
Tocar la varita
Una de las vías más conocidas para que los jóvenes escritores cubanos publiquen sus proyectos hoy, son los concursos y premios literarios. Ampliar estas posibilidades, así sea en la plataforma digital, es una responsabilidad de quienes dirigen los procesos editoriales en el país.
Por: Damepa
“Me considero una persona muy afortunada, pues casi todas mis obras presentadas a concurso han ganado, a pesar de hacerlo casi en la fecha límite. Pero ganar un concurso no creo que signifique tanto. Más bien marca haber estado en el lugar indicado, con el jurado adecuado, al cual le gustó tu proyecto.
“Es probable que con jurados diferentes no hubiese ganado el Pinos Nuevos, el UNEAC, o el Calendario… Dio la casualidad y a quienes estaban les funcionó mi trabajo; quizás buscaban una propuesta parecida a la mía…”
A modo de encabalgamiento contaba Evelyn Pérez su experiencia en lo que podríamos llamar, la segunda parte de la creación literaria; resumiendo, los avatares con tal de clasificar en algún plan editorial.
Como ella, muchos “afortunados” han publicado gracias a los concursos de instituciones, los cuales galardonan con una segura llegada (y salida, por supuesto) de los manuscritos a la imprenta.
Sin embargo, otros perduran, entre la masa de 311 escritores de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y otros cientos desvinculados de ella, sin haber merecido un premio semejante.
Talento bajo la manga
Cuesta creer que solo quienes logran tocar la varita mágica en estos certámenes, representen el talento literario novel. ¡¿O será que las competencias cubren todas las necesidades de publicación en el intelecto juvenil?!
“Las posibilidades de publicaciones para los escritores noveles son diversas, y creo incluso, que muchas otras no se han explorado o explotado lo suficiente. Estas posibilidades dependen de qué interpretan los jóvenes escritores por publicación.
“El desconocimiento, la inadvertencia y la visión convencional de publicación no permiten el abordaje, ni la aproximación y apropiación de las alternativas ofrecidas hoy. Por ejemplo, el desarrollo de las nuevas tecnologías (la web 2.0), el cual ha propiciado la emergencia y consolidación de un conjunto de revistas y espacios digitales con perfiles literarios, de investigación y crítica, que superan en dinámica a las publicaciones impresas”. Coherentemente hilvana Jorge Enrique Rodríguez, poeta, promotor cultural y miembro de la AHS, un tema caliente entre las “poéticas” de varios sectores sociales, no solo los jóvenes.
Se trata del acceso a las nuevas tecnologías y sus beneficios. Las complicaciones alrededor de la conectividad, realmente existen y son reconocidas.
No comparto la idea de que los autores valoren al ciberespacio como una plataforma de difusión, cuando esta mentalidad, e incluso, las competencias necesarias para llevarla a cabo, no son tomadas en cuenta entre sus promociones y planes anuales, por las casas editoriales y otras empresas vinculadas a la literatura.
De más está redundar en el selecto público al cual llegarían las obras, y la falta de funcionalidad de determinadas piezas, escritas para todos, o para lectores de la media sin posibilidades tecnológicas.
Llegando a los extremos, ¡¿cuáles serían las soluciones para la literatura infantil?!
Una infraestructura bien fundamentada garantizaría ampliar las posibilidades de los artistas y el espectro para dar a conocer su obra, y es muy válida la alusión de Jorge Enrique. Mientras, vale centrar la atención en las condiciones reales existentes en tinta y papel.
Puertas abiertas, puertas cerradas
Según el poeta Roberto Manzano, quien ha sido jurado de diversos encuentros a los cuales hacemos referencia:
“En comparación con otras épocas, los jóvenes escritores de ahora tienen más posibilidades de editar un cuaderno poético. En mi juventud era muy difícil, pues sólo existían dos puertas centrales para la impresión: Letras Cubanas y Unión. Mucho boletín mimeografiado de entonces albergó las primicias de una generación entera. Ahora cada provincia tiene su puerta propia, y en ocasiones tiene hasta dos, una de ellas de la Asociación Hermanos Saíz.
“Además de que las editoriales nacionales son más numerosas ahora que en la época que he referido. Eso es verdad. Pero no es suficiente. Los muchachos de ahora viven ahora, no en la época de mi juventud: una circunstancia histórica tiene sus propios límites, y quienes mayor sensibilidad poseen para captarlos, son siempre los jóvenes.
“Las personas que han vivido más tienen el deber de enlazar el presente con el pasado, pero los de menos años, tienen el deber de empujarlo hacia el futuro. Las posibilidades de impresión para los recientes poetas han de enriquecerse. No sólo por las vías ya estructuradas en el sistema actual de promoción del libro”.
Precisamente, sobre este sistema la poetisa Mariene Lufriú, ganadora del Calendario 2009, de manera directa dio sus comentarios.
“Uno de los premios más importantes que he recibido es el Calendario, es un gran regalo, no solo por su renombre o el dinero que paga, sino porque es una publicación segura.
“En la Feria de 2009 salió La ruta incierta, que recoge mis desvaríos adolescentes. No creo que sea un mal libro, pero como todos, tiene sus aciertos y sus desaciertos, propios de la inseguridad de la edad. Debió salir muchos años antes… En el caso del Calendario aparece el texto de una Feria a otra. Entonces, cuando en la inminente cita de 2010 los lectores vean Todos los semáforos en rojo, notarán marcadas diferencias entre un libro y otro.
“La cuestión es que con la política editorial existente, muchas veces los proyectos envejecen en las editoriales. Luego, cuando salen a la luz, la propuesta de discurso no es la pretendida por el autor, o la que funciona en ese momento.
“No obstante, tienes que agradecer la salida de tu obra. Y ese es un tema del cual no quiero hablar ahora”.
Por su parte, Diana Lio, subdirectora de la Casa Editora Abril (quienes se encargan de imprimir los premios Calendario), sí habló al respecto.
Para publicar bajo el sello Abril no cuentan la edad o la experiencia de los autores, sino la calidad de los materiales entregados.
“La valoración que de él hagan los especialistas, es lo que determina si pasa o no a formar parte del colchón editorial.
“No son nada cómodas o fáciles las vías para convertir un libro, con una excelente evaluación, en un material impreso; pues esto depende del financiamiento para la impresión, de presupuestos, etc.
“Sí es seguro que muchas veces los intelectuales con más reconocimiento social, edad y experiencia, son quienes más facilidades tienen de lograr financiamiento para la publicación de su texto. Esa es una de las limitantes reales.
| Algunos eventos competitivos, cuyo premio incluyen publicación: |
- Premio Casa de las Américas
- Alejo Carpentier
- Dinosaurio
- Abril
- Calendario
- Luis Rogelio Nogueras
- Pinos Nuevos
- Nicolás Guillén
- Julio Cortázar
- La Gaceta
- UNEAC
- Premio Oriente
- Cirilo Villaverde
- La Edad de Oro |
“Sin embargo, la Casa evalúa por igual a nuevos y expertos creadores, y por igual propone en sus planes los textos con calidad, de unos y otros. También es una realidad que son menos los jóvenes que tocan a las puertas de las editoriales, ya sea por desconocimiento, desinformación…, etc”.
El cristal con que se mire…
En este punto es donde comienzan a jugar otros factores como la visión personal de calidad, concepciones estéticas, ideologías –también-, y equilibrio. Pues ya sea para entrar en un plan editorial, o para clasificar en un concurso, los determinantes siempre son personas con sus individualidades, estilos, edades… Generalmente no coincidirán los resultados de una selección y los de otra, realizados por grupos diferentes.
Como bien argumenta Roberto Manzano: “Un jurado de poesía rara vez pasa de tres personas. Esas son extraídas del campo literario, con conocimiento bastante profundo del género que cultivan, y se sobreentiende que serán justos en su consenso, unánime o mayoritario, sobre quién debe ser premiado. Al menos en nuestro medio, nadie duda de las buenas intenciones de las instituciones y de las personas. Pero hay un detalle sumergido que actúa como un vector intangible, pero poderoso: la ecología de las conciencias estéticas. Resulta que todos los creadores (incluidos, por supuesto, los jurados) tienen su propia e incambiable conciencia estética. Esa conciencia estética actúa como una especie de paradigma mental, y provee los conos de visualización con que cada creador mira el arte.
“Si el jurado no acierta a salirse de su cono de visualización (no estamos hablando de la voluntad de justicia, sino de los límites de la conciencia estética, que es otra cosa) puede errar en el discrimen, con las mejores intenciones del mundo.
“Añádase que son tres conciencias estéticas, como mínimo, esforzándose en conseguir un cono sinérgico, que ofrezca lo óptimo. El concursante es alguien que, como su nombre lo indica, entra en el mismo curso de los otros, se ha incorporado en igualdad de condiciones, y el jurado es alguien que entra en ese curso para discriminar, vale decir, para desigualar.
“Su tarea es muy compleja desde todos los puntos de vista, tanto en su inalienable parecer como en el consenso que debe discutir, y su decisión no es nunca un examen definitivo. Esto debe saberlo el concursante, cualquiera que sea la edad, pero mucho más los jóvenes, cuyas expectativas son enormes, pues tienden a considerar generalmente al concurso como una rápida puerta de legitimación.
“Los jóvenes deben saber que, como mismo no es imprescindible que un poema rime para que sea una joya de expresión, tampoco es imprescindible que un cuaderno poético se encuentre avalado por un premio, a pesar de que en nuestro medio eso constituya en ocasiones como un sello real”.
Concuerdo con tal afirmación en el sentido de que, una vez tocada la varita, se te aproximan las “hadas” con más hábito.
Así mismo le ha sucedido al narrador Ahmel Echevarría, quien ha publicado en más de una oportunidad gracias a su suerte (¡no exonero su talento!), de haber sido elegido.
Lamentando hablar tan cuerdamente en su posición de beneficiado, Ahmel reconoce y exhorta a los bisoños de las letras cubanas a aceptar el fenómeno de la divulgación, sin prisas.
“Desde mi experiencia pudiera decir que he sido bastante afortunado, pues comencé a escribir tarde, aunque dicen que nunca lo es. Pero me lo tomé en serio, si mal no recuerdo, alrededor del 2002 más o menos, y luego de comenzar a pensar lo que estaba haciendo en formato libre, mi primer cuaderno de cuentos obtuvo una mención en el Luis Rogelio Nogueras, y tras probar fortuna en otros dos concursos, en el 2004 gané el David de narrativa.
“En este lapso escribí otro cuaderno, algunos lo llaman noveleta y otros novela, el caso es que Esquirla lo envíe en 2005 al Pinos Nuevos, de narrativa, y también gané. Una de las características de los dos es que además del pago en metálico, incluyen la impresión.
“Sé de la experiencia de otros escritores de mi generación quienes luchan porque sus manuscritos entren en el proceso editorial. Y no es menos cierto que la vía más expedita para sacar un libro hoy en Cuba, la constituyen las competencias literarias. ¡¿Por qué?! Pues porque todas las editoriales trabajan con un plan editorial.
“Ganar un premio garantiza la publicación. De otra manera, el original entra en la editorial y debe ser analizado por el consejo, ver cómo cabe en ese plan…
“Quizás no se vea coherente con mi posición de haber publicado, sin embargo, recomiendo a quienes comienzan, envíen sus textos a todos los concursos, y no se desesperen, tengan calma. Esta no es una carrera contra el reloj”.
Si bien no hablamos de una similitud con los récords de Usain Bolt, tampoco es bueno calmarse demasiado; pues estaríamos expuestos a recibir a la mitad de nuestra potencia literaria joven, a las puertas de la madurez.
Y lo peor, entregándonos propuestas desfasadas por completo del contexto, con discursos faltos de la solidez adquirida tras unos y otros procesos de edición, e intercambio con el público.
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