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Roberto Chorens, director del Conservatorio Amadeo Roldán y líder de la iniciativa.
El órgano: cambio de acordes
REPORTAJE

Por: Joanna Pérez Vidal

Los mayores quizás le recuerdan en algunas iglesias. Los pequeños, en cambio, apenas conocen sobre su existencia. Las tendencias actuales de la música internacional han desplazado al órgano del sitio de honor que le caracterizara en otros tiempos como la Edad Media. Cuba, no es la excepción de este fenómeno.

Desde la época colonial eran habituales en las iglesias, de ahí que casi siempre se asocien al ambiente de estos lugares. El instrumento aerófono de teclas fue muy empleado desde siglos XVI al XVIII. Una carta de Esteban Salas al cabildo, fechada en 1801, refiere la restauración de “un antiguo organito”, lo que testimonia que el músico cubano poseía uno en la Catedral de Santiago de Cuba. 

Bien contrario es el escenario actual donde carece de un programa de estudios en el país, así como de organeros — personas capacitadas para su constante mantenimiento—. A ello se une el reducido número de órganos en uso. En Ciudad de La Habana, por ejemplo, solo se utilizan tres—dos en el Centro Histórico y otro, sin tubería, en el Conservatorio Amadeo Roldán—. También el Conjunto de Música Antigua Ars Longa posee un pequeño órgano positivo construido por el español Joaquin Lois, que fue donado por la Universidad de Valladolid, España, en el año 2000. Se suman poquísimas variantes en provincias como Santiago de Cuba.

El clima húmedo del archipiélago y la ausencia de organeros son las causas principales que han condenado el tiempo útil de los instrumentos. No faltan las limitaciones económicas que impiden adquirirlos o renovar piezas.  

Sin embargo, el desolado panorama cubano ha iniciado algunos cambios que auguran un horizonte optimista quizás a mediano o largo plazo. El profesor Roberto Chorens, conductor del programa televisivo Bravo, intenta devolverle al órgano el protagonismo acústico y académico de su época de estudiante.

Graduado del Conservatorio Amadeo Roldán en las especialidades de piano y órgano, Chorens ha dedicado gran parte de su vida y profesión a este último instrumento tanto en Cuba como en el extranjero. De modo especial aún se recuerda su acompañamiento musical en la proyección del filme La pasión de Juana de Arco, del danés Theodore Dreyer, en Ecuador.

Desde el 2009 el hoy director del Conservatorio inició un proyecto académico con algunos estudiantes de las Escuelas Elementales de Música de Ciudad de La Habana y la institución que preside. “Es la segunda vez que podemos desarrollarlo. Este año quisimos ampliarlo a niños más pequeños. Muchos de ellos, incluso, solo han superado el primer año de estudios de música”—confiesa el organista.

La instalación de un órgano de tubo en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, en el Centro Histórico de La Habana, dio el impulso a la iniciativa de Chorens. En el 2006 la Asociación Luthiers Sans Frontières, de Bélgica, donó el instrumento a la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Motivado por la presencia de nuevos instrumentos en el Centro Histórico de La Habana—gracias al esfuerzo de la Oficina del Historiador de la Ciudad—el también director adjunto de la Orquesta Sinfónica Nacional decidió iniciar la formación de jóvenes talentos. Para la iniciativa Chorens ha recurrido a la colaboración de profesoras de la Escuela Elemental de Música Paulita Concepción, en el Cerro, institución a la que igual pertenecen la mayoría de los pequeños seleccionados. 

Son más de doce alumnos de la especialidad de piano que voluntariamente quisieron participar en la experiencia. Respetando el nivel docente de cada quien se enseñan las técnicas para la interpretación del órgano a través de adaptaciones de las mismas obras de su programa académico.

Otro de los aspectos más vulnerables asociados al órgano recae en la necesidad de renovar las composiciones. De modo que Cuba es coherente con la tendencia internacional de los siglos XX e inicios del actual cuando los creadores musicales han concebido sus partituras para otros instrumentos. Aunque los tiempos de Wolfgang Amadeus Mozart o Johann Sebastian Bach quedan bien distantes, el proyecto podría ser también un aliciente en este sentido.

A juicio de Chorens entre los muchachos destaca Marlon Bordas, un joven estudiante del último nivel de piano en el Conservatorio Amadeo Roldán. “Se le ve las ganas de componer, tiene inquietudes y talento. Cuando en el 2011 ingrese en el Instituto Superior de Arte (ISA) creo que podrá desarrollarlo más. Yo no dudo que sea un buen compositor”—asegura el organista.

Advierte el profesor que “no todos serían creadores pero al menos dos o tres podrían, aunque es muy pronto para saberlo”.

Algunas personas poco familiarizadas con las sonoridades de este instrumento pueden considerar que ha pasado de moda o solo acompaña cánticos eclesiásticos, pero Chorens insiste en sus valores acústicos.

“Al ser un instrumento polifónico te permite crear sin limitaciones. El órgano puede ser solista pero también sirve para acompañamientos con otros instrumentos y a cantantes; igual pueden interpretarse villancicos y minuès (o minuetos) del barroco que géneros más contemporáneos como el son. Además se toca con manos y pies lo que resulta muy interesante”.

En tiempos de timba y reguetón, de pop, rap, rock and roll y tecnología, alumnos y profesores de las escuelas de música de la capital, liderados por Roberto Chorens, intentan rescatar al órgano del olvido. Enhorabuena esta iniciativa que necesita otras plazas más allá de sus pocas presentaciones durante los recorridos veraniegos de Rutas y Andares o el Festival de Música Antigua Esteban Salas.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.