¿Música electrónica vs. música popular?
ENTREVISTA
Por: Danny González Lucena
Fotos: Cortesía del Entrevistado
Nacional Electrónica es un proyecto creado por los jóvenes Edwin Casanova y Alexis de la O en el año 2004. Ambos se conocieron en el Instituto Superior de Arte mientras estudiaban diseño escenográfico. Sin embargo, el arte los guió por el camino de la música electrónica, y a lo largo de seis años alimentaron su carrera con una variedad de propuestas, de gran interés para algunos directores de cine y danza, que han musicalizado sus obras con piezas instrumentales de estos noveles artistas.
En la actualidad continúan trabajando incansablemente, siempre al tanto de las nuevas tendencias del género desarrollado por ellos. No obstante, Nacional Electrónica todavía tiene una incipiente popularidad, a pesar del valor musical de su repertorio.
En una informal conversación con Edwin Casanova, pude conocer sus inquietudes y aspiraciones, como parte de dicho proyecto.
¿Qué los diferencia a ustedes de los DJ´s?
“El término DJ viene de ‘Disc-Jockey’ o ‘Pinchadiscos’, que desde la década de 1970 se refiere a quien programa, reproduce, organiza o mezcla la música en vivo en una emisora de radio, una fiesta, un club, un escenario... Aunque pueda parecer sencillo, es una práctica que depende mucho de la intuición, el gusto musical, la experiencia u oficio técnico del DJ con las herramientas o equipos a su alcance y, por supuesto, de su oído sonoro. De acuerdo con la selección de temas y la manera en que combine estos en vivo, irá generando distintos estados anímicos en el público que escucha o, principalmente, baila.
“Por tanto, un DJ no tiene que ser necesariamente un músico, aunque de cierta forma sí un intérprete. Digo que no ‘necesariamente’ un músico porque sin acudir a temas propios, sino compuestos e interpretados por otros, puede crear una sesión en vivo única y brindar un gran espectáculo.
“Sin embargo, actualmente es usual que además compongan o ‘produzcan’ sus propios tracks, o remezclas de temas que existen. Cuando remezclan a veces transforman y popularizan tanto el original que parecieran temas nuevos o propios del DJ, como puede ocurrir con un arreglista musical.
“Nosotros no somos DJs, principalmente porque partimos del incentivo de crear siempre nuestra propia música, la componemos de punta a cabo y aunque predominan ritmos muy marcados, no es típicamente bailable. No tenemos la habilidad de poner discos en vivo, tampoco nos ha interesado mucho hasta el momento. Cuando nos presentamos frente al público es solamente con la música que hacemos y con el interés de que se nos escuche, más a modo de concierto que como música para bailar, si bien en alguna ocasión podemos hacer remezclas e inyectar una dosis de techno”.
¿En qué estado, según tu criterio, se encuentra el desarrollo de la música electrónica en la Isla?
“Está en estado embrionario, o quizás ya de recién nacida. Si bien hace unos 6 o 7 años solo éramos unos pocos atraídos por esta música, ahora somos unos cuantos motivados por componer y promoverla.
“Puede afirmarse que en el público y en algunos artistas ha surgido el interés por los géneros electrónicos, pero es preciso que se mantenga y crezca, vaya transformándose y se complejice.
“Se necesita, todavía más, el apoyo abierto de las instituciones en vez del rechazo y la falta de conocimiento e investigación por parte de algunos críticos o musicólogos. La música electrónica, que tuvo sus inicios aproximadamente en los 70's, es un fenómeno que está teniendo gran repercusión en lo que va de siglo porque se ha favorecido por la introducción, tan intensa, de la computación y las posibilidades de la composición digital.
“Por otra parte, muchos llegan a la música electrónica principalmente por sus géneros bailables y desconocen otras expresiones más experimentales en la música pop, temas de electrónica cantados o en música compuesta simplemente para escuchar, con mucha atención en conciertos pequeños.
“Todavía falta bastante para que la música electrónica pueda verse como una más dentro de la música popular. Quienes tienen prejuicios con ella deben comprender que introducir esta música en nuestro país es un proceso de actualización respecto a algo que tiene más de tres décadas en el mundo. En los años 80 despertó interés en algunos músicos cubanos, pero luego quedó tronchado.
“Es lógico, además, que en los principios se transite por un proceso imitativo para poco a poco encontrar una buena imbricación con los ricos elementos de la música cubana, lejos de caricaturizarla.
“Si la música electrónica en Cuba está teniendo aceptación y divulgación, es gracias a una parte de los DJs, que desde finales de la década de 1990 empezaron a promoverla, por eso hoy se organizan festivales”.
Algunas personas confunden la música electrónica con la electroacústica…
“Esto es algo que no lleva mucha opinión, más bien conocimiento y no somos especialistas en el tema, ni musicólogos, pero podemos explicarlo a nuestra manera.
“La música electrónica en general surge a principios del siglo XX, producto de la experimentación de artistas futuristas y músicos italianos que combinaban ruidos con música de cajas electrónicas. Más tarde, hacia el cuarto de siglo y bajo el empeño de generar melodías desde impulsos eléctricos, fue creado en Francia uno de los instrumentos padres en este campo, el ondas Martenot, que impulsó el desarrollo de la experimentación y la búsqueda de nuevas propuestas entre compositores franceses vanguardistas, sobre todo a mediados de siglo.
“Principalmente en esta etapa se realizó la combinación y manipulación de sonidos grabados de forma analógica, a lo que se le llamó Música Concreta. Lo que resulta notable es la intención siempre vanguardista y experimental de compositores académicos interesados fundamentalmente en conseguir nuevas sonoridades para sus piezas, sumergidos en la práctica de novedosos conceptos o técnicas rítmicas, armónicas y estructurales en sus obras, y muy pendientes de los adelantos tecnológicos.
“A este tipo de música producida a partir de la utilización de sonidos analógicos y su posterior procesamiento junto a elementos electrónicos comenzó a llamársele Música Electroacústica desde la década de 1960, más vinculada a la experimentación en la composición por músicos académicos y a la música contemporánea. En esos propios años, con la introducción de sintetizadores de sonidos e instrumentos electrónicos en el mercado, estos medios se hicieron más accesibles para los músicos y pronto empezaron a utilizarse en la música popular, principalmente en el rock o el pop. Así fue desarrollándose hasta la aparición de géneros con un manifiesto interés por las sonoridades y posibilidades únicamente encontradas en este tipo de instrumentos a los que hoy se suman, imprescindiblemente, las computadoras.
“A diferencia de la electroacústica, aunque influenciada por ella, en la electrónica es frecuente el uso de ritmos muchas veces seriados o reiterativos, y la introducción de códigos estéticos heredados del pop o el rock; a la vez que en ocasiones cierta simplicidad melódica o armónica y énfasis en sonidos de percusión bailables o no.
“También pueden incluirse voces sintetizadas y letras cuando se trata de temas cantados, además es común el uso de efectos añadidos de fondo o primer plano para inducir estados emotivos en el oyente. Como en el rock, pueden encontrarse infinidad de subgéneros en la música electrónica, que van desde techno, disco, house, ambient, acid-jazz hasta trip-hop, glitch, IDM, electropunk y muchos más”.
¿Qué puntos de contacto hay entre la música realizada por ustedes y la música industrial de los años 70?
“La electrónica industrial de finales de la década del 70, o la electrónica en general de principios de los 80, nos influenció mucho sobre todo durante la primera etapa de nuestro trabajo, cuando comenzamos hace más de 6 años. En ese entonces empezábamos a experimentar con sonidos generados en la computadora que teníamos en aquel momento.
“Nos interesó mucho al principio, y aún hoy nos llama la atención, la sonoridad de grupos como Throbbing Gristle, con su actitud desenfadada y el uso del ruido, la baja fidelidad, el error intencionado y la disonancia, como herramientas recurrentes.
“También nos atrajeron la simplicidad melódica/armónica y los timbres sintetizados y poco transformados de principios del techno, con Kraftwerk o Hot Butter en Pop-Corn, que parecen tonos de neón o sonidos de calculadoras electrónicas; elementos todos que nos resultaron atractivos para ser explotados en un entorno saturado de muy buenos músicos e instrumentistas, cegados por el virtuosismo o el mercado.
“Son patrones estéticos que con las pocas herramientas técnicas de la época en que surgieron, se ajustan muy bien a nuestros intentos actuales de comenzar con ese tipo de propuestas en nuestro país, a pesar de las pobres posibilidades tecnológicas que aún tenemos para producir una música tan dependiente, precisamente, de la tecnología.
“Si bien ya no nos sentimos tan atados a esos conceptos o géneros, siguen siendo atractivos y no desechables puesto que aún se adecuan a la música que nos motiva, renovada por una leve mejoría del hardware y software que utilizamos y por el seguimiento de estilos más actuales”.
¿La música electrónica en Cuba ha tenido buena acogida por el público y las instituciones culturales?
“Como decía anteriormente, aún está en sus comienzos y su público ha ido creciendo, pero casi siempre interesado por opciones más entretenidas y festivas, a veces ligeras. Todavía pocos imaginan la opción de escuchar sentados un concierto cargado de sonidos electrónicos combinados de muchas maneras y con infinidad de variantes rítmicas, melódicas o armónicas, capaces de producir muchos estados emotivos, acompañados por un discurso artístico contemporáneo, reflexivo y también entretenido. Para esto aún no hay creada una estructura organizativa o de producción, ni contamos con instrumentos, equipos o medios técnicos, muy necesarios en estos espectáculos.
“En cuanto a las instituciones creemos que ha habido reconocimiento de lo que hacemos como propuesta artística válida, gracias a la comprensión por parte de algunas, y tal es el caso de la Asociación Hermanos Saíz, el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica con su Festival Primavera en La Habana y otros proyectos relacionados con los DJ y la música electrónica. También hemos recibido apoyo de la televisión con algunos programas de promoción, entrevistas, como es el caso de Lucas y sus videoclips.
“Otras más vinculadas al reconocimiento profesional y la producción han sido escépticas y conservadoras, lentas en advertir las perspectivas de un posible movimiento cultural, o influenciadas por criterios incompletos y reduccionistas de algunos críticos, como expresé anteriormente.
“Nacional Electrónica no ha pretendido otra cosa que aportar un ingrediente más a la música popular, mostrar nuevas tendencias aún extrañas en nuestro país, pero que paso a paso pudieran dar elementos de interés a artistas de formación, más preparados para introducir nuevos atributos en nuestra sonoridad contemporánea, y ampliar lo mucho que le falta a nuestro mercado musical, o simplemente promover nuevas opciones culturales.
“No distamos mucho de otros músicos sin formación académica, que por vías afines a su trabajo musical sí han sido reconocidos profesionalmente. También es necesario no escuchar solamente criterios sobre la música cubana comprendida como algo terminado y con sello de hormigón armado, y no enmarcar o limitar nuestra cultura, siempre abierta históricamente a elementos nuevos con los que juntarse”.
¿Qué diferencia existe entre la música que hacen por encargo y la realizada por ustedes habitualmente?
“La diferencia es esa, la plena libertad de creación que tienes al hacer la música que deseas, aunque no de manera deliberada: cada cierto tiempo tratamos de cerrar etapas y acordamos utilizar, para los próximos temas a producir, ciertas sonoridades nuevas o patrones del género que aún no hayamos explotado, de manera que periódicamente transformamos lo que hacemos.
“Se trata de un proceso de búsqueda y desarrollo estético-técnico, con resultados mejores o peores y con la constante preocupación por mejorar en relación a la calidad del sonido.
“Al trabajar por encargo te adecuas a las condicionantes del medio para el que será la música y a los intereses de quien la utilizará, a veces es incómodo y alejado de lo que nos gustaría hacer, aunque la experiencia de trabajar desde otra visión usualmente termina siendo satisfactoria.
“Por regla general, tanto con la música que hacemos por nuestra cuenta como con los encargos, intentamos mantener algunos elementos que nos identifiquen”.
¿Cuál es el contraste, entonces, entre la música que hacen para la danza, el cine y los spot?
“Las diferencias las impone cada una de las manifestaciones o los medios. Por ejemplo, con la danza nuestros primeros dos trabajos han sido para coreografías de George Céspedes, de la Compañía "Danza Contemporánea de Cuba", y la música que compusimos se aleja bastante de la que normalmente hacemos. La primera era una larga mezcla de mambos con electrónica y la segunda tenía mucho de música clásica; procesos bastante densos porque la idea global en cada coreografía no daba muchas libertades para que fuera puramente electrónica, pero se convirtieron en experiencias muy fructíferas en las que descubrimos características específicas, como la repetición prolongada de ritmos, temas con una progresión muy marcada y bloques muy definidos, en alguna etapa los movimientos de los bailarines fueron surgiendo en la medida en que iba fluyendo la música y de vuelta esto determinaba la estructura.
“En los documentales y cortos de ficción en los que hemos trabajado, todo depende del director y del modo en que desee utilizar la música para sus secuencias, con un matiz irónico o bromista en algunos y otras veces más sutil o enrarecido, y se subordina también a cómo se pretenda apoyar musicalmente una escena: enfatizando la trama para sobredimensionarla, o por contraste.
“Los spots publicitarios requieren de síntesis y están determinados por un fuerte componente comunicativo, demandan una música atractiva, según el tema que trate, y rápidamente debe ser reconocida por el público. Es muy grato si hay afinidad, como en el caso de la Bienal de La Habana o la Muestra de Nuevos Realizadores, sobre todo cuando tales eventos se interesan por la contribución de jóvenes como nosotros”.
¿Han pensado en grabar un disco con alguna productora cubana?
“Sí, alrededor de tres o cuatro años atrás comenzamos a gestionar la producción y grabación de una maqueta que tenemos con varios tracks cantados, pero la falta de experiencia nuestra en aquel momento, hicieron que fuera un intento infructuoso.
“Organizamos periódicamente nuestra música en álbumes caseros, a lo que suelen llamar discos o producciones independientes. Después de un largo tiempo en el que básicamente hemos hecho música por encargos, y cambios en el método de trabajo, pretendemos hacer una revisión de nuestra música y crear nuevos temas que podrían terminar en una propuesta de disco para alguna disquera nacional, algo que nunca hemos dejado de considerar”.
Ustedes han incursionado en el audiovisual. En el año 2007 el videoclip 100%, obtiene dos nominaciones para los premios Lucas en las categorías de música instrumental y mejor video del año, y recibió, en dicho evento, el premio colateral que otorga la Asociación Hermanos Saíz. También han realizado otros materiales. ¿Cuál es la estética empleada por ustedes en estas producciones?
“Al videoclip llegamos en primer lugar por un interés meramente promocional. Desde un principio quisimos darnos a conocer y nos pareció eficaz aprovechar la rapidez de la televisión para amortiguar la poca presencia en vivo. A esto se le agrega nuestra inconformidad con una parte de la producción audiovisual relacionada con la promoción musical.
“Simplemente nos informamos respecto a lo mejor que se produce para publicitar la música electrónica, el pop y el rock de grupos a la vanguardia hoy en el mundo. Estos distan mucho en cuanto a los conceptos que aquí se manejan. Como nuestro proyecto es primordialmente musical, no nos adentramos con profundidad en cuestiones de alto rigor técnico y, a cambio del efectismo y la mejor tecnología, decidimos preocuparnos por ideas precisas, originales, expresivas y actuales. La validez del video no ha de radicar siempre en el modo de hacerlo, sino en lo que diga y en lo atractivo que pueda ser, con una estética contemporánea, para algunos experimental en nuestro contexto. También la ausencia de una disquera que demande un interés directamente comercial puede motivar soluciones desprejuiciadas, con implicaciones más artísticas, que en ciertos casos pueden rozar la estética del videoarte, sin llegar a serlo”.
¿Cuál crees que es el futuro de la música electrónica en la Isla?
“Depende de la capacidad de sus seguidores para mantenerla, enriquecerla y expandirla; para hacerla ver cada vez menos trivial, y siempre atractiva y más actual. En la medida en que se logre un público conocedor de lo que escucha y exigente de las tendencias más contemporáneas, deberán ser mejores las propuestas y más variadas. Todavía queda mucho por recorrer, pero en ello igualmente influirá el soporte de las instituciones culturales y su estimulación para promover un movimiento que agrupe estas tendencias musicales; además de la prudente tolerancia y el entendimiento de la crítica. ¿Quién sabe si dentro de unos años no podamos concebir la música popular cubana sin la presencia evidente de sonoridades provenientes de la electrónica?”. |