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Médula y Aztra en concierto: el rock/metal como vehículo para trasmitir ideas y emociones

Por: Manuel Santín Valdés

Conocí de la futura presencia de los ecuatorianos Astra en Cuba por boca de Ernesto Rivera, presidente de la AHS en Vueltabajo y vocalista de la banda Médula. Me dio un par de discos y, sonriendo ante mi incrédula mirada, me dijo: necesito que los escuches, me des tu opinión y si puedes, me hagas una reseña del concierto que daremos juntos en la ciudad. Mi repentina y momentánea incredulidad desapareció por arte de magia cuando me dio otros detalles de cómo se había gestado esta especie de mini - gira de la banda sudamericana, desconocida por mí aunque llevaran ya diez años de vida y cinco discos editados. Y cuando cito esa especie de duda que casi siempre nos alberga relacionada con la visita de agrupaciones extranjeras, en ella intervienen una serie de disímiles cuestiones subjetivas y objetivas; enfatizando en que casi siempre la necesaria promoción para estos eventos se da a conocer muy poco tiempo antes de las citadas fechas (bien diferente a como funciona esto en muchas regiones del mundo), a todas luces un recurso utilizado por todos como respuesta a tantos intentos anteriores que nunca se hicieron realidad.

No es un secreto que siempre hemos tenido una sed insaciable (nosotros, los cubanos) de ver bandas extranjeras insertadas en el circuito nacional de conciertos; nombres procedentes de otros lares alternando con nuestros grupos que te permitan ampliar tus horizontes musicales, tu percepción de disfrutar esa experiencia mágica llamada concierto, aunque no sean los nombres idolatrados de muchos de nuestros íconos de toda una vida. Por ello la Casa de Promociones Musicales La Sitiera, ubicada en la calle Vélez Caviedez y enclavada en el mismísimo centro de la capital pinareña, estaba repleta de público desde antes del comienzo, detalle no tan habitual en las nuevas generaciones de melómanos que… también tienen horarios y costumbres diferentes a las nuestras, ¿no se han cerciorado de ello?

Los Médula no se extendieron en demasía con su presentación, aunque una buena parte de sus fans les pidieran incesantemente que tocaran más temas de su ya extenso repertorio; una decisión razonable y correcta para darle mayor tiempo en escena a la banda visitante. Con la alineación completa (voz, dos guitarras, bajo y batería), comenzaron justamente a la diez de la noche con Hablar de frente y Respeto, para repasar temas conocidos y otros más recientes (Ídolos caídos, Lo que aprendí en el infierno, El peso de la isla, La verdad), incluidos en su nuevo disco, para cerrar con su versión del Highway to hell que provocó como siempre el frenesí entre la audiencia que abarrotaba el local, acera exterior y portales aledaños incluidos.

Llegaban desde Quito y en formato de sexteto, Aztra, quienes finalmente dieron tres conciertos por acá (en el Festival Jibacoa, en el poblado de San Juan y Martínez y éste que les comento), siendo reportada su presencia por medios locales y nacionales. Llegaban portando el estandarte del rock como vehículo para exponer ideas, conceptos, reafirmaciones, sentimiento de lucha eterna, identidad latinoamericana (sí… por si aun alguien lo duda). Cuando a las 11:15 pm sonaron las guitarras me dije: bienvenido el trueno del heavy metal, parafraseando aquel código ochentero y un poco a tono con los relámpagos que un rato antes había visto en la periferia de la noche pinareña. Música como ya (casi) no se hace en Cuba, y recordándome tantas escuchas de grandes agrupaciones en años pasados, para bien de mis oídos… y de tantos otros presentes, que no cesaron en decírmelo, lo puedo atestiguar. 

Gritos de guerra me traía la primera gran sorpresa de la noche, sobre todo por la dualidad vocal entre la voz líder (excelente, sin dudas) de Pablo Enríquez y el invitado Anier Barrera (vocalista de los locales Ruptura), trepidante y con un registro alto ambos, sin previo ensayo y con una buena dosis de energía interior que arrancó vítores entre los enardecidos presentes. La instrumental Alturas, versión sobre un clásico de los chilenos Inti Illimani, incorporando la sonoridad heavy al folclor andino con algunos instrumentos típicos, comenzó a demostrarles a los presentes (siempre lo he dicho una y otra vez…) que estos otros caminos son también muy válidos, y le otorgan incluso cierta solidez conceptual al que lo defienda, del mismo modo que la seminal Lamento, pletórica de una identidad latinoamericana que nunca deberíamos olvidar y que constituye (escuchad la música de Aztra y lo comprobareis…) una de las bases estéticas de la propuesta de esta banda. Carula, mezclando el ímpetu heavy a doble guitarra con un outro a teclados bastante evocador, y Gritos del sur (con «Pistola» y Rey de Médula, como invitados), continuaron ganándoles adeptos si es que quedaba alguno aun no conectado con lo que estaba mostrándonos Aztra.

Otra versión de un tema tradicional, en este caso de los bien recordados Quilapayun, fue tocada con dos flautas andinas, Reinaldo Martínez (de Médula) tocando el charango, y llevada al guitarreo heavy que puso a brincar a todo el mundo, incluyendo aplausos al final. Piezas como Sin opción (dedicada a todos los cubanos que han perdido la vida cruzando el mar), Lago de sangre, y Un largo andar, continuaron enfatizando para todos nosotros que estábamos ante una agrupación fiel representante de esa ideología revolucionaria tan habitual en muchas bandas de rock y metal de nuestro continente; que además de ello mostraba una pericia instrumental y una puesta en escena bien energética y engrasada, sugestiva y directa, como pudo palparse además en la bella El mañana en plan balada heavy, con la voz de Enríquez en tonos bien altos, y de nuevo con Luis García (director y principal compositor) alternando los teclados, coros y flauta andina.

Llegando al final Amor bajo el sol, con ingredientes cercanos al heavy AOR y que no dudo sea uno de los temas con más proyección en los medios de esta banda, puso a todos a bailar, puños arriba y ovación al final… para cerrar el set con otro derroche de energía electrizante y ser correspondidos por un coro de cientos de personas de casi un minuto de duración gritando ¡otra, otra!, algo que hacía años no escuchaba en conciertos de rock y metal en Cuba, regresando para el encore y siendo despedidos más allá de la medianoche con efusividad por los presentes en el recinto... algo que también puedo asegurar con una grabación en vídeo… por si alguien lo duda.

Además de García y Enríquez, completan Aztra los guitarristas Alejandro Benítez y Danny Saavedra, el bajista Byron Gonzalón y Omar Saavedra en la batería, y constituyen junto a Médula, dos ejemplos diferentes (en cuanto a sonoridad, temáticas abordadas en su música y procedencia geográfica) de esa vocación eterna inherente al rock para reflejar los criterios, aspiraciones, y cuestionamientos que han estado y estarán siempre en la esencia de los jóvenes creadores que habitan en cualquier rincón del mundo, muy a tono con los principios de una organización como la AHS, a cuyos veinticinco años también estuvo dedicado el concierto.

 
© Asociación Hermanos Saíz. 2011.