colorao
Nuestro lugar en el mundo. Una mirada más a la Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire
Restaurar y crear ¿hay algún dilema?
¿Y tu abuelo dónde está?
La moda desde los cielos
Por suerte estamos
¡Los casi chiflados!
Subvertir más que las palabras
Juego de niños…
Los tambores de Kong
Mirada a la escena cubana III
Destino documental de los ‘90
¿De vuelta al teatro de salitas? (Mirada crítica a la escena cubana II)
Feria del Libro: ¿Espacio para promover jóvenes escritores?
Oda al documentalismo serrano y comunitario
El Internado y otros embrollos de programación
Tocar la varita
Suficiente es casi nunca
Apuntes sobre responsabilidad intelectual
El Arte: ¿Ondas o partículas?
Éxodo: la representación sin fin
La pequeña Vera yace en la playa
¿El Boom del documental cubano?
Telesur: Mis Dudas (Y La Duda De Los Otros)
¿Creer a (con) Baby Lores?
Amarse con reguetón
¿Al duro, sin guante y sin amor?
Al cierre de la valla: primer round
Las malas «artes» del voluntarismo
Los tres Villalobos: el “western congrí” retoma las pantallas
Felices lágrimas negras
¿Dónde estás, Pocholo?
Danilo el diverso
¿Qué estamos validando?
Clips de escalera
Estrellitas de cartón

Nuevos títeres en la TV
¡Los casi chiflados!
RESEÑA

Por: Barbarella González Acevedo

El Canal Habana presentó primero un atractivo spot, para comunicar el comienzo de un nuevo programa que sería dirigido por Juan Carlos Travieso. Así Los casi chiflados, con el auspicio de los caricatos y los titiriteros, se estrenó el viernes 9 de julio de 2009.

Los títeres son los protagonistas del evento televisivo. Aún cuando su imagen por lo general se asocia al teatro, medio en el cual nacieran, los muñecos han formado parte de programas de tal naturaleza, en múltiples ocasiones. Ellos han estado presentes en la Televisión Nacional, por ejemplo, casi desde sus inicios y han contado con el apoyo para su manipulación de importantes personalidades, muchas de ellas provenientes de las tablas.

Antes del Triunfo de la Revolución Cubana, en los años 50, Vicente Revuelta y Tomás Gutiérrez Alea realizaron un programa donde hacían sátiras de tipo político utilizando muñecos. Por otra parte, los célebres fundadores del Guiñol Nacional, los hermanos Camejo, tuvieron varios espacios con títeres también en esas fechas, por ejemplo, Krestolandia y Tevetíteres en 1952. En 1953, María Antonia Fariñas inaugura en el canal 11, el programa infantil Jardín de maravillas, el cual aparece y desaparece durante los años posteriores en diversos canales.

Además, existieron La hora de Jaudi Dudiy La carreta - esta última de Dora Carvajal-, La edad de oro y Estampas infantiles del viejo Chicha, de José Sanabria; El club de los millonarios -entre 1956 y 1957-; y El mundo de los niños, con dramaturgia general de Julio Lot en 1961. Durante ese mismo año, el sábado 22 de julio apareció en CMQ, canal 6, la primera emisión de Aventuras de Pelusín del Monte, en blanco y negro. Esta serie de Dora Alonso fue llevada a la pantalla por los citados Camejo hasta 1963. Luego en los años 70 también emplearon títeres programas como Carita, Amigo y sus amiguitos, Variedades infantiles y Tía tata cuenta cuentos; mientras, en los 80, llegaron a la pantalla chica, para fortuna de todos, Toqui, de Ana María Salas, El mago del cachumbambé (1981) y Arcoiris Musical (1985).

Con tales antecedentes surge hoy Los casi chiflados, presentación de formato humorístico dedicada a los adultos,que se vale de la expresividad de los títeres. Esta emisión televisiva tanto por su formato general como por el diseño de sus muñecos, muestra ciertas influencias de Los muppets, creados por Jim Henson (1).

La idea general del programa parte del principio de que los muñecos son extraterrestres y al llegar a la tierra han invadido el canal capitalino. El guión corre a cargo de Onel Peña. Entrevistas a cantantes –personas reales-, con números musicales protagonizados por estos, la sección Casi noticias con informaciones, reportajes en la calle, así como revisitaciones a los usuales spots de Canal Habana, conforman esta suerte de show, en el cual no faltan las intervenciones cómicas de un público de títeres.

Lamentablemente los muñecos realizan un número infinito de acciones, muchas de las cuales se pierden por falta de selección y porque las realizan unos y otros al mismo tiempo, lo cual impide se concentre la atención del espectador. Lo mismo sucede con algunos textos. La información textual se disipa debido a su cantidad.

No se debe olvidar que la imagen -ya sea de los muñecos o sus ambientes-, los sonidos, -incluida la música-, y la iluminación, son recursos expresivos y contribuyen, por tanto, a comunicar audiovisualmente las ideas generales de los creadores de un programa televisivo. De ahí su importancia. Y aclaramos esto, pues aún cuando la originalidad de Los casi chiflados encanta a primera vista, notamos ciertos deslices en su realización.

Los ambientes resultan recargados, en especial los de las secciones musicales, los muñecos se funden con estos y sus acciones pierden protagonismo, lo cual desdora la imagen general. Habría sido preferible, según nuestro punto de vista, optar por un fondo de color entero, neutro, capaz de servirles como marco a los personajes en lugar de competir con ellos.

A nivel de diseño se han empleado las técnicas de títeres de guante y varilla, incluso no deja de aparecer algún mimado - práctica en que las manos del manipulador aparecen como propias del muñeco. Aún cuando han sido confeccionados para el programa en número significativo, no siempre los muñecos se encuentran individualizados de modo visual, ni a nivel de sus acciones, en el sentido dramatúrgico. Escasos personajes se aprovechan en el guión. Pocos quedan bien definidos, entre ellos la conductora de acento oriental, el locutor que parece un perro, y el comentarista de las Casi Noticias. Los otros perduran en nuestra memoria más por su imagen que por su carácter.

Los títeres carecen de extremidades inferiores, lo cual constituye una limitación en figuras hechas no para aparecer en un retablo, sino en la TV. Tal cuestión contribuye a la monotonía de la imagen, ya que obliga a que los planos sean muy cerrados -encima de los entrevistados. Esto, sumado al gran número de muñecos que interviene en los números cantados, contribuye a crear una sensación general de abarrotamiento y no da reposo a la vista del espectador.

No obstante, encontramos algunos puntos a favor del diseño en los Los casi chiflados. Veamos. Según Bil Baird -y este pensamiento lo confirman otros estudiosos- un títere es “una figura inanimada movida por medio del esfuerzo humano ante un público” (2). Además, se ha exaltado en el títere su cualidad de metáfora o símbolo en movimiento a lo cual podría añadirse que es también, como obra de arte, síntesis. Por tales motivos, al reproducirse la figura humana, a través de un muñeco, se suele recurrir a la estilización. Así pueden potenciarse determinados rasgos físicos – una nariz ganchuda o joroba (3). De tal modo, se exacerban sus potencialidades satíricas o humorísticas mediante la caricatura. De esto, precisamente, parecen haberse percatado los diseñadores de Los Casi chiflados.

En cuanto se refiere al análisis de la actuación en este programa, preferimos de inicio recordar las palabras del maestro Freddy Artiles, quien ha dicho refiriéndose al trabajo de los actores con los títeres, que deben ser atendidos dos aspectos, la manipulación y la interpretación, o sea “la manipulación es la parte mecánica del proceso, y la actuación propiamente dicha es la parte intelectual y emocional del mismo, (…) de la íntima fusión de ambas es donde nace el método específico de actuación (…), que pudiéramos llamar animación o movimiento expresivo.” (4). Precisamente en la labor de sus titiriteros estriba la valía del programa que hoy presenciamos. Los manipuladores, -pese a los deslices en el terreno de la dramaturgia y los relativos a la imagen general del programa- logran hacer vivir a los muñecos ante nuestros ojos haciéndolos creíbles, llegando a esa expresividad de la cual hablara Artiles, y ahí radica el mayor mérito de sus “casi chiflados” realizadores.

  1. Jim Henson (1936-1990), diseñador estadounidense de títeres. Creó los Fraggle Rock y Los muppets que aparecieron por vez primera en la televisión norteamericana en 1954, y pronto llegarían a constituir el centro del programa infantil Sesame Street (1969), así como de The muppet show (1976-1981). Dirigió y produjo varias películas protagonizadas por muñecos, entre ellas,  The muppet movie (La película de los muppets, 1979), Cristal oscuro (1982) y Las tortugas Ninja (1990). Sus personajes se convirtieron en protagonistas de libros y juguetes.
  1. Bil Baird: The art of the puppet, New York, Macmilla, 1965, p.13.
  1. Como en el clásico Maccus que luego evoluciona y cambia de nombre hasta llegar al Punch inglés.
  1. Freddy Artiles: Títeres historia teoría y tradición. Ediciones Arbolé. España, 1998.
© Asociación Hermanos Saíz. 2012.