Excelencias de una herencia musical
Por: Dainerys Machado Vento
Fotos: Antonio Pons
En una sala sobrevendida a un público diverso y entusiasta, el joven pianista Harold López-Nussa regaló un concierto muy especial el pasado sábado 21 de agosto. Quienes acudieron a deleitarse con los acordes de su piano no esperaban la sorpresa de verlo, por primera vez en Cuba, interpretando sus temas al ritmo de un trío de jazz, el formato más tradicional del género y el menos común entre los intérpretes bisoños.
El baterista Ruy Adrián López-Nussa y el bajista Felipe Cabreras completan la nómina de ese proyecto que nació hace dos años en Francia y que, por esas circunstancias inexplicables e ineludibles de la vida, solo en este agosto pudo traer sus propuestas a los escenarios de la Isla. Y quienes se reunieron en la cita sabatina quedaron prendados, desde el primer minuto de la presnetación, no solo del virtuosismo de los músicos, también de su sencillez y empatía.
La sala teatro del Edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes fue el sitio elegido para el reencuentro del pianista con el público seguidor de su corta e intensa carrera. El pretexto fue justamente presentar el disco del trío, grabado desde el pasado año en Europa y que espera aún por la gestión de la disquera Colibrí para llegar al mercado cubano.
Los 3 golpes, de Ignacio Cervantes y el tema Herencias, de la autoría del propio Harold y elegido para dar título al fonograma, arrancaron los aplausos más extensos. En la interpretación del primer sencillo sorprendió el acercamiento a un género tradicional desde presupuestos musicales novedosos y transgresores; mientras la melancolía del segundo mostró la valiosa mezcla de estilos y propuestas que caracteriza al jazz hecho en Cuba y en el que Harold no ha sentido miedo de experimentar y sobre todo crear.
Durante los temas La Junglay Pa´ Philippe, sendos solos de Ruy Adrián en la batería hicieron resonar el teatro. El instrumento, de atractiva y espectacular sonoridad, se develó más estridente aún al ser interpretado por un artista valiosísimo, que se adivina en proceso de maduración y crecimiento.
El guitarrista brasileño Suamy Junior y el trompetista cubano Maiquel González fueron los invitados exclusivos de la noche. Ellos regresaron al escenario del Museo Nacional de Bellas Artes temas del especial disco Canciones, el segundo de Harold y el único hasta hoy grabado en el país. Y fue justamente el popular Bailando suiza el elegido para cerrar la noche, cuando el público de pie y entre aplausos, pidió otro tema.
Desde estas líneas el deseo de que perdure la buena salud de estos conciertos de fin de semana, que en días anteriores han permitido degustar del arte de Ruy López-Nussa y su proyecto La Academia, así como del trompetista Yasek Manzano y otros virtuosos del latin jazz. Buena salud también para género tan experimental y valiente, ganador de merecidos adeptos en los últimos tiempos. |