Los tres Villalobos: el “western congrí” retoma las pantallas
Por: Antonio Enrique González Rojas
La década de 1960 recibió, entre las diversas olas renovadoras de la expresión cinematográfica mundial, el “boom” de un subgénero europeo de corte comercial que, aprovechándose del filón abierto por el agotado western estadounidense, llegó a ser muy prolífico en producciones: el western spaghetti. Este flirteo italiano con los códigos y estereotipos de este género Made in USA, alcanzó verdaderos aciertos de la mano de Sergio Leone (Por un puñado de dólares, Érase una vez en el Oeste) y descendió hasta tristes caricaturas, muy recordadas en Cuba donde aun significan algo los nombres de Trinity y Bud Spencer.
Mas, si los vientos arenosos del oeste cruzaron el Atlántico hasta la península itálica, no les fue muy complicado aposentarse mucho antes en las sabanas cubanas. Ante la popularidad alcanzada por Tom Mix, John Wayne, Gary Cooper, Roy Rogers, Hopalong Cassidy, el Lone Ranger (Llanero Solitario) y otros entre el público cubano de la primera mitad del siglo XX, no tardaron en surgir contextualizaciones y aplatanamientos del género, inicialmente en el medio radial. Largas fueron las cabalgatas del bandido Manuel García, el Rey de los Campos de Cuba y de los justicieros Tres Villalobos.
Ya en el período revolucionario, la versión cinematográfica realizada por Julio García Espinosa de Las aventuras de Juan Quin Quin en Pueblo Mocho, de Samuel Feijóo, satiriza y revalida el cine de aventuras cubano, innegablemente influido por el western USA.
A finales de la década de 1980, época floreciente del dramatizado televisivo nacional, una nueva serie retoma la herencia tejana de los míticos hermanos Frank y Jesse James, en la oferta de altos quilates Hermanos, excelente desde la banda sonora compuesta por Noel Nicola y el guión, hasta la dirección de actores y de arte. No falta aún cubanos de a pie que rememoren el famoso grito de ¡Lorencitoooooo!, lanzado por el actor Héctor Hechemendía en los créditos iniciales de la serie.
Debidamente extrapolada la iconografía del western al campo cubano de 1868, en los albores de la Guerra de los Diez Años, esta serie de aventuras pulsó acertadamente todos los resortes del género, los conflictos, personajes y situaciones arquetípicas, sin oler a copia barata.
Todos estos productos radiales y audiovisuales mencionados pudieran bien integrar un subgénero nacional que se me antoja llamar western congrí, distinguido de la corriente italiana por no clonar el modelo estadounidense, sino por contextualizar la esencia aventurera en ambientes cubanos, por buscar los héroes entre los campesinos criollos, de bohío y machete, y los villanos entre los rancheadores y los terratenientes inescrupulosos.
De menor volumen de producción, pero sin dudas más meritorio en cuanto a la legitimidad de su concepción, el western congrí retorna a las pantallas cubanas en busca de captar la atención del público fundamentalmente juvenil. Esta vez, en franca referencia a los éxitos radiales iniciales, el ICRT dota de imagen a Rodolfo, Miguelón y Machito Villalobos, buscando repetir quizás la fórmula exitosa lograda por el programa humorístico Jura decir la Verdad, tributario directo, aunque libérrimo, de La tremenda corte.
 |
Los primeros capítulos de Los tres Villalobos llegan al espacio Aventuras de la TV Cubana prometiendo un amplio repertorio de tiros, cabalgatas a campo traviesa, persecuciones de buenos y malos, galanterías que aderecen los flujos de adrenalina. Desde el principio se advierte su inferioridad respecto a la mayoría de antecedentes citados, y obliga a la comparación con Tomás y Lorenzo Iznaga, protagonistas de Hermanos, orgánicamente interpretados por Rolando Brito y Reynaldo Cruz, de compleja relación, antagónica las más de las veces.
Los tres hermanos Villalobos, que también inician su periplo conflictivo a partir del asesinato de su padre (y se añade un hermano a la masacre), se presentan como tres estirados y epidérmicos figurines de ojos resaltados con delineador y trajes impecables, como acabados de sacar del Departamento de Vestuario. Los ropajes se corresponden más con el western USA que con la cotidianidad bucólica cubana: chalecos de piel curada, jeans y botas de puro corte tejano; poses galanescas y textos declamados, más que interpretados. Esto último afecta no solo a los tres protagonistas, sino también a la mayoría del elenco, donde se extraña aunque sea un ápice de organicidad, de sangre en las venas, de la verosimilitud imprescindible para toda obra de ficción.
Bajo la piel del actor Rafael Lahera ya apareció quien supongo será la némesis de los Villalobos, carácter émulo indiscutible del Domingo Carmona (Reinaldo Miravalles) de Hermanos. Su vestuario negro, la figura cuasi embozada, en busca de cierto aire enigmático, contribuye a la idea de que un personaje como ese aterrizó en paracaídas directo desde Rifle City. Hasta tiene cierta semejanza con la figura malvada hasta lo imposible, interpretada por Lance Henriksen en la cinta satírica Dead Man del director Jim Jarmush.
Ante las carencias presentadas por la dirección artística y de actores, se evidencia la elementalidad del guión, el cual pudiera haberse salvado si los apartados anteriores estuvieran bien defendidos, pero como este no es el caso, sólo se logra poner más al descubierto los defectos.
El tema musical de presentación, en busca de una actualización pop a tenor con los gustos contemporáneos, no tiene oportunidad ante la banda sonora concebida por Nicola, que sin renunciar a las especificidades reclamadas por el género y sus destinatarios, alcanzó altas miras líricas en Hermanos y en la también inolvidable Los papaloteros.
Así, Los tres Villalobos augura ser hasta el momento el peor representante del digno western congrí, tambaleándose a medio camino entre la estética característica del contexto cubano y la visualidad del western USA, en caótica permutación de elementos y códigos entre cowboys y güajiros, que da al traste con la coherencia contextual. No quiero que esta crítica suene apresurada, pero dudo que la nueva aventura ofrezca más de lo que ha hecho en las primeras entregas. El western congrí no está en uno de sus mejores momentos.
Envie su comentario |