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RESEÑA

Por: Antonio López Sánchez
Fotos: La Jiribilla


La nueva edición del Patio de Baldovina, que acoge en su sede capitalina la colega publicación digital La Jiribilla, tuvo como invitado al trovador Eduardo Sosa, esta vez en estreno de su nueva banda acompañante. La otra importante actividad de esa misma tarde de fin de semana y ya casi jugando el noveno inning del mes de febrero, fue la inauguración de la exposición Formato roto, de esa excelente artista plástica que responde al nombre de Diana Balboa.

Para cumplir el viejo y válido precepto de “las niñas primero”, dedicaremos en primer término unas palabras a la muestra. Ya Diana ha dado pruebas anteriormente de su talento y calidad y en verdad esta exposición la reafirma como creadora de ley. Se trata de un conjunto de piezas donde imaginación y realidad se entrecruzan y ofrecen nuevas criaturas. Instrumentos musicales de fábulas; arboladuras y veleros que se han trasmutado de cordamen de piano en isla desafiante sobre azules mares, sin perder la brújula; sets de percusión donde la mixtura del color y del imaginario sonido se tornan en una vivencia, en expectación por venir, más que una sensación sonora o visual. Una excelente exposición de Diana Balboa que regresa por fortuna al tema de la música, una de sus temáticas habituales, con el duro cometido de hacerla visible (incluso sonora) desde al aparentemente inmóvil silencio de un grupo de piezas, trazos y montajes.

Felicitamos a Diana por esta muestra que permanece abierta en la sede de la publicación La Jiriibilla hasta el venidero 26 de marzo. Y convocamos a que sea visitada, con estas palabras de Sigfredo Ariel en el catálogo: “Acrílico sobre lienzo, grabado, instalación, ensamblaje, mixtura sin discriminación, donde todo se integra y a la vez se desarticula en este concierto de una orquesta sin contorno que podrá crecer, seguir creciendo, hasta el infinito. Basta para ello que Diana Balboa continúe poniendo en la música su laboriosidad madura, su arte jovial, su confianza toda.”

Y de música en buenas piezas artísticas de la plástica pasamos a la música regalada en buenas canciones. Eduardo Sosa regaló un concierto sabroso, de agradable selección de temas, casi todos de su más reciente disco y otros de los que ya rondan esperando grabaciones. De la banda, aunque todavía necesita de ese aire de seguridad de los músicos cuando ya se saben hasta el detalle, funciona como magnífico complemento de la obra de Sosa. No solo tienen ya un buen presente sino que atesoran, para regalo de los que gustamos de la buena canción, un prometedor futuro de más altura.

Con este nuevo formato, que consta de guitarra bajo, metales, tres y percusión, además de la propia guitarra del trovador, se posibilita vestir de nuevas sonoridad a una canción que incluso desde la guitarra ya traía medidas de buen sastre. Pero para un habitual cultivador de son, la guaracha y otros géneros dentro de su obra trovadoresca, el acompañamiento resulta una válida apertura. No obstante, trovador de raíz, Eduardo Sosa no abandona la guitarra en solitario, ni olvida traer temas de otros autores si responden a sus objetivos como artista. En esa lista, subrayo destaque para Y si no bastara, un tema dedicado a ese misterio que es la patria, como recordó el cantor en cita a Cintio Vitier y Son para ti, de Pepe Ordás.

Dentro del concierto un detalle a destacar: La jocosa intervención de Sara González para poner fin a cierto “enarbolamiento y santiaguerismo” desatado por el trovador, contento ante la clasificación tardía y casi tinta en sangre, aunque cierta al fin y al cabo de su equipo en la Serie Nacional de béisbol. Y aunque Sara, industrialista hasta la médula, aplaudió el desempeño de los del oriente, no dejó de amonestar a Sosa y recabar público apoyo de los seguidores de los azules. Y en premio, nos regaló a todos un dueto ocasional y de altos quilates en bis sobre esa joya que es Son para ti.

Enhorabuena para Sosa, su banda y hasta su equipo favorito. Cerrando el noveno inning de Febrero, y en el tono beisbolero que invade por estos días la Isla, sin dudas puede afirmarse que la muestra de Diana y este concierto de Sosa se alzan como un buen jonrón hecho a cuatro manos. Por suerte resulta ser la música, y el buen arte en mayúsculas, quienes desde el nombre de estos artistas, ganan para todos el juego.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.