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La moda desde los cielos
ENSAYO

Por: María Nela Lebeque Hay

Antes que nada, una recapitulación.

Más que una reflexión, el asunto sobre el que debatiremos se convierte en una delicada zona de polémicas en la actualidad. Zona que traduce conflictos latentes y cambiantes por la propia dinámica del mundo actual.

El arribo de la Postmodernidad como nueva era de realización, trajo consigo innumerables cambios en la sociedad que la vio nacer. El siglo XX, y aún más específicamente los ´60, constituirían una etapa en la Historia donde se produciría una ruptura total con lo preestablecido  dentro del macroespacio social. Las relaciones entre este y el hombre serían subvertidas erigiendo así un campo de fuerzas y  sediciones constantes en todas las esferas. De este modo, si antes el sujeto era parte del concepto “sociedad” como ente condicionado por ella;  en este momento el individuo re-creará esos conceptos que lo regían y subyugaban para condicionarla a ella.

El resquebrajamiento de estos órdenes dio paso a la era de las megacomunicaciones, el consumismo, la enajenación y la desinhibidad absoluta. La búsqueda de romper con todo fue dirigiéndose cada vez a espacios más insospechados y los discursos se indefinieron y evaporaron en una nebulosa de cambio y esquizofrenia.

En este contexto…

El desprendimiento del modelo social burgués, trajo consigo una mirada hacia esos otros espacios hasta el momento inexplorados. Es así que se produce un ascenso al poder de las llamadas zonas de silencios que comenzarían a elaborar sus discursos y suscitarían  un campo de debates y definiciones. Lo concebido hasta el momento como lo “otro”, primitivo, y por tanto, ajeno al canon occidental,  es adoptado como símbolo de lo nuevo –aunque su existencia se venía gestando desde centurias anteriores- y se comienza a visibilizar,  estudiar y resignificar en pos de un alegato de legitimación.

De este modo inician los debates en torno a lo concebido como alta y baja cultura y lo tradicional y lo popular, en una cuerda de contraposición y enfrentamiento total sobre la base del “antes y el después”. Los discursos identitarios de las zonas periféricas entraron a formar parte de la triada, convirtiéndose en punto de convergencias y de fenómenos varios tales como deculturación1, transculturación2 e hibridación3. Sin embargo, otro concepto emergería de las sombras y comenzaría a funcionar como tela de juicio: el debate en torno a lo masivo.

Este, entendido como momento de “visibilidad de las masas o como la invasión por parte de las masas de la ciudad”, devendría territorio de fragmentaciones y alienación, a la vez que de confluencias de esos grupos heterogéneos que lo constituyen. Sobre él refiere Barbero en su estudio sobre dinámicas urbanas:

Lo masivo implicaba en ese momento la desestructuración de una sociedad estamentaria y excluyente, y la puesta en circulación de unos bienes básicos como derechos de la mayoría. Masa significaría entonces la visibilidad de un nuevo actor social cuya existencia exigía la destrucción de una sociedad profunda y radicalmente excluyente.4

La llamada cultura de masas es fragmentaria y convergente, pero de sus cualidades intrínsecas tal vez lo que más resalte son los discursos que la conforman. A partir de las llamadas “tribus urbanas” se produce una salutación a la irreverencia y la diversidad en todos los sentidos. Teniendo como  campo de acción la música, el baile, el vestuario, el modo de hablar y de llevar el cabello… fueron trazados paradigmas de rebeldía y evanescencias que llevaron a una multiplicidad de formas y actitudes dentro de las grandes y no tan grandes urbes del hemisferio. Estos constituyeron fuentes de experimentación que sentaron sus bases en conceptos antagónicos y actuales tales como belleza, pueblo, moda, consumo o subalternidad.

¿Cómo describir desde la antropología la ciudad diseminada? Nos retraeremos en la ilusoria autonomía de los barrios, en el repliegue atomizado de las multitudes en los hogares, en los intentos de preservar miniterritorios exclusivos de los jóvenes. ¿O buscaremos entender también las nuevas formas de identidad que se organizan en nuevas redes inmateriales, en los lazos difusos del comercio y los ritos ligados a la comunicación trasnacional?5

Sobre esta disyuntiva iniciamos entonces nuestras consideraciones en torno a  esa expresión que desde unas décadas hacia acá se ha convertido en una fuente inagotable de reivindicaciones, internacionalización, identidades y condenas dentro del mundo que lo consume: el pelo.

Pelados o peleas?... Qué más da

Los años 60 y 70 marcaron un hito en los “logros” creativos con respecto a la manera de llevar la melena. Unido a los exorbitantes ritmos del rock and roll, la megainformación y el consumismo, surgen de la trama urbana los llamados hippies, seres que por su concepción del mundo serían criticados y tildados de “sucios e inmorales”. Su incidencia en el discurso citadino fue tal, que llegarían a convertirse en expresión peyorativa dentro del argot popular. ¿Quién no ha oído nunca la frase de “parece medio hippie”?

De este modo los peinados exquisitos de los ´50 y toda la tradición de búsqueda de experiencia placentera a la vista, se volcarían hacia los pinchos inmensos; cortes asimétricos; verdes, amarillos y rojos en una misma cabeza… Sería esta la Era de la laca; del “espendrum” o el  afro; de las melenas largas  y transformables… Ello sería heredado a las generaciones sucesoras, mas no con igual acepción. Se produce así la otra cara de la moneda en el asunto: la legitimación del discurso resquebrajador y la mutación de este en moda.  

La adopción por el mercado de la hippie´s fashion trajo consigo la explosión en todos los sentidos del engendro de la moda. El intento por subvertir lo anterior en un corto período produjo la consecución descomunal de estilos, formas y way of lifes que se mixtificarían con un discurso adyacente de lo tradicional de las regiones sobre las que incidía. Es así que comienzan a manifestarse signos claros de hibridación.

Hemos partido del fenómeno a nivel macro para definir su expresión en la actualidad, así como la  relación que establece con los otros discursos aunados en la denominada cultura de masas. No obstante se hace ineludible juzgar el papel que juega el espacio de la ciudad en la problemática:

Esta circulación (…)se va a hacer visible en la ciudad. Las masas descentran la ciudad desestructuran la ciudad, de tal manera que (…) se va a romper entre una periferia, desde la que los sectores populares comienzan la invasión de la ciudad -de sus calles, de sus autobuses de sus escuelas-, que se hace pequeña para cuanto esas masas reclaman, u esa otra periferia en la que se refugia la burguesía para señalar su distancia de la masifcación.6

Anteriormente habíamos hecho referencia a las llamadas tribus urbanas. Estas reconfigura el entramado de la ciudad a partir de pequeños núcleos humanos con caracteres, opiniones y micromundos distintos y delimitados. Trasladando el fenómeno a nuestro espacio, el tibutismo cobra dentro del debate actual una dimensión social con una pluralidad de acepciones. Desde las que van por la vertiente de la moda, pasando por el discurso de  protesta, hasta el estado de evasión de la realidad a través de la reapropiación de modelos del Primer Mundo.

“Creadoras de sus propias matrices comunicacionales, las tribus urbanas marcan de forma identitaria tanto las temporalidades (sus ritmos de agregación, sus cadencias de encuentro) como los trayectos con que demarcan los espacios. No es el lugar en todo caso el que congrega, sino la intensidad de sentido depositada por los grupos, y sus rituales, lo que convierte a una esquina, una plaza, un descampado o una discoteca en <territorio propio>.”7

La expresividad del cabello sentará una pauta a la hora de definir estos grupos sociales que conforman la trama urbana. De esta forma, modelos como “los pinchos”, el “afro”, los “drelos”, etc. son rescatados del pasado y reconfigurado en pos de un objetivo otro. Estos definirán grupos puntuales con un discurso basado en movimientos reivindicativos de raza, religión o sencillamente apológicos a la postmodernidad. Tales son los casos de los denominados “frikis”, “rastas”, “mikis” o los “emos”, recientemente muy manejados dentro de los debates culturales, antropológicos y sociales. Pero a su vez, serán absorbidos por el mercado como una moda más, dilucidada como modelo parte de “lo último”.

Así mismo van a surgir nuevos paradigmas producto al flujo de información internacional y los medios de comunicación masivos. El nivel de incidencia que ejercerá la televisión y el internet en la sociedad consumista de hoy, darán paso a una proliferación de módulos extranjerizantes y de mercado que comenzarán a ser asumidos por las tribus urbanas. Es así que la llamada cultura “emo” toca las puertas de nuestro espacio con un canon del vestir y peinar a la manera de los animados japoneses universalizados por las compañías primermundistas. De igual modo se complejizan los arquetipos desde peinados y pelados tales como el llamado “mawa”, el “machimbrao” o “a la moña”, siguiendo una tipología a la manera de los grupos radicales de los ´60, ´70 ,´80 y ´90 en los EE.UU.

La manera plural de expresarse la Postmodernidad en nuestro espacio, constituye un ejemplo más del cómo son transformadas las nociones de lo popular, lo tradicional y lo identitario. Estas no pueden ser ya discutidas desde los procesos históricos y culturales de la nación; ni desde las expresiones de lo artesanal como representativo de las culturas sincréticas del área; o desde conceptos como ciudad y pueblo; sino que implican un nivel de problematización del asunto a partir de estos fenómenos surgido en la actualidad y que son consumidos por todas las esferas.

La búsqueda en el concepto de hibridación dado por Canclini quizás sirva como importante acicate para la cuestión. Si tomamos su noción como “procesos socioculturales en los que estructuras o prácticas discretas, que existían en forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas.”8 Y la aplicamos a esa variedad conceptual del entramado ideoestético y cultural atendido en la diatriba del cabello, podemos implementar una línea de continuidad entre este como una “práctica discreta dispersa” que será refuncionalizada para dar lugar a nuevas “prácticas y estructuras”. De este modo podemos trazar una interpretación del fenómeno a partir del concepto.
A ello se le une una condición intrínseca de los procesos de hibridación. Y es que,

...a menudo la hibridación surge de la creatividad individual y colectiva. No sólo en las artes, sino en la vida cotidiana y en el desarrollo tecnológico. Se busca reconvertir un patrimonio (una fábrica, una capacitación profesional, un conjunto de saberes y técnicas) para reinsertarlo en nuevas condiciones de producción y mercado.9

 De tal forma que podemos concluir en que la diversidad conceptual aplicada a la manera de llevar el cabello, tiene su base constitutiva en los procesos de sincretización e hibridación que forman parte de nuestro espacio y, por ende, es un elemento que entronca con lo nacional e identitario.

De este modo…

Llegamos a una definición sobre la problemática en cuestión. La moda y los modos de llevar el cabello en nuestra actualidad están permeadas por dos elementos imprescindible en su aplicación al contexto. Uno en franco vínculo con lo comunicacional y el papel modélico y deformador de la dinámica capitalista; y otro relacionado con la relectura de lo exterior desde lo nacional.

Los intérpretes del hecho, construyen a diario las diatribas en torno a lo popular, lo urbano, lo masivo y lo identitario de manera inconsciente. Ello permea el discurso haciéndolo transformable y cambiante en la medida que las distintas tribus convergen e interactúan en la situación y las condiciones de la Isla. Por ende, no podemos cerrar nuestro debate ni dejar pautas sentadas, puesto que discutimos con la posibilidad del cambio sobre nuestra reflexión. Cambio dado fundamentalmente por el hecho de versar sobre un elemento intrínseco de la Postmodernidad.

Bibliografía:

Barbero, Jesús Martín: Dinámicas urbanas de la cultura, en carpeta digital.
----------------------------------: “Mediaciones urbanas y nuevos escenarios de comunicación”, en Sociología de la Cultura. La Habana, editorial Félix Varela, T I, 2da parte, 2004.

García Canclini, Néstor: Noticias recientes sobre la hibridación, en carpeta digital.

Moreno Fraginals, Manuel: Aportes culturales y deculturación. Texto digital.

Ortiz, Fernando: Contrapunteo del tabaco y el azúcar. Texto digital.

1 Término aportado por el antropólogo Moreno Fraginals para definir el complejo proceso de mezcla de culturas acaecido en el espacio de la plantación. Ver  su texto: “Aportes culturales y deculturación”.

2 Concepto definido por el estudioso Fernando Ortiz para definir la formación múltiple de nuestro espacio a partir de una aculturación, una deculturación y una neoculturación de todas  las culturas que confluyeron y se mixtificaron.

3 Definición dada por Canclini reelaborando o enriqueciendo el concepto de transculturación de Ortiz. En él incluye los nuevos procesos de sincretismo dado por la entrada de la globalización y los medios masivos de la comunicación, elaboradores de nuevas prácticas a nivel macro. Ver su texto “Noticias recientes sobre la  hibridación”.

4 Barbero, Jesús Martín: “Dinámicas urbanas de la cultura”. Carpeta digital.

5 Barbero, Jesús Martín: “Mediaciones urbanas y nuevos escenarios de comunicación”, en Sociología de la Cultura. La Habana, editorial Félix Varela, 2004, pág 279.

6 Barbero, Jesús Martín: “Dinámicas urbanas de la cultura”. Carpeta digital

7 Barbero, Jesús Martín: “Mediaciones urbanas y nuevos escenarios de comunicación”, en Sociología de la Cultura. La Habana, editorial Félix Varela, T I, 2da parte , 2004,  ,  pág 285-

8 García Canclini, Néstor: “Noticias recientes sobre la hibridación”, en carpeta digital,  pág 2

9 Ídem, pág 4

© Asociación Hermanos Saíz. 2012.