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El hip hop tiene sabor En mi barrio
ENTREVISTA

Por: Rosana Berjaga y Carlos Ríos   

Hace unos minutos que esperamos a Lourdes Suárez en el portal del Centro de Investigación Cultural Juan Marinello. Mientras aguardamos por ella, varios jóvenes dentro de la biblioteca debaten acerca de alguna que otra investigación. El sonido de los abalorios y un “ya estoy aquí” nos revelan su llegada. Ropas largas, collares de caracoles y cientos de semillas dominan su nuca, muñecas y tobillos. Un tatuaje del Che sobre su hombro derecho nos anuncia que esta será una conversación interesante.

Antes de que podamos acostumbrarnos a su apariencia sui generis y a su temperamento intranquilo, nos invita a comenzar con la entrevista. Sus dotes de narradora oral y una buena dosis de histrionismo se develan de inmediato.

Nos cuenta, como quien acaba de percatarse, que hace 10 años ya, inició su filantropía por la cultura cuando inauguraba el proyecto Espejos. Desde entonces, en diversas barriadas de la ciudad, un halo de esperanza ha devuelto cientos de voces desde el silencio. Así, su labor de promoción de nuestra cultura ha eclosionado en varios espacios de la capital.

“Ahora tengo en mis manos el proyecto comunitario En mi barrio, que agrupa, a su vez, otros proyectos. Nos valemos de presentaciones itinerantes para aumentar el conocimiento de qué cosa es el rap, en qué consiste la cultura hip hop, porque en nuestra población hay mucha confusión”, cuenta Lourdes.

“En mi barrio surge en Casablanca, lugar donde vivo, por una necesidad de nuestra circunscripción, de ofrecer un espacio cultural para la juventud. De ahí nace el primer concierto, sin fines lucrativos.

“Nuestro objetivo fundamental es que cada quien ejecute. En aquella ocasión, yo fui la encargada de gestionar todo: convocar al Partido, al comercio local, al Consejo Popular. Era mi responsabilidad porque el concierto se realizaba ‘en mi barrio’. Cuando se hizo en Alamar, los integrantes del proyecto allí fueron los gestores de ese segundo concierto. Por eso lo bautizamos En mi barrio, porque fomentamos, precisamente, el sentido de pertenencia para con la localidad. En muchos lugares se ha ido perdiendo, nosotros pretendemos recuperarlo.

“Otro de los objetivos perseguidos es la donación de bibliografía que puede ser útil para el desarrollo cultural de la comunidad. También incluimos actividades de prevención de las ITS y el VIH –dirigido a hombres que tienen sexo con hombres (HSH)- pues todavía existen muchos tabúes y desconocimiento acerca del tema”.

¿Por qué promocionar el hip hop en estos momentos?

“En nuestra población hay mucha confusión aún sobre el hip hop. En nuestras presentaciones itinerantes tratamos de aumentar el conocimiento sobre esta cultura.

“Por una parte tenemos al hip hop, que es la cultura que posee como elemento sonoro y poético el rap, apoyado por el DJ, pero dentro de esto está también el graffitero, el bailador (breakdancer) y, de un tiempo hacia acá, apareció el teatro hip hop, en el cual estoy trabajando directamente.

“Este tipo de teatro, abarca los cuatro elementos anteriores y los agrupa en un elemento principal: la escena. Así estamos tratando de darlo a conocer dentro del proyecto En mi barrio.

“Sobremanera nos interesa ahondar en nuestras raíces. Desde lo indio hasta la gran mezcla que somos hoy. Eso es lo que estamos tratando de llevar a nuestros niños y adolescentes. Porque pensamos que esto es parte intrínseca de nuestra cultura y no podemos permitirnos olvidar nuestros orígenes. 

“En cada uno de los conciertos usamos la bandera cubana y el himno como elementos de identidad. Algunos se me han acercado y me han dicho: “Siempre con la muela política”. Pero no, es un asunto de nacionalidad, de tierra, de cubanía, es parte de nuestra idiosincrasia”.

Sin embargo, el hip hop es un género musical foráneo…

“Es cierto que el hip hop no es nuestro. Nació en las calles del Bronx en Estados Unidos. Sin embargo, puedo asegurarles que el nuestro es diferente. Los raperos cubanos han incluido ritmos nacionales. Han logrado empastar el espíritu de los tambores africanos, de nuestros toques, y está también, la influencia de Chano Pozo.

“Además, considero que sus letras son una crónica del día a día. La crítica está dirigida a la discriminación racial, los problemas de género, la prostitución.  El hip hop es ante todo una cultura de resistencia y ¿qué es el cubano si no resistencia?”.

¿A qué problemas se han tenido que enfrentar con los proyectos En mi barrio y Espejos?

“Ahora mismo estamos trabajando con adolescentes y nuestro objetivo es tratar de que ese niño vea a la otra persona como su igual, romper las diferencias que existen, las discriminaciones de género y por el color de la piel, porque son tabúes que aún perviven en nuestra sociedad. Nos hemos propuesto enseñar a respetar las diferencias, esa es nuestra línea de trabajo, y sí estamos viendo los resultados, sobre todo en los muchachos.

“Hablamos de niños que arrastran todos estos problemas socioculturales, de Cayo Hueso, La Güinera, Jesús María, Los Sitios, El Fanguito, y sí, la transformación es  palpable, y se ha logrado a través de la cultura. Cuando el mensaje llega a través de un concierto, las personas de estas comunidades lo asimilan mejor. Nuestro grupo de trabajo no intenta llevarle igual la cultura solo para comprenderla, sino como un camino para modificar la conducta errada. Ahora mismo, el hip hop está encontrando soluciones y llevándolas a personas e instituciones, en las cuales ya estamos observando resultados tangibles.

“Esta experiencia la tuvimos en La Güinera y Cayo Hueso. En este último, los niños venían con otros trastornos ocasionados en el entorno familiar y el contexto social.

“Hace poco incluimos en nuestro recorrido a las prisiones, donde los conciertos nos sirven de gancho para llevarles un mensaje a esas personas. También en las regiones de Guanajay y Mariel, tenemos previsto donar cierta cantidad de libros con literatura que les interese a los pobladores de estos lugares y otra, que creemos sería bueno dar a conocer allí. Libros sobre nuestro pasado negro y aborigen, la matanza de 1912 (masacre de miembros del Partido Independientes del Color), los asentamientos de cimarrones… Hemos percibido mucha desinformación sobre nuestra ascendencia”.

¿Satisfecha con lo logrado hasta el momento?

“No satisfecha, pero sí contenta porque creo que se están haciendo muchas cosas buenas y se están viendo esos resultados. Considero que si se va  a hacer un trabajo comunitario donde el objetivo no sea transformar esa comunidad, no tiene sentido. Esta es una labor con efectos a largo plazo, en la cual hay que tener mucho empeño, sobre todo si se trata de incidir sobre la conducta social. 

“Desde el tercer encuentro comenzamos a observar los cambios: en el modo de vestir, en la manera de mirar las cosas. Niños que inicialmente venían muy descuidados, luego de esa cita, comenzaron a lucir diferente. Muchos padres, incluso, no entendían por qué sus hijos llevaban su mejor ropa a clases. Ese fue un buen pretexto para comenzar a trabajar con ellos también y, así, con los ejercicios y las charlas, fuimos transformando el pensamiento”.

¿Qué desafíos debe sortear aún Lourdes Suárez?

“Desafíos hay desde que uno se levanta. El enfrentarnos a los contratiempos económicos, es la primera limitante. Muchas veces tenemos que conseguir nosotros el sonido o el transporte y pagarlo de nuestros bolsillos, si queremos hacer el concierto.

“Sin embargo, creo que ahora mismo el reto está en hacer. Sortear las barreras que ponen algunas personas vinculadas a las instituciones, para quienes es más fácil decir: ‘NO’, que sumarse al sueño de un grupo de personas amantes del hip hop; y es una de las más difíciles de vencer, sobre todo porque no saben escuchar, no hay búsqueda de alternativas, a pesar de que siempre llegamos con varias propuestas. Todavía hay un poco de reticencia, pero afortunadamente han sido menos las puertas cerradas que las abiertas”.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.