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Los tambores de Kong
Mirada a la escena cubana III
Destino documental de los ‘90
¿De vuelta al teatro de salitas? (Mirada crítica a la escena cubana II)
Feria del Libro: ¿Espacio para promover jóvenes escritores?
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Felices lágrimas negras
¿Dónde estás, Pocholo?
Danilo el diverso
¿Qué estamos validando?
Clips de escalera
Estrellitas de cartón

Al cierre de la valla: primer round  

Por: Jorge Enrique Rodríguez

(…) no se puede odiar las raíces de un árbol
       sin odiar el árbol (…)
-Malcom X

Obligado por diversas “razones circunstanciales” debo revisitar, una vez más, este comentario o ejercicio de criterio. Presumo que la razón primitiva de estos escarceos sea, quizás, el hecho mismo de referirse a los avatares de un movimiento socio cultural y, por consiguiente, el abocarse a sus cauces (y causas) ha determinado el sino, la volición de no entregarse al reposo. El origen de esta singladura se perfila en la IV edición del “Simposio Internacional de Hip Hop” que, cada año, convoca y organiza La Fabrik_a, con el coauspicio de la Agencia Cubana de Rap (ACR), el Instituto Cubano de la Música (ICM), el Consejo Nacional de Casas de Cultura (CNCC) y la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

Lo que serían “apuntes dispersos” para una posible conferencia   -que tuve el privilegio y el honor de compartir con Nahanda Abiodum, mujer cabal, militante de Panteras Negras, ciudadana norteamericana residente en Cuba y hacedora del espacio de diálogo y debate Sankofa -fueron conformando lo que algunos han querido signar como “aclaración de dudas” y que otros, menos inclinados a tolerar la historia contada desde otro modo, sindican de herejía. Extrañamente, todos se hallan sobre lo cierto; incluso yo, cuando agrego que la pasión me asiste (y me asistirá) en cada uno de los pronunciamientos que me son dables y pertinentes. Y es que, pasión y complacencia no son, necesariamente, sinónimos. Discursar desde la pertenencia, es la postura que asumo en tangencia, y sólo desde ella sostener la caída libre que implica toda independencia de criterio. Sólo desde ella la posibilidad de ser, preguntar a contra corriente a dónde pertenecemos, y por qué apostamos a esta pertenencia, y con ello intentar reabrir(nos) al debate.

El Movimiento Hip Hop cubano como actitud alternativa, es por derecho propio patrimonio insoslayable de nuestra cultura urbana, y más allá de cualquier otra “nomenclatura forzada” a la que nuestros “catedráticos” deseen suscribirlo. Las dudas al respecto carecen de un fundamento realmente abarcador, y por tanto justo, del propio concepto cultura de resistencia. Dudas que palidecen ante el dique que, a contracorriente, han erigido aquellos que  rearticulan un discurso desde la postura legítima de pulsar y sobrevivir una realidad con la cual no se identifican ajenos, ni predadores, sino edificadores, codificadores y protagonistas de un proceso socio cultural a fuerza de reflexión, crecimiento estético y criterio propio.

La ignorancia, consciente o no, de los valores inherentes a la Cultura Hip Hop   - de sus aportaciones, de su línea conductual en la búsqueda y superación de su discurso estético, cívico y social-   ha significado un abismo que impide, incluso ahora mismo, comprender de una vez y por todas que Hip Hop  -y los elementos que abarca -  representa un movimiento de transformación social y cultural genuino, dialéctico, identitario, comprometido, que es verificable en las comunidades de donde nace, y desde donde se trasciende a sí mismo. Las elites artísticas, sociales, pedagógicas, políticas y culturales se han encargado de obviarlo, y con ello, negado a dialogar con esa otra realidad nuestra, con ese otro criterio nuestro que, en mucho y por mucho, podría enriquecer nuestra cosmovisión, nuestra tradición de respeto por la otredad y la diversidad.

Sobrarán aquellos que, agazapados tras la emboscada de quien llega tarde a la guerra y además pretende escribir la historia, “desclasificarán” ante nuestras narices el “catálogo” de acciones institucionales que, en su momento, “fomentaron”  y “apoyaron” al movimiento en la isla (festivales, eventos, peñas, revistas, agencias, el copón bendito). Pero si en algo nos debemos a la razón y a la honestidad, aceptemos (o al menos toleremos) que ninguna de estas “alianzas” nace de un proceso natural de retroalimentación , ni de la voluntad espontánea de asumir un fenómeno que nos compete y nos rebasa, ni de querer tocar fondo con un sucediéndose que mucho más que canción es doctrina, sino más bien de circunstancias que, a fin de cuentas y a largo plazo –como todo mecanicismo y obligación salarial- terminan por conducir(nos) a callejones de muy estrecha salida.

Podría exponer aquí -con cuestionable profundidad, en tanto se trataría de mi modo de entender(me) con el entorno-cómo, cuándo, dónde, y por qué GRUPOUNO, que considero como “la primera acción concreta de activismo socio-cultural y estético desde el Hip Hop ya en conciencia de sí mismo como movimiento”.  Pero el espacio impediría el ensayo que implica cualquier acercamiento hacia y sobre este proyecto fundacional, gestado por el poeta y promotor Rodolfo Rensoli a mediados de 1995, en el reparto “Antonio Guiteras” de la zona este capitalina, durante el primer “Festival de Rap” en Cuba, que resultó además “el primer gran impacto institucional de práctica sistemática en el país desde el Hip Hop”, hasta su extinción nueve ediciones más tarde. Me limito pues, a (re)explorar aquellas causas, objetivas y subjetivas, que con(jugaron) las corrientes de poder para “desembarazarse” del incómodo  Movimiento Hip Hop cubano, aludiendo a la superficial sentencia: “no existe movimiento de Rap en La Habana” (que era decir, prácticamente, Cuba toda en aquellos tiempos). Históricamente se ha hecho énfasis –tanto que ha trascendido como la versión oficial- en que las causas que originaron esta supuesta/presumida inexistencia, fueron “exclusivamente” de carácter interno del Movimiento, propiciado especialmente a partir de las crisis creadas por el diferendo rap underground versus rap comercial.  Semejante afirmación no es (tan) cierta.  Me hallo en la obligación de disentir con ella aunque se desaten los demonios, y haya que afilar las ordalías.

Los  espacios (físicos y espirituales) alcanzados -hasta el instante mismo en que hizo acto de presencia el demoledor y “eficaz” veredicto- se hicieron agua entre las manos. En vano sería entonces aquella trascendental entrevista que una delegación de importantísimos creadores, promotores y activistas del Movimiento Hip Hop y del Movimiento Pro-Negro en los Estados Unidos -entre ellos Danny Glover y Harri Belafonte- sostuviera con el Comandante Fidel Castro en el año 2001.  Encuentro  que, innegablemente,  impulsó y coadyuvó al Movimiento en la isla hacia una apertura y participación mucho más cohesiva, mucho más articulada, mucho más comprometida, que respetara y asumiera los presupuestos y principios Hip Hop dentro del panorama estético cultural cubano. Pero -desgraciadamente y muy pronto- esta “apertura” cedería terreno ante el empuje de la praxis burocrática, vertical y centralista, generada desde los desacertados métodos y estilos de dirección institucional, que coexisten junto a la voluntad y los valores que nuestra Revolución propugna y promueve para nuestras políticas culturales. Entre los temas abordados en aquel encuentro estaría, precisamente, la importancia de la consolidación y la unidad del Movimiento Progresista Hip Hop en Latinoamérica y el Caribe, como bloque y resistencia frente a la hegemonía imperialista y sus transnacionales del mercado artístico cultural; la urgencia en la búsqueda de estrategias y alternativas de promoción para la creación artística y la acción cívica  y el imprescindible papel de la comunidad en el replanteamiento de las luchas antiimperialistas.  En vano sería entonces, también, todo el trabajo vinculante y de retroalimentación con las comunidades que se venía gestando y reformulando desde el Movimiento, con el objetivo de devolverles a éstas el protagonismo en la creatividad, la conducción de sus procesos culturales, y el cómo rearticular de manera eficaz los diferentes factores existentes para dinamizar las potencialidades de las mismas. Todo este accionar, verificable también (pero, no hay peor ciego…), no fue suficiente razón para las elites, decidoras  de cuáles son y cómo se instrumentan las líneas de enriquecimiento espiritual y de calidad de vida a través de la cultura y sus más diversas expresiones.

Sería oportuno, y muy saludable, reformularnos los siguientes cuestionamientos: ¿Por qué se ha manejado desde siempre el término Movimiento de Rap, y no Movimiento Hip Hop  como debería ser? ¿Se es consciente o no de la diferencia, de lo incluido y de lo soslayado? La diferencia puede resultar sutil a los inadvertidos, pero es abismal la discrepancia entre lo que añora el ebrio y lo que trasciende al camarero. Para comprender la cisura, el punto donde todo ademán o política ha transitado la desventura al querer “apropiarse” la “tarea” de ubicar al Movimiento dentro del discurso único en nuestro escenario cultural, sería imprescindible detenerse primero en la advertencia de Krs One: “Rap es algo que haces, Hip Hop es algo que vives”, y que a su vez está fundamentada en el demiurgo de este fenómeno social: “Hip Hop fue la voz de una generación que rehusó a ser silenciada por la pobreza urbana”. Salvando (y respetando) todas las distancias y circunstancias históricas que elevaron a la Cultura Hip Hop desde los ghettos negros de Norteamérica contra todas las formas de opresión y de racismo a nivel mundial, el Movimiento cubano conserva la esencia del discurso que lo  identifica más allá del símbolo, como una señal viva de resistencia ante lo estático, lo autocrático, frente al estancamiento de la tramoya pedagógica y la ejecución estilo  “filin” con que  suelen abordarse nuestras problemáticas sociales y culturales.

Obviar que Hip Hop no cabe  -aunque quisieron y aún quieren-  dentro de un Festival (internacional o no), dentro de una Organización para creadores (de vanguardia o no), o dentro de una Agencia (mercantil o no), ha significado la más grande ingenuidad conque se han conducido ideólogos, teóricos, promotores, críticos, investigadores, analistas, especialistas y creadores, en la historia de los movimientos socio-culturales en Cuba (al menos los que yo recuerdo y conozco).

Juzgar los Festivales organizados por GRUPOUNO desde sus resultados no alcanzados, sería casi tomar el rábano por las hojas. Sin embargo seríamos más justos (exactos) con este proyecto cultural comunitario -y con la historia misma-  si lo hiciéramos desde los fundamentos que los originaron, desde la oportuna respuesta que éstos dieron al creciente movimiento, estilo, y actitud alternativa que se evidenciaba en las comunidades de la periferia, y que plagaban ya la urbanidad habanera toda y se extendía en caída libre, a lo largo de la isla. El underground, -entendido como oposición a toda política de mercado establecida/orquestada para el puro entertaiment-  en toda su dimensión, fuerza y expresión, a la luz del período especial cubano y sus claras subjetividades, permeaba el ornato público, antes reservado en exclusivo a la carátula de guías turísticas y que sólo “afeaba” el “controlado nomadismo” de la última generación auténtica de hippismo. Quiérase o no, póngase bravo quien se ponga, el movimiento underground en Cuba, nace del seno Hip Hop, de su discurso, de su postura más allá del glamour contestatario. GRUPOUNO lo supo, y lo intentaría proyectar y legitimar a través de aquellos festivales.

No son pocos quienes consideran que el coauspicio de estos festivales  -y algunas de las acciones y procesos hacia su realización-  con la AHS, fue un error que a la larga conllevaría a que estos desaparecieran del escenario. Mi criterio -ya en la distancia y el tiempo- es que GRUPOUNO, como promotor y voz del Movimiento, no supo comprender su propia estatura (su liderazgo, su auténtica y soberana autoridad para exponer  los presupuestos, las definiciones, los estatutos Hip Hop) para sindicar que, mucho más allá del Rap sobrevive todo un universo que integra al arte,  la cultura, la intervención social, el trabajo comunitario, el activismo cívico, como defensa y conservación de valores éticos, estéticos del patrimonio y la identidad nacional. Todavía me pregunto, por qué GRUPOUNO confió en que la AHS sabría de estas formulaciones; qué hizo suponer a GRUPOUNO que la AHS comprendiera en su acervo, las esencias del Movimiento Hip Hop.

No podría culparse -y he aquí tal vez el gravísimo error del Movimiento-  a una Organización que únicamente se estructura para estimular, promover y defender la creación artística de los jóvenes escritores y artistas. En un artículo publicado en la revista electrónica Esquife señalé que, “la AHS no es responsable (…) no es su tarea asumir movimiento socio cultural alguno, aunque sí tiene el deber de plantear soluciones puesto que ‘la cultura no sólo se puede concebir como la creación artística y literaria’ según expresó el maestro Aurelio Alonso(…); debemos comprender que ello es responsabilidad (llamo la atención en esto) de todas y cada una de las estructuras, organismos e instituciones del país(…)”. No se puede culpar, repito, a la AHS sobre el destino o de las crisis del Movimiento Hip Hop, sino de su gran incidencia -ciertamente-  en la extinción de los FestivalesInternacionalesHabana Hip Hop. La carencia de un diálogo funcional entre la AHS y los líderes del Movimiento, el mal empleo de recursos en función de efectivas alternativas de promoción y divulgación, la visión habanocéntrica de ambas partes, las lógicas y naturales distensiones internas del Movimiento, (que  no supieron enjaezar, ni asumir y que, ¡¡¡erróneamente!!!, buscaron su solución en la AHS) propiciaron en gran medida la extinción de este evento.

Es justo señalar que -a partir de la idea que un grupo de raperos miembros de la Organización expresara en uno de sus cónclaves en agosto de 2001 -la AHS ejerció sus potestades y facultades ante las instancias superiores, a favor de la creación de la ACR, que abriría sus puertas el 16 de septiembre de 2002, y casi al mismo tiempo se alzaría como la institución cultural más polémica del último lustro, antes de ser dirigida años después por Magia López, figura emblemática e imprescindible dentro del Movimiento. La “designación” como directora de la ACR a una persona cuya experiencia profesional se había desarrollado en el Instituto Cubano del Libro, (desconocida, desconocedora y totalmente al margen del Movimiento Hip Hop) engrosaría esa larga lista de decisiones ejercidas demagógicamente. Decisiones que a veces me hacen cavilar sobre el sano juicio de quienes las toman. Cuenta la leyenda (o el rumor, para ser exactos) que la desatinada decisión fue resultado de la pugna entre dos candidatos (sí conocedores y conocidos dentro del Movimiento) al poder, y que al no solucionarse la querella, se solventó desde “arriba” la designación que abriría las puertas al apocalipsis y al desconcierto. Cierta o no la leyenda o el dislate, el hecho innegable es que la ACR, en ese período, se convertiría en la “Agencia Promotora” del Reggaetón, en franca traición a los presupuestos para los que fue creada y pensada. En mi criterio personal, la última oración de aquel “amago de manifiesto” que saliera en el número 1 de la revista Movimiento y que expresa: “el camino está abierto y este es el momento de transitarlo con inteligencia para lograr el éxito”, se convirtió en mucho más que una utopía, en un sueño irrealizable. Extendernos en los desmanes y atropellos que allí -en la ACR- se cometieron a favor de enterrar y subvertir la auténtica expresión del Rap, sería rememorar y traer a colación detalles amargos y harto dolorosos. Evitemos transitar por ello a favor de la ética.

¿Qué podríamos impugnarle al Movimiento Hip Hop internamente, que no sea el reflejo condicionado e incorporado de cualquier sociedad (la que usted elija) en sus estilos cotidianos de vida, y aquí reitero por enésima vez, que Cuba no es regla ni excepción? Cierto es que, supuestamente todo movimiento implica al margen de, opuesto a, pero en aquellos inicios las transformaciones o replanteamientos del Hip Hop estaban enfocados hacia zonas temáticas elementales, que en su medida y a su debido tiempo irían abriéndose camino hacia problemáticas mucho más tangenciales y trascendentes. Se le exigió al Movimiento, en aquel entonces, resolver cuestiones que a la Humanidad le había tardado siglos en solucionar, y otras que aún permanecen inexploradas siquiera, vigorosas además. No creo que ninguna de estas crisis transitadas por el Movimiento hubiese significado el fin de su existencia. Ello ha quedado demostrado fehacientemente a pesar de todo, y por encima de todo, a pesar de la sentencia y del veredicto.

Las ediciones del Simposio Internacional de Hip Hop, que no sólo convoca y reúne a lo más relevante de la Cultura Hip Hop en todo el país, sino que cuenta con una presencia y participación internacional de altísimo nivel y jerarquía, es hoy cátedra por excelencia para toda Latinoamérica, y referencia para Europa sobre el alcance y la evolución del pensamiento progresista y de izquierda por estas latitudes del planeta.  A través de talleres, encuentros y espacios para el diálogo y la confrontación, se debaten temas de profunda pertinencia -lejos del teoricismo gratuito y la metatranca catedrática-  que trascienden la problemática y la realidad cubana. Considero como una derrota de nuestra política cultural la no realización este año del Simposio Internacional de Hip Hop. La crisis económica global, que por doble razón afecta a nuestra isla, no debió ser la justificación “a mano” con la cual nos hemos desentendido de un suceso que jamás debió dejarse a la espontaneidad, ni a la suerte que podría tener, llegado el momento, el presupuesto que se le asignó al evento desde el CNCC. Creo que el Simposio Internacional de Hip Hop, por lo que promueve y propicia, debe ser una responsabilidad de toda la estructura cultural cubana. No se trata de recursos, se trata de jerarquizar los espacios, de comprender a cabalidad cuáles son aquellos eventos que verdaderamente aportan, y cuáles otros son “más de lo mismo”.

Ejemplos sobrarían para validar que el Movimiento en la isla, a pesar de las expectativas emboscadas, se ha fortalecido en todos y cada uno de sus elementos, evidenciado en eventos como el Local Scrash Dj, La Pista Ancha (dedicado al Break Dance), La Batalla de Gallos (evento de Free Style), La Capital de la Moña (con Rodolfo Rensoli a la cabeza), Proyecto Cultural Sankofa (espacio educativo y de confrontación) además de diversos proyectos de innegable referencia como La Fabrik_a  y La Comisión Depuradora, que desde sus propuestas particulares configuran la punta de lanza del Rap cubano.

Mucho le queda por aprender al Movimiento (aunque aprendió algunas lecciones, me consta). Es largo el rumbo a desandar y lleno de esas buenas intenciones que suelen poblar el camino hacia el infierno, pero que la reflexión y la unidad (desde lo diverso y hacia lo unitivo) es capaz de desbrozar, si es que de a corazón se contemplan las cosas, más allá de símbolos y significaciones. Me atrevo a reafirmar, con toda la responsabilidad que implica, que sus aportes se emplazan sobre el crédito de un pensamiento socio cultural auténtico, que plantea a su paso la búsqueda de soluciones también revolucionarias y también progresistas para nuestra comunidad, para nuestra realidad, para nuestra condición y tradición de lucha y resistencia. Sirva pues, este mi particular ejercicio de criterio, para unidos (y diversos) reabrir(nos) al debate y pensar(nos) en comunión.

¡Hasta la victoria siempre!


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