“La música es evolución”
ENTREVISTA
Por: Ingrid González Fajardo
Side Men. Así definen a los músicos que acompañan a otros en orquestas de gran formato. Maraca y su Otra Visión, Paulo FG y su Elite, Yassek Manzano; tendencias muy diversas de un tronco común: la música. Provocación exacta para unos 25 años que dedicados a un instrumento, buscaban romper límites. Alejandro Falcón Rodríguez fue uno de esos side men hasta hace casi un año.
En noviembre de 2008, después de tocar las cuerdas de su piano en más de 20 festivales extranjeros y otros tantos en Cuba, su proyecto Cubadentro nació tras años de maduración técnica, virtuosismo en la interpretación y por esa necesidad de dirigir su propia sinfonía.
Alejandro es un matancero que después de graduarse en la especialidad de composición del Instituto Superior de Arte (ISA), solamente piensa en la música y mucho antes al descubrir su simpatía por el piano. Veinticuatro horas no bastan para sosegar el torrente de impulsos que lo hacen un jazzista de la postmodernidad. Su teoría: la “evolución constante de la música”, han hecho de este joven un hombre orquestal.
¿Cómo llegaste a la música?
Me inicié en el piano a los doce años. Me acerqué a él porque es muy orquestal y cuando lo vi delante de mí por primera vez, me fascinó. Estudié el nivel elemental en Matanzas y después ingresé en la Escuela Nacional de Arte durante cuatro años. De ahí pasé al ISA donde me gradué en composición hace dos años.
¿Qué te aportó estudiar en la Escuela Superior de Música de Matanzas?
Allí fue donde di mis primeros pasos, donde me inicié en lo que se llama estudiar la música. Entonces, llegué a La Habana y conocí a muchos jóvenes músicos como yo. La ENA siempre ha sido para todos los músicos cubanos la escuela madre, donde se reúne todo el talento del país.
Yo pienso que los artistas tienen que estar en el lugar indicado para desarrollarse. A veces, estás en un lugar inapropiado y como que te quedas estancado. En Matanzas empecé a estudiar la música y cuando llegué a mi tope decidí venir a La Habana. Para mí fue genial entrar en la escuela y conocer a buenos músicos no solo del jazz sino de la música clásica también.
Casi siempre cuando los músicos tienen algo de interés en perfeccionarse como artistas emigran hacia la capital; eso pasa en Cuba y en el mundo entero: si vives en Francia quieres estar en París, si vives en los Estados Unidos quieres estar en Nueva York, si vives en Matanzas quieres estar en La Habana.
En los últimos años se han hecho escuelas de nivel medio en otras provincias pero ya no es como antes: en la ENA se juntaba lo mejor de Cuba entera. Para mí era mucho mejor de esa manera pues además de reunir a todo el talento, las pruebas eran mucho más rigurosas.
¿Cuán divergente es el jazz que se hace en provincia y el que se genera en La Habana?
La diferencia es abismal, de hecho, casi todos los músicos que están saliendo ahora son del Amadeo Roldán y en especial, de la escuela de piano.
El fenómeno se puede explicar de acuerdo a los factores económicos. Por ejemplo: yo soy matancero y todo el mundo quiere tocar en Varadero, pero nadie le pone atención a la música clásica y a los profesores no les interesa dar clases en las escuelas.
La Habana tiene un ambiente cultural muy fuerte comparado con el de las provincias. Algunas como Camagüey, Santiago de Cuba, Cienfuegos y Villa Clara sobresalen, pero las demás no.
Se están plateando algunos talleres en las provincias con la participación de muchos jóvenes y otros consagrados. La idea es elevar un poco más el nivel cultural y el gusto por esa música.
Aunque no se puede pretender que las personas escuchen un blues y no lo hagan con algo más comercial. Esta es una música más selecta y por tanto, el jazz tiene un público más reducido.
Grupos tan diferentes como Paulito FG y su Élite, de música bailable o Maraca y su Otra Visión, de latin jazz, han marcado tu música, ¿cómo han influido estas tendencias en el Alejandro jazzista?
Paulo me ayudó mucho porque fue la primera orquesta de primera línea con la que salí al exterior. Había obtenido mi premio JoJazz y entonces me di a conocer en ese año y durante los dos siguientes. Con ese grupo pude participar en muy buenos festivales de música universal y hasta de jazz, alrededor de todo el mundo.
Hoy en día los intérpretes del mundo entero tocan cualquier tipo de música, lo mismo pueden tocar instrumental o “sopa”. Desgraciadamente, el jazz o la clásica son muy selectas y a veces, no te dan del todo para vivir de ellas. Muchos músicos han aprendido diversas melodías para poder vivir.
Ser músico es un oficio y si ese es tu oficio debes tratar de hacerlo lo mejor posible. No todo el mundo puede ser tan versátil y eso va con el grado de estudio que uno lleve y lo que quiera proponerse, además del talento. Yo pienso que esos tabúes de que el músico toca solamente una sonata de Bettoven y no puedo tocar un tumba’o, quedó atrás.
¿Cómo mediaron en tu grupo?
El artista es resultado de la sociedad donde vive y eso es lo que refleja. Si es en Cuba te va a sonar como un cubano, si es en Nueva York te sonará como un norteamericano.
La música cubana está presente en todas partes porque aunque no la escuches en tu casa, si te montas a un taxi ponen música cubana, igual si vas a un lugar determinado; entonces, tiene que sonar como un cubano.
Para tocar el jazz debes estudiarlo y conocer su historia pero eso lleva muchos años de práctica. A veces, las personas improvisan y dicen que ya saben: una cosa es ser improvisador y otra ser jazzista. En la música clásica se improvisa desde el siglo XVII y ya en ese entonces había algunos músicos que no eran académicos e improvisaban. Ser improvisador es una cosa y ser jazzista es otra.
Si eres cubano tratas que suene con tus raíces. Hacer una fusión de lo que aprendes y llevarlo a lo tuyo es difícil porque el producto que se lanza al mundo es tu música. Además, pienso que si aprendes de otras vertientes y lo incorporas a tu trabajo, se puede desarrollar más tu música y también la cultura de tu país.
¿Por qué decides hacer un cuarteto?
Todos los músicos del mundo tocan a trío como Chris Korea o Brad McDo, pero tocan a trío porque se ha hecho un estilo.
A mí me gusta mucho ese trabajo pero quise ponerle algo más latino o por decir, cubano, y por eso incluí la tumbadora. Después lo analicé y es como una continuación del cuarteto de Chucho, el único que existe en Cuba con este formato. Seguir esa línea me ha funcionado y creo que para un segundo disco, quizás, pueda incorporar el saxofón y la trompeta.
Tengo tumbadora, batería, bajo y piano y con este formato, la mayor carga de trabajo, el acompañamiento musical y las melodías caen sobre el piano; en tanto, si incorporo otros instrumentos como los metales, el piano pasaría a ser un elemento de acompañamiento y me restaría trabajo.
Para mí la música es una evolución, una cosa es ahora y otra dentro de cinco años. Siempre está evolucionando.
Grabar un disco es un suceso importante para cualquier músico y mucho más para un joven. ¿Cuándo llegará el primer fonograma del grupo?
El próximo año grabaré mi primer disco y pienso que sea con el sello Colibrí. No obstante, sí he grabado con otros proyectos en los que participé con anterioridad.
Colibrí es la disquera que se está encargando de difundir el nuevo espíritu del joven jazz cubano. Esta es una buenísima oportunidad para todos los jóvenes porque hacer un disco hoy en día es muy difícil, no solamente en Cuba sino en el mundo entero. Además, encontrar una buena disquera que también te ayude es muy difícil.
Hoy en día se produce mucha música y cualquier empresa no se arriesga por un joven. Colibrí se ha encargado de eso y ha podido recopilar la música de muchos talentosos cuya producción, aunque algunos ya no están en Cuba, quedó plasmada para conformar la historia de la música cubana de este siglo XXI.
Con Colibrí grabó Harold, Dayramir, Bringues, Ernesto Camilo…Ellos (el colectivo) son muy selectos a la hora de escoger a los músicos.
¿Te sientes entonces afortunado?
Sí. Solo llevo un año con Cubadentro tocando como premio Jojazz. Todavía no es un proyecto oficial pero sí me he presentado mucho en los Jardines del Mella, en el cine Acapulco donde tenía una peña y en la cual participaron invitados como el Greco y Waldo Mendoza. Actualmente la peña se encuentra cerrada.
Hemos hecho varios conciertos: el año pasado participamos en la gala dedicada al danzón donde tocó Dayramir González y Ariel Bringues; hace tres años estuvimos en la gala dedicada a Ernesto Lecuona y también participamos en un programa A todo Jazz que salió hace muy poco, además de varias presentaciones en Radio Taino.
A lo largo de este año he ido madurando mi proyecto y pienso que para el próximo ya podamos plasmar en un disco la música que venimos haciendo.
¿Qué pasa con la producción del jazz en Cuba?
El jazz es una música que no vende tantos discos. Además, Cuba tiene otro tipo de mercado: uno muy fuerte como el folclor que hace que la música cubana siempre impere por encima de otros géneros foráneos como la balada, el pop, rock and roll. Esto hace que el jazz no goce de tanta venta y por eso siempre es más difícil que te hagan un disco de jazz a que produzcan uno de reggetón o de merengue.
¿Crees que tenga que ver también con la divulgación?
Eso es algo que pasa a nivel mundial. Hay música para escuchar y para divertirse y no se puede pretender que las personas que no son músicos, escuchen cosas más complejas y logren entenderlas.
La promoción no está bien en el jazz pero tampoco en la música tradicional cubana. Existen algunos programas en la radio y en la televisión que se encargan de esa divulgación pero coinciden con otras opciones y entonces el público no puede disfrutarlos.
Desde hace dos o tres años para acá se ha hecho un buen trabajo. El Instituto Cubano de la Música Popular se lo ha propuesto con muchos conciertos de jóvenes y los festivales Jojazz, que se están haciendo con mucha más fuerza.
Los nuevos están haciendo música pese a todos los problemas y eso es lo importante. Las peñas están tomando fuerza y se han retomado los conciertos que desde Emiliano y Afrocuba no se hacían en la misma cantidad. Entre ellos están Alexis Bosh y Aire de Concierto, cuyo fonograma contiene un tema de mi autoría grabado con el sello Bis Music.
¿Crees que exista un movimiento de jóvenes jazzistas?
Yo pienso que sí hay un movimiento en Cuba. Excelentes jóvenes entre los que están: Tony Pérez, Melón, Alían Pérez hasta la generación de nosotros con Molina, David Biré, Luis Guerra y muchos músicos más están haciendo muy buena música dentro y fuera de nuestro país. Y cuando algunos salen al exterior el público se maravilla y dicen: “¿cómo en Cuba hay tanto talento?, ¿de dónde salen tantos jóvenes jazzistas?”
Una vez estábamos tocando Bringues y yo en el festival de Vancouver y algunas personas nos preguntaron de dónde éramos. Cuando dijimos que de Cuba, de la Habana, nos decían: “¿pero viven en Estados Unidos?” y nosotros les respondimos: “no, en La Habana”. Asombrados, ellos preguntaron, “¿pero en La Habana se toca el jazz así?”...Risas.
¿Qué características tendría ese movimiento?
Hasta ahora no se pueden agrupar en un movimiento porque es un fenómeno que todavía esta sucediendo, está surgiendo. Después con el tiempo los musicólogos se encargarán de decir qué grupo somos.
Simplemente son jóvenes que están haciendo música. Lo principal es trabajar y que se desarrolle la música cubana, que salgan nuevos intérpretes y nuevos valores. El nombre es lo de menos.
¿Qué espacios tienen para tocar?
Los espacios están muy reducidos: la Zorra y el Cuervo, el Jazz Café y ningún otro, por lo menos aquí en Ciudad de La Habana. También están las peñas y los festivales JoJazz y el Jazz Plaza que continúa todos los años.
Con estos festivales se encuentran jóvenes y los menos jóvenes. Algunos músicos vienen del interior y a veces, uno no los conoce pero con la posibilidad de tocar con ellos se crea un ambiente muy bonito.
Lo ideal sería que existiesen muchos clubes de jazz en toda Cuba y que todos los grupos pudieran tocar, jóvenes y más consagrados para así ir ampliando el público a nivel nacional.
La opción de las peñas en el Mella son muy buenas: todos los viernes del mes se hacen con la participación de diferentes grupos pero ahora está cerrada porque los vecinos de los alrededores protestaron. Nosotros seguiremos batallando… Ya se abrirán otras.
En estos últimos años se ha dado un resurgir de grupos de jóvenes jazzistas, ¿an qué se debe esto?
Cuba tiene una larga historia en el jazz desde los años 20, e incluso, desde antes. El jazz siempre ha sido una música muy rigurosa a la hora de la interpretación, pues necesita de virtuosismo, de buena técnica para poder llevar esas ideas al instrumento, además de un conocimiento armónico muy grande.
El jazz es una tendencia que agrupa a todas las culturas y por eso lo hace muy universal, capaz de fusionarse con cualquier tipo de música. Los músicos más jóvenes vemos en el jazz ese espacio para el perfeccionamiento de la rigurosidad técnica, de estudio diario y de improvisación porque te da la libertad para expresar lo que uno siente en el momento. En mi caso me pasó así y por eso creo que a los demás jóvenes les debe pasar lo mismo y por eso sienten la necesidad de crear sus grupos.
Fuiste parte del jurado de este último festival JoJazz, ¿cómo percibiste la calidad de las interpretaciones?
No creo que se esté subiendo la parada porque la generación de nosotros la dejó muy alta y los jóvenes que llegan traen muchas lagunas técnicas.
Pero siempre sale uno o varios jóvenes que ponen su interés y lo logran.
¿Piensas que estos jóvenes puedan darle continuidad a tu generación?
Sí, claro que pueden darle esa continuidad, como que no.
También eres profesor del Instituto Superior de Arte, ¿cómo percibes la formación de las nuevas generaciones?
Cuba tiene algo que la hace muy diferente y es que los estudiantes tienen talento e interés. A pesar de las carencias, les interesa estudiar, buscar los textos donde estén, indagar sobre las grabaciones que no tienen. Por eso creo que el jazz va a gozar de muy buena salud porque hay mucho talento. De ahí saldrán muy buenos músicos.
Cuando tocas el piano, un instrumento que a muchos fascina, ¿en qué piensas?
Simplemente trato de hacer lo que siento en el momento porque uno estudia la música y se le hace un oficio. Hay días que no tienes ganas de tocar y tienes que obligarte a hacerlo porque creas un compromiso con el instrumento y contigo mismo.
Eso le pasa a todas las personas que tiene que ver con público, ya sean deportistas, políticos, músicos; cuando te paras en el escenario a la gente no le interesa cómo te sientas, debes hacerlo bien.
¿Esa es una de tus pasiones?
Esas son mis pasiones: el piano y la música; te lo digo sinceramente. |