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Jóvenes actores tienen gran protagonismo en la escena cubana.
Éxodo: la representación sin fin

Por: Cosette Celecia, Yarimis Méndez y Joanna Pérez

Las historias de algunos graduados de actuación en Cuba podrían ser el argumento de cualquier puesta en escena. Como en otras profesiones, quienes se dedican a interpretar otras vidas, afrontan las consecuencias del llamado “fatalismo geográfico”. Ante esa realidad, los más apasionados por la escena asumen todos los retos en busca de mejores oportunidades.

“Cuando montamos Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, durante julio y agosto del 2007, la beca del ISA estaba cerrada y no tenía dónde quedarme. En una salida desesperada Carlos Díaz me dio la posibilidad de dormir en un camerino del Trianón y ahí pasé los dos meses”, relata el joven actor avileño Yanier Palmero, integrante de Teatro El Público.

“Fue difícil conseguir una dirección en Ciudad de La Habana y también el traslado laboral, así que estuve dos años trabajando aquí sin cobrar salario. Encontrar un lugar donde vivir fue otro problema: pasé un buen tiempo durmiendo en el piso de la sede de Teatro Cero, en Marianao”, rememora también el camagüeyano Hosni García, otra novel figura que hoy forma parte de Estudio Teatral Buendía.

Fuera de la capital, las opciones parecen ser poco atractivas; entonces, una buena parte de los jóvenes actores busca y encuentra el modo de permanecer en Ciudad de La Habana. Los obstáculos de la legalidad, la vivienda y las distancias, quedan pequeños cuando se trata de gestionar cambios de dirección, conseguir alquileres o préstamos de domicilios, o separarse de la familia en la búsqueda de un destino profesional, en buena medida inseguro, pero que al menos se aparta de las certezas que acechan fuera de la capital.

“Hay muchos modos de quedarse en La Habana y uno siempre encuentra la manera. Lo principal es tener una dirección oficial en la capital, luego te las arreglas para vivir en algún lugar y poder trabajar en un grupo, hacer radio, o televisión”, asegura la actriz y presentadora moronense, Lida Morales.

¿Hecho en Cuba es hecho en La Habana?

Yanier Palmero en el personaje de Marlén de Las amargas lágrimas de Petra von Kant, por el cual mereciera el Premio Adolfo LLauradó al mejor actor de reparto 2008.

La cantidad de salas teatrales y otros espacios de presentación, los numerosos grupos profesionales, unido a las realizaciones del Instituto Cubano de de Radio y Televisión (ICRT) y el Instituto de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) concentran en la capital las principales opciones laborales, en contraste con el resto del país.

“En Morón tenemos un grupo de teatro, la radio y un telecentro. En la cabecera de la provincia también hay un telecentro, otras emisoras y grupos de teatro. Pero, por ejemplo, en esos canales apenas se hacen dramatizados. Allá no tengo las ofertas de trabajo que hay en la capital, ni tampoco las facilidades de superación” ejemplifica Lida, quien habitualmente conduce espacios televisivos como Acapella y Secuencia.

En tanto, Palmero, quien asegura que la falta de oportunidades termina desilusionando, lamenta el poco entusiasmo con que son recibidos algunos recién graduados en sus ciudades. “Si al menos al volver a nuestras provincias encontráramos mejores posibilidades de trabajo…Cuando llegué a Ciego de Ávila, después de la Escuela Nacional de Arte (ENA), estuve casi seis meses sentado en una escalera a la entrada del Guiñol. Y llegaba alguien y me decía: ‘Hoy no hay trabajo’, ‘No, tú no estás en el montaje’, ‘Yo no sé qué voy a hacer contigo’”.

Experiencias similares se repiten en otros territorios. “Durante el servicio social yo debía viajar todos los días de Guáimaro a Camagüey, unos 140 km de ida y vuelta. Estuve un mes ayudando en un montaje sin propuestas para actuar, hasta que me llegó el llamado del servicio militar. En esos dos años estuve separado del teatro, decepcionado al punto que pensé dejarlo todo y estudiar Derecho. Fue entonces cuando decidí retornar a La Habana y en mi provincia ni intentaron convencerme de que me quedara”. Así transcurrieron los primeros pasos profesionales de Hosni, quien actualmente cursa el ISA en la variante para trabajadores.

Algunos actores regresan a sus provincias con “ganas de cambiar el teatro”, pero después de un tiempo luchando contra múltiples trabas, terminan cayendo en la misma inercia que encontraron al llegar. En sus vivencias confluyen aspectos comunes: el desinterés de las instituciones implicadas en el adiestramiento, la falta de motivaciones y las escasas oportunidades de intercambio y superación profesional.

Arístides Naranjo, joven actor matancero, en el personaje de Leonardo de la obra Parece blanca.

“No existe el mismo acceso a talleres, a veces hay criterios atrasados en cuanto al entrenamiento de los actores. Falta confrontación entre los grupos de una misma región y con los de la capital. En algunas provincias hay solo uno, o dos grupos de teatro, en tanto en La Habana son muchísimos y están más interconectados”, reconoce Lida Morales.

La Vice-presidenta de Desarrollo Artístico del Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE), Bárbara Rivero, precisa ante esta situación que los directores artísticos de todos los grupos del país se invitan a los festivales de teatro de La Habana y de Camagüey, sin embargo esa práctica se ha debilitado por la falta de recursos económicos. “Siempre tratamos, no obstante, de llevar los grupos de la capital al resto del país, así como a los conjuntos extranjeros que nos visitan, pero eso depende de las capacidades infraestructurales de cada provincia para acogerlos”.

A pesar de los esfuerzos del CNAE, el acceso a la información y a los eventos en todas partes por igual y, sobre todo, la necesidad de una vida cultural en la provincia que eduque al público, es reclamo constante entre los actores. “La mayoría de los eventos son en la capital y a ellos acuden de otras provincias los actores que traen un espectáculo; no hay posibilidades de que vengan los que hacen radio o trabajan en un telecentro y que también necesitan ese intercambio con los talleres que se ofrecen en la sede nacional de la UNEAC, con las clases magistrales del ISA y de la Universidad de La Habana”, opina Lida.

Otros actores, de generaciones precedentes, coinciden con estas opiniones cuando rememoran sus inicios en la profesión. “Yo decidí hacer teatro y supe que la única forma de ser actor era quedándome en La Habana, porque era donde más auge tenía y tiene el movimiento teatral. Ahora hay más tentaciones por las posibilidades de hacer televisión y cine. Además, fuera de la capital falta esa rivalidad entre grupos que genera una competencia sana. Creo que fuera de Ciudad de la Habana la gente que hace teatro está un poco sola pues les falta con quien compartir práctica y teoría”, comentó al Portal del Arte Joven Cubano el actor y director de teatro Alexis Díaz de Villegas.

Lo dicho, lo hecho y lo establecido

Yanier Palmero en la obra Tatuaje.

La ubicación laboral de los actores egresados de la ENA y del ISA es responsabilidad del Departamento de Recursos Humanos del Consejo Nacional de las Artes Escénicas.

Marlén Sánchez, directora del Departamento, explicó a esta publicación que a los egresados se les da un tratamiento especial regido por el Decreto Ley 3771, aprobado por el Ministro de Cultura. Según el documento a los actores se les ubica en las compañías teatrales cercanas a su municipio de residencia y una vez allí se les comienza a adiestrar en la vida laboral con el director del colectivo. Luego, se les debe garantizar la superación a través de cursos de habilitación dentro de su especialidad.

Los recién graduados cuentan también con un jefe de escena y otros asesores que deben guiarlos en la primera etapa de su quehacer laboral y por supuesto, tienen el derecho de participar en todos los montajes según sus capacidades y aptitudes. La ley establece además que deben hacer tres años de servicio social, pero ya a los dos años pueden recibir su primera evaluación.

Asegura Sánchez que se trata de mantener el contacto de los Consejos Provinciales con el CNAE para que los actores, después de graduados, puedan venir a la capital a ganar experiencia en una interrelación que les permita superarse. Sin embargo, todos los entrevistados coinciden al señalar la falta de intercambio como uno de los puntos débiles del movimiento teatral fuera de Ciudad de La Habana.

La existencia en la capital de espacios como Mayo Teatral, El Festival de Teatro de la Habana y más recientemente las Jornadas de Teatro Villanueva, unido a una diversa y constante cartelera teatral en las más de 30 salas de la ciudad, se contraponen a las discretas opciones que suelen mostrar otros territorios, relegados como opciones para establecerse profesionalmente.

Por otra parte, el surgimiento de la Resolución Conjunta número uno del año 1993 permite a los artistas tener doble contratación en cualquier región del país. Esto favorece las posibilidades de acceder a las opciones laborales capitalinas, sin necesidad de realizar un cambio de dirección.

El problema es internacional…

Podría decirse que ha ocurrido desde siempre. Tiempos pasados ya eran testigos del éxodo de los habitantes de los campos hacia las urbes, situación que se acentuó cuando la Revolución Industrial en el siglo XVIII concentró producción y riquezas en las ciudades. El fenómeno alcanzó todas las esferas de la vida social. El arte no pudo, no quiso escapar.

A nivel internacional los más importantes circuitos del arte se emplazan en los centros fundamentales de cada país --Hollywood, la Meca del cine; Milán, Capital de la moda; París, Ciudad de los pintores--. En las naciones menos desarrolladas, donde se acentúan los contrastes, esto se hace aún más evidente.

En Cuba la concentración en la capital de la producción artística tiene condicionantes históricas que han atentado contra el desarrollo análogo de la cultura en todo el país. En 1959 el triunfo de la Revolución abrió paso a un nuevo sistema social que se proponía transformar a la Isla desde los cimientos. Pero este proyecto recibía a una nación con una economía deformada, un lastre de problemáticas sociales y la notoria desigualdad entre el desarrollo de la capital y el resto del territorio nacional. Así lo había determinado la administración de la metrópoli española y así lo afianzaron los posteriores gobiernos neocoloniales.

Cabaret, puesta en escena reciente del grupo Mefisto Teatro, contó con la presencia de noveles figuras.

La construcción de centros culturales se agrupó en La Habana desde los siglos XVIII y XIX. A partir de la primera mitad del siglo XX ya existían en la ciudad instituciones para la enseñanza artística, lo que trajo aparejado una tradición y un desarrollo orgánico de esa esfera. Mientras en la capital había desde entonces grupos profesionales, en el resto de las provincias el movimiento teatral se nutría, sobre todo, de aficionados, refiere el decano de la Facultad de Artes Escénicas del ISA, Osvaldo Cano.

Desde entonces se fue conformando en La Habana un público que asistía con regularidad a las funciones y demandaba de modo creciente esas ofertas culturales. Por los años 30 del siglo XX la presencia del Teatro Bufo y las zarzuelas en las salas hacían de la urbe la principal plaza escénica de América, sentando un precedente y estableciéndola como paradigma de calidad. El Alhambra, el entonces Teatro Nacional —hoy Gran Teatro de la Habana García Lorca— entre otros, fueron escenarios de los mayores éxitos de la época.  

Según destaca el historiador Rine Leal, en el libro Teatro cubano en un acto, a partir de los años 40 se afianza aún más el movimiento profesional en La Habana, a través de instituciones como Teatro Universitario, Prometeo, Patronato del Teatro, Teatro popular y otras que consolidaron la aparición de un público estable y asiduo a las funciones que consideraba elegante y distinguido asistir a ellas.

La cronología nos devuelve al punto de giro que marcó el año 1959 en el desarrollo de la educación y la producción artística. Un grupo de transformaciones se encaminaron a extender la cultura a todo el país, pero, refiere Osvaldo Cano, el proceso no tuvo la misma fuerza fuera de la capital.

“En algunos lugares ese impulso prosperó más que en otros: se conformó el Conjunto Lírico de Cienfuegos, el Cabildo Teatral Santiago, pero concurrían también muchas intermitencias”, destacó Cano, para quien no se logró entonces, ni existe hoy, una descentralización del país en la esfera cultural que favorezca el desarrollo de movimientos teatrales con calidad y pujanza a nivel nacional.

En 1976 se funda el ISA en Ciudad de la Habana con el objetivo de graduar de nivel universitario a creadores de todo el país en las diferentes manifestaciones. Nuevas figuras con aptitudes para el teatro comienzan a llegar de todas partes de Cuba para formarse en la capital. Como bien afirma la Vice-presidenta del CNAE, Bárbara Rivero, los talentos se dan de manera espontánea en cualquier lugar y desde la creación del ISA han tenido la oportunidad de formarse en el único Instituto Superior de Arte del país, sin importar el punto de la geografía que los vea nacer.

Desde aquella fecha un por ciento grande de egresados se ha quedado en la capital, donde hay, entre otras cosas, menos trabas moralistas que en el interior del país y por tanto, muchas más posibilidades de expresión artística, afirma Cano, graduado del primer curso regular de Teatrología del ISA. El teatrista reconoce que en las escuelas de arte el estudiante se transforma y luego contrasta lo aprendido con su punto de partida.

Esto, sin dudas, ha condicionado el panorama teatral fuera de la capital del país. En Ciudad de la Habana hay actualmente más de 80 grupos, mientras en Cienfuegos, por ejemplo, hay sólo unos diez, en tanto Pinar del Río carece de conjuntos especializados en el trabajo con marionetas, o para niños.

Bárbara Rivero señala que las opciones de trabajo para los actores en otras provincias resultan menos atractivas, entre otros aspectos, porque fuera de la capital son más estáticos los paradigmas que rigen las producciones teatrales. Algo que se relaciona estrechamente con la falta de intercambio y superación que reconocen todos. “La hermeticidad con que trabaja en ocasiones un grupo o un movimiento teatral no propicia la evolución de concepciones y lenguajes, que en el arte están en constante transformación”.

A esto se une otra peculiaridad. Es en Ciudad de la Habana donde están los órganos de prensa de alcance nacional y donde, a decir de Osvaldo Cano, quien mantiene una columna semanal sobre teatro en Juventud Rebelde, se concentra la mayor propaganda especializada, casi siempre circunscrita a las carteleras capitalinas. “Es difícil encontrar en los medios provinciales críticos o teatrólogos que escriban sobre esta especialidad y que lo hagan de modo estable”.

Dar un giro dramatúrgico a la historia

Arístides Naranjo interpreta a José Milián en Si vas a comer espera por Virgilio.

Las nuevas generaciones de artistas enfrentan las adversidades del éxodo como único modo posible de alcanzar sus anhelos. Palmero confiesa que sus mayores expectativas y sueños son realizables solo en la capital. “Aquí está la oportunidad de hacer radio, televisión, cine. Tu provincia espera que regreses y el servicio social te obliga a hacerlo de cierta manera, pero eso no limita que trates de quedarte donde está el desarrollo. Si te vas, sabes que solo puedes llegar hasta un punto, pero como creador necesitas ampliar tus horizontes.”

Héctor Medina, también graduado de la ENA y actualmente estudiante del primer año del ISA, refiere que cuando llegó a la capital fue con la idea de retornar a su provincia, Pinar del Río, donde hay una sola sala --La Barraca, sede de Teatro Rumbos--, para trabajar dirigiendo obras en el mismo grupo de aficionados donde comenzó. “Pero en tercer año empezaba a madurar y comprendí que mis ambiciones profesionales no podía satisfacerlas en Pinar. Tenía aquí, ya no sólo la posibilidad de hacer teatro, sino también televisión y cortos de ficción con el ISA. Comencé a trabajar en La Habana y mis sueños se empezaron a realizar en esta ciudad, mientras aquí mismo van surgiendo otros”.

Este joven actor que actualmente participa en un proyecto cinematográfico del ICAIC refirió que, no obstante, le encantaría presentarse en su provincia. “Mi sueño es poder mostrar allá mi trabajo, ya sea en sala o en espacios públicos, con el teatro callejero que tanto me gusta.”

Entretanto, la capital se alza como una meta difícil, pero alcanzable para los egresados, quienes, como todos los que inician el largo recorrido profesional, tienen grandes deseos de realización. Revertir el éxodo de los jóvenes actores se erige entonces como asunto complejo. Cambios en este panorama solo se harán visibles cuando todas las provincias garanticen las condiciones necesarias para colmar las expectativas de los recién graduados, hoy mucho más exigentes que hace algunos años.

Alternativas para enriquecer los movimientos teatrales fuera de la capital ya se implementan. Actualmente existen Escuelas Provinciales de Arte en Santa Clara, Camagüey, Bayamo y Santiago de Cuba. Estos centros tienen a su cargo la formación de actores de nivel medio en su propio entorno, lo cual propicia que una vez graduados permanezcan allí. Sin embargo, para el nivel superior, aunque el ISA cuenta con unidades docentes en Camagüey y Santiago de Cuba, la especialidad de teatro se imparte sólo en Ciudad de La Habana.

Ante ello, una vez graduado, cada actor o actriz construye su trayecto profesional en el que todas las señalizaciones parecen apuntar hacia la urbe capitalina. En el camino de la actuación la emigración interna se torna representación constante, no como esas que concluyen con los aplausos y la caída del telón, sino como historias reales que viven cada día quienes apuestan, a pesar de los contratiempos, por el mundo del escenario y del audiovisual cubano.

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