
Peña de Manolito
Por: Café Milenio
Los segundos y cuartos miércoles de cada mes en el Pabellón Armando Mestre a las 9 de la noche, el joven trovador Manuel Leandro y sus invitados habituales Alito Abat, Yasser Tarafa y Zurita les proponen la peña Quiero una canción.
Manolito, como todos le conocen, es un muchacho que destila ternura; no solo desde su mirada, sino también desde la letra de sus creaciones. La dulzura de sus canciones y sus arreglos musicales se nos impregna como cada uno lleva en sí su propia Isla, que va creciendo en nuestros corazones como bien dice el cantautor, quien desde los 17 años comenzó a componer canciones con su guitarra y su filosofía amorosa de la vida. A pesar de ser muy joven, Manolito nos asombra con sus poéticas composiciones, con el lirismo de su letras; porque todo lo que canta Manuel Leandro sale de su puño y letra, de sus vivencias de joven inquieto, un poco tímido, pero muy sensible a todo cuanto a su alrededor mueva con un soplo de aire la más simple de las hojas que caen de cualquier árbol.
Intranquilo y sorprendido, enamorado siempre, son muchas las cosas que se pregunta el joven trovador. Muchas son las historias, verdades e ilusiones que lo mueven y le sacan una canción. Basta con escuchar sus letras para transportarnos a su mundo sensible y tierno:
Callada, intransitable llegaste a mí, calma y quietud como la luz que aclara el alba. Sumisa mi alma a ti y embriágame con tu voz. Y me viste arrancarme del pecho una canción para tu alma, susurro, te quiero tanto todo este canto cae como lluvia sobre los autos y sobrevivirán y crecen como lirios. He sentido tanto miedo arrastrándome tus horas en el mar y llevo dentro un desconcierto, la vida me roba una lágrima y quizás desnuda en un verso me guiñes un beso y me salves otra vez solo quiero que me salves otra vez de mi soledad. Y a caminar bajo la luna el viento arrecia la niebla oscura las hojas secas cubren mis dudas y me viste arrancarme del pecho una canción para tu alma.
Trova y poesía se dan cita en estas peñas, donde también se suman poetas para regalarles a los seguidores del anfitrión sus versos entre canción y canción, sucediendo así una especie de lectura performática donde las cuerdas de la guitarra nunca dejan de escucharse.
Es en esencia una buena voz, un excelente intérprete, una presencia joven y, sobre todo, un muchacho con una sensibilidad que puede llevarnos a soñar; ya sea desde una butaca de la casa de la trova, desde una silla del Mestre, desde el sillón cercano a nuestra radio, o desde una de las gomas en que nos sentamos en el Caligari para disfrutar de su arte. Un muchacho que nos interpreta maravillosas canciones, sin llevarnos por caminos rutinarios, de manera única y con un cálido estilo. |