano debe consolidar  por su conciencia, inteligencia, juicio y que al establecer una relación armoniosa con el mundo exterior, construye una personalidad integrada.

El proyecto pedagógico Taller de Arte y Experiencia (TAE), emerge de esa existencia concreta, y del accionar del profesor–artista que le dio integración y unidad, planteado por Read.

Julio Ruslán Torres Leyva tiene como propuesta artística central el Laboratorio de la Conducta (L.CONDUCT-A-RT), donde investiga, desde lo simbólico, el vínculo que existe entre la conducta y el contexto donde se desarrolla, así como las relaciones de poder que se producen en dicho vínculo. Cabe indicar que en Ruslán todo este proceso de madurez a la hora de enfrentar y encausar el proceso formativo se singulariza por el alto nivel de conciencia y estudio de las principales teorías pedagógicas.

Durante el proceso de formación es posible utilizar un gran número de métodos de enseñanza diferenciados entre sí, fundamentalmente por el objetivo que persigue que es desarrollar conocimientos, actitudes y habilidades y por el grado de participación del alumno en su relación con el maestro. Básicamente los métodos de Ruslán se centran en el método activo, donde prevalece la actividad del alumno y el método de trabajo grupal, pues el aprendizaje se realiza en grupo, de modo cooperativo.

La característica de este tipo de enseñanza es la realización de un proyecto de trabajo grupal surgido de la iniciativa individual de un alumno o de un grupo de ellos. Aquí el educando participa en el desarrollo de su propio aprendizaje y transforma su rol pasivo para tomar parte activa, aprende a aprender.

Por otra parte, en el capítulo IX de Educación por el arte, el autor Herbert Read toma como referente obligado a Martín Buber y reflexiona sobre una estrategia de enseñanza basada en la confianza alumno-profesor. Buber expresa que la relación estética natural del alumno-maestro debe establecerse a través de una comunión emocional, introduciendo un nuevo concepto al emplear el término envolvimiento3, donde le da significado a la experiencia real de personas partiendo de vivenciar el toma y daca de una relación mutua. Y más adelante expresa que este acto de comprensión que a veces es momentáneo y espontáneo, en el plano educativo se convierte en una condición constante de reciprocidad.

Al profundizar cómo debe ser la interacción educador-educando, Read retoma los planteamientos de Buber al afirmar que si el maestro no logra establecer esa constante reciprocidad estará sujeto a la arbitrariedad en esa relación. Y aquí hace una reflexión que se adecua al tipo de enseñanza desarrollada por Ruslán Torres, pues sus métodos pedagógicos se fundamentan en dejar hacer y desde su posición de educador obran como si no lo hicieran, dándole a sus alumnos la mayor libertad y resaltando sus dotes individuales. Esta relación siempre va diferir de otras formas de envolvimiento, porque son las de unión y comunión mediante el diálogo de forma bilateral.

En el Taller de Arte y Experiencia (TAE), al inscribirse desde una concepción de la educación horizontal, el educador ya no es solo aquel que educa, sino también aquel que es educado por el educando en el proceso de enseñanza, a través del intercambio que se sostiene en un ambiente socializado.

El maestro distingue y se anticipa en muchos casos a las necesidades de sus alumnos y toma conciencia gradualmente de lo que necesita como ser humanizado. Por eso la autoeducación no significa el aislamiento y la adquisición de conocimientos consigo mismo, sino que debe estar pendiente y consciente del mundo que lo rodea.

De ahí la reflexión de Buber de la educación del hombre por el hombre como una denominación genérica, y ya a partir de ese momento en que, el alumno ve las cosas desde el punto de vista del maestro y aprecia la naturaleza bilateral de la relación, esta situación se convierte en amistad y se pasa a una etapa posteducativa de las relaciones interpersonales.

El Taller de Arte y Experiencia (TAE), esboza un proceso formativo y creativo4 donde se advierte el manejo e instrumentación de teorías acorde a su perfil como la concepción del envolvimiento a la hora de caracterizar la relación de interacción que debe darse entre maestro y alumno, así como la doble e intercambiable relación entre educador y educando de Herbert Read.

Esto se explica desde el supuesto que ha mantenido el TAE a través de sus doce ediciones, su estructuración se concibe como abierta y particularizada, definida la mayoría de las veces por el interés específico de los que participan en él. Es decir, la educación es vista como diálogo, muestra fehaciente de esa comunión que proclama Read, implicando la unión como capacidad de apertura al tiempo que el ser advierte estar rodeado de otros seres, de la naturaleza, de los procesos propios de la realidad.

Esta alternancia de roles entre maestro y alumno y la potenciación de la lectura de la realidad aprehensible sensorial, afectiva y críticamente, apunta al concepto de libertad asumido por Read, no desde una postura totalizadora ni benévola, sino desde lo que dicta como un camino a seguir, pero no un fin en sí mismo. La responsabilidad con esa libertad, que pudiera convertirse en un peso, más allá de una ventaja, es lo que llevan los miembros del grupo y su gestor como partícipes y realizadores de nuevas experiencias que bien pudieran asumirse como lo que declara Read respecto a este elemento: la lucha por la libertad (…) debería ser considerada como una lucha por el derecho a experimentar5.

Unido a esto, y en concordancia con las ideas de Read, se observa la noción del proceso educativo como potenciación de la individualidad y al mismo tiempo de integración, como una mediación entre la singularidad propia con la unidad social; el mismo Ruslán en su tesis de maestría expresa que el TAE: funciona como caja de herramientas no solo para la construcción de un discurso simbólico personal, el mío propio, sino también para el desarrollo de un proceso de enseñanza-aprendizaje sobre la base de la confrontación de pensamientos, de ideas, de formas de entender la realidad, en esencia, diferentes6.

Entre las doce ediciones del TAE se advierte que en las dos primeras7: Dpto. de Intervenciones Públicas. Primeras acciones (La Habana, 2001-2002) y Dpto. de Intervenciones Públicas. Experiencia de acción: 30 días (La Habana, 2003), existió una comunión emocional dentro de la relación estética natural de maestro a alumno, y este lazo afectivo pudo funcionar como un aura aun más abarcadora que integraba múltiples relaciones y envolvió ambas etapas con sus sustanciales diferencias: de una propuesta nacida en el seno académico a una decisión de proseguir el proyecto fuera del espacio ISA, aunque las reflexiones seguían siendo las mismas se plantearon para la segunda edición algo más ambicioso que pusiera de manifiesto a mayor escala la relación Arte-Vida que siempre han postulado.

En el caso del TAE, se pone de manifiesto que la individualidad carece de valor práctico en el aislamiento. El TAE genera espacios de producción simbólica para todos sus integrantes, y en esto interviene el intercambio de roles entre educador y educando, pues la potenciación de la creatividad no queda reducida al ámbito del estudiante, el profesor se integra a este proceso de manera orgánica, que se lo concede el propio concepto de vínculo asumido apriorísticamente para el desarrollo del Taller. Estos espacios productores de símbolos no se quedan en el interior del grupo, ya que el TAE se define por el arte de inserción social que ha acompañado sus doce ediciones realizadas hasta el momento.

Como para Ruslán no existen territorios separados ni fronteras inviolables, su proyecto pedagógico se adhiere perfectamente a ese modelo ideal para Read, extraído y malinterpretado cien veces de las ideas de Platón que dicta (con un componente de certezas muy grande) que el Arte debe ser la base de la Educación.

En el arte contemporáneo la práctica simbólica emergente funda nuevas realidades estéticas desde la instalación, el performance, el video arte, etc . Y esas realidades se asumen desde una dimensión ética, desde una dimensión totalizadora y de continuidad entre lo exterior y lo interior. Este hecho entonces se inscribe en que los proyectos grupales de creación artística en el Instituto Superior de Arte desde sus inicios hasta la actualidad, se han desarrollado con propuestas simbólicas en un intercambio continuo con los ambientes urbanos y la cotidianidad. Por tanto el educador del arte ha de estar inmerso en esa realidad, no quedar al margen y ser sensible a su plena realización.

1 Read, Herbert  (1953), Educación por el Arte,  Compilado de Teoría y Teóricos de Maestría Educación por el arte, ISA, 2011, pág 109.

2 Read, Herbert  (1953), Educación por el Arte, Compilado de Teoría y Teóricos de  Maestría Educación por el arte, ISA, 2011, pág 111.

3 Read, Herbert  (1953), Educación por el Arte,  Compilado de Teoría y Teóricos de Maestría Educación por el arte, ISA, 2011, pág 181.

4 No se pueden analizar de manera aislada ya que constituyen una simbiosis conceptual, vivencial y epistemológica.

5 Read, Herbert  (1953). Educación por el Arte. Compilado de Teoría y Teóricos de Maestría Educación por el arte, ISA, 2011, pág 181.

6 Torres Leyva, Julio Ruslán. (2008). INVESTIGACIÓN, ARTE Y EXPERIENCIA
2001-2007. Tesis de Maestría, no publicada, Universidad de las Artes de Cuba (ISA), La Habana, Cuba, pág. 9

7 divididas de esta forma por razones metodológicas y organizativas que competen a su gestor Ruslán Torres.


© Asociación Hermanos Saíz. 2012.