Un encuentro con Leonardo García COMENTARIO
Por: Dayana Rosquete Toledo
Fotos: Yander Zamora
Una vez más el trovador Leonardo García brindó al público habanero su tono íntimo y profundo. Acompañado en ocasiones por el bajo y la percusión, el juglar villaclareño transitó por la rumba, el son y la guajira desde los acordes de la trova. La Sala teatro del Museo Nacional de Bellas Artes fue el escenario donde mostró su obra.
El oído atento de sus seguidores ahí presentes descubrían en piezas como De paso por el sol, 37 versos para una mujer y El demagogo las preocupaciones sociales, el amor, la amistad o la cotidianeidad de esta vida moderna llena de preguntas y en constante búsqueda de respuestas. Emigro, quizás su pieza más conocida, exacerbó las emociones.
Para los amigos quedó reservado un momento especial. La dedicatoria de una pieza a Martha Valdés y el acompañamiento vocal de Inti Santana, mostraron a un juglar fuertemente signado por los valores de la amistad.
El concierto constituyó una exposición de las canciones desde la guitarra, tal como asegura defenderlas. Un auditorio mayormente compuesto por trovadores y seguidores, tarareó sus piezas al compás del instrumento de las seis cuerdas. Previo al concierto, Leo confesaba al portal de los artistas jóvenes que el encuentro con el público habanero era “muy bueno”, sobre todo ahora que algunas de sus obras han sido grabadas y mucha gente las escucha, pasándose los discos.
Este cantautor, surgido de los festivales universitarios de aficionados de la Universidad Central de las Villas, apuntó: “siempre me gustó mucho el movimiento universitario: el trovador es un ente que no sale de una escuela ni nada parecido, sale de adquirir estudios de vida, de leer…y la universidad tiene mucho de todo eso”.
La madurez profesional de Leonardo García ha ido reflejándose en los premios obtenidos en su carrera como trovador. Sin embargo, el juglar confiesa que compone no para buscar premios, sino para sentirse complacido. No obstante, su obra ha sido galardonada en varias ocasiones. Resultó proyecto nacional de la Asociación Hermanos Saíz en el concurso Los días de la música en el año 2000, obteniendo también los premios de la revista cultural El Caimán Barbudo y del Instituto Cubano de la Música. Recientemente, grabó su primer álbum a guitarra. Igualmente, participó en la grabación del disco Acabo de soñar, en el que varios trovadores cubanos rinden tributo con sus interpretaciones a los versos de José Martí.
Leonardo García es fundador del movimiento la “Trovuntivitis” en el Mejunje villaclareño, un sitio que cada jueves tiene reservado el espacio a los trovadores locales y nacionales. Semanalmente, decenas de jóvenes se dan cita allí para seguir de cerca la obra de juglares como Leo. De esa forma surge el muchacho que canta y empieza con modos de hacer interesantes, y donde se mezclan y se renuevan los estilos.
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Sobre los puntos de convergencia entre las diferentes generaciones que forman parte de la trova cubana, Leonardo considera que aun cuando sigan vivas las canciones de Pablo y de Silvio entre los integrantes de este movimiento, ha habido un desarrollo, que no implica separación. Los públicos y la sociedad en su conjunto han cambiado y la trova no ha quedado exenta. Los influjos tecnológicos y los formatos se condicionan por la economía que maneje cada cual. A ello añadió que el desarrollo está mediado según lo que la propia creación demande: “eso es un signo de vitalidad de estos tiempos; la diferencia entre los cantautores. No hay un estilo que todos quieran imitar, eso es importante”, concluyó el juglar.
Así se nos mostró Leonardo García, horas antes de su concierto en Bellas Artes, un creador que no gusta de clasificaciones pero que ya forma parte indisoluble de las nuevas páginas de la trova cubana. Con gran modestia, apoyado en un tono singular y un excelente dominio de la técnica guitarrística, Leo dejó a los asistentes al concierto de este sábado un sabor nostálgico, pero con una mirada profunda a la sociedad y al ser humano desde su voz y la guitarra.
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