 No pido que rescaten al jazz
Por: Beatriz Rosales Vicente
Disfrutamos en Holguín de la IV edición del Holjazz, evento que desarrolló una gran jornada de conciertos y descargas en las principales instituciones culturales de la ciudad de los parques. Responsable del periplo musical jazzístico fue la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de manos con la Casa de Iberoamérica, la Dirección Provincial de Cultura y la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
Holjazz es la muestra fehaciente del interés sobre uno de los géneros menos estudiados y practicados por los músicos jóvenes cubanos actualmente, por no hablar de que es uno de los menos escuchados o incorporados por la juventud de estos días. Las razones se saben: falta de espacios, escasa difusión por los medios de comunicación masiva; y se habla bastante, en ocasiones como esta, de rescatar el jazz en la receptividad. Y aunque esté de acuerdo, no hablaría de rescate; pues la calidad y creación de jóvenes jazzistas demuestra el enriquecimiento de la tradición cubana.
Que si pocos, que si dónde…, son cuestiones que me preocupan menos que un rescate, porque este último hablaría de ocaso y no de circunstancias, de opacidad y no de opciones; que el jazz no exista para un público-masa, no significa que no se cultive con la calidad y la entrega que siempre exige este desde las primeras notas. Sí creo, no obstante, que de este género tantas veces etiquetado «para públicos élites», es indispensable significar su presencia en el contexto cultural y social actual como elemento que le atañe al desarrollo sociocultural.
La prueba está precisamente en el Holjazz, donde el saxofonista Cesar López y Habana Ensemble compartieron un repertorio que incluye jazz clásico y música popular cubana, en una fusión contemporánea auténtica. Con sonoridades novedosas, Habana Ensemble bien que sabe aprovechar la experiencia del maestro Chucho Valdés, combinándolas con su propio estilo estético. Después de una larga descarga en la Casa de Iberoamérica, para esta agrupación lo principal fue compartir nuevamente con el público holguinero, y formar parte de esta programación que consolida a la ciudad como una sede de lo más renovado del jazz en Cuba.
El jazz no es de ninguna manera ajeno a los procesos de hibridación que dan forma al espectro musical en el mundo, y en Cuba, pues su fusión con géneros de diversos ámbitos es rasgo que lo distingue y enriquece. El resultado, mezcla de madurez artística e innovaciones bienvenidas, tiene el potencial necesario para acercarlo al público –a ese sí habría que rescatarlo-, al tiempo que niega cualquier posibilidad de fugacidad con el caudal genérico y estilístico que ostentan los jóvenes talentos del jazz. Y si de riqueza genérica hablamos, ahí está Venir al mundo, un –primer- disco que agrupa timbres de diversas nacionalidades y épocas en un discurso musical cubano del clarinetista holguinero Ernesto Camilo Vega, quien en esta edición del Holjazz tocó temas de su próxima producción discográfica.
A este evento de jazz también se sumó el proyecto Electrozona, reciente ganador del Premio Lucas 2011 en el apartado de Música Electrónica, con la mezcla de los más representativos temas de la creación jazzística nuestra. Otro motivo que hace ver la joven creación artística como estandarte de un movimiento de música que rebasa la individualidad de un creador y se suma a una tradición iniciada en la Isla desde la década del 20´ del pasado siglo. Notas y descargas compartieron también los músicos Joel Rodríguez Milord, presidente de la sección de Música de la filial de la UNEAC, Gustavo Márquez y Julio Avilés, quienes formaron parte de estos conciertos con el fin de promover el jazz nacional y a las principales agrupaciones que integran este catálogo.
Cierto que las grandes Jazz bands no tienen el auge de otras décadas, que los espacios escasean y ello condiciona la misma producción musical; pero, al decir de Ernesto Vega, siempre habrá buena música en la Isla, más allá de dificultades o ausencias, mientras se llegue a la concepción artística por los caminos del querer decir y no el de querer demostrar. Jazzistas virtuosos, de ayer, de hoy y de ahora mismo, los hay para validar el vigor y la madurez artística de un género musical con profundas raíces en el espectro musical en Cuba.
En vez de rescatar, diríamos entonces que son muchas más las cuerdas que hay que pulsar para fomentar y difundir. Ayuda, pero no basta, la aparición más o menos frecuente de noticias sobre el jazz en los medios de prensa, si no tenemos en cuenta que el gusto por el jazz es el agente a través del cual los sujetos sociabilizan, interaccionan, y consumen representaciones. Y en esta cuerda, crear espacios de música jazz pasaría por el análisis del acceso real que a estos tengan los individuos a quienes se pretende llegar en un discurso integrador; y además, por la influencia de tales espacios en la conformación de grupos que intercambian entre sí.
Cuerdas hay más que en una guitarra, porque por otra parte músicos y expertos del jazz coinciden mayormente en que el gusto y la inclinación personal por el jazz les vino en gran medida de la tradición familiar –un modelo reproductivo hacia los descendientes, o entre personas en estrecho contacto-. La etapa adolescente se muestra asimismo determinante en este proceso de apropiación; sin embargo, el público adolescente –con sus características y peculiaridades- no es tenido en cuenta a la hora de conformar espacios donde el jazz sea anfitrión principal, ni siquiera a la hora de la tan polémica difusión, por lo cual se obvia un torrente posible de artistas o seguidores del jazz.
Por eso no coincido en con el rescate del jazz, sino con la búsqueda abarcadora de alternativas para que la propuesta jazzística cubana se aprecie en espacios sistemáticos, además de los eventos como el festival Internacional Jazz Plaza o el Holjazz.
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