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| DJoy de Cuba, uno de los artistas sonoros más conocidos en la escena de la música electrónica cubana. |
Discos, discos, discos
Por: Leandro Estupiñán Zaldívar
El interior de la Casa de la Música se veía ocupado por participantes en las Romerías de Mayo. El público no era como en las noches anteriores, cuando se presentaron en una plaza de la ciudad. Entonces había sido heterogéneo y espontáneo, aunque nunca suficiente para el propósito de los DJ. De todos modos, en la Casa de la Música, aquella tarde, había mucha gente interesada en la presentación de los DJ.
Los DJ o Disc jockey, en principio fueron identificados como simple pincha discos que desde cabinas de radio animaban programaciones enteras. Luego, llegaron a convertirse en ejes de fiestas. Según los rastreadores del tema, la explosión de fenómeno ocurrió en los años setenta con el auge de la cultura hip hop, el reggae, y después la música dance.
Todavía muchos aseguran que se trata de muchachos sin mucho conocimiento de la música, cuyo trabajo es simple: ponen discos y tratar de sacarle sonidos más o menos curiosos. Pero, el tema de los DJ y la música que son capaces de crear se vuelve un asunto muy complejo. En mayo, reunidos en Holguín, los propios creadores trataron de teorizar sobre su mundo creativo.
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| Bandeja de DJ |
Sobre las cuatro, después de ajustar cables, lograr ecualizaciones y ponerse cada quien en su sitio, comenzó a sonar la música. Era un tema de Carlos Varela, pero se deslizaba sobre el ritmo tecno. Las luces aparecían en breves flechazos. Los rostros de los DJ se ponían rojas, azules, verdes. Delante, los menos tímidos comenzaban a moverse a ritmo del sonido.
Uno de los DJ, con audífonos, se movía discretamente detrás de la consola, cuatro mesas unidas sobre las que descansan seis equipos de reproducción. Los trajeron desde Santiago de Cuba y Honduras. Los discos de acetato dan vueltas normalmente mientras los LED parpadean en medio de la oscuridad.
“Nada mejor como el disco de acetato. Nada supera su calidad”, me grita Ernesto Hidalgo, el DJ Tiko, uno de los dos integrantes del proyecto holguinero ELECTROZONA, anfitrión del espacio ELECTROROMERIAS. La intención del proyecto y la del espacio es promover la música tecno, los ritmos electrónicos que en Cuba tienen antecedentes serios como el trabajo de Juan Blanco, quien en los sesenta inscribió muchas de sus mejores obras.
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| DJ Dark: la experimentación como forma de vida. |
Los DJ reunidos proceden de Santiago de Cuba y Santa Clara. “Holguín tiene ocho DJ”, dice Tiko. Además de los cubanos, se juntan hondureños y españoles, visitantes que aportan la más moderna tecnología. Pasadas las presentaciones nocturnas, en la mañana se reúnen para teorizar sobre su especialidad. Hablan de técnica, sonido, ritmo y promoción en los medios.
“Es un sonido futurista. Hace falta técnica”, asegura Tiko con un disco en sus manos. En Holguín, ELECTROZONA ha logrado llegar a programas de televisión y radio, como el estelar Parada Nocturna, un programa de corte musical juvenil que en las noches se radia por la CMKO. Allí un melómano cercano al Proyecto, promueve la música dance, la música electrónica y el trabajo de los DJ.
En los debates teóricos de mayo, un especialistas adscrito a los Laboratorios de Música Electroacústica, ubicados en La Habana, aseguró que en Cuba apenas ocurren espacios como ELECTROROMERÍAS. Los Laboratorios por ejemplo, aseguró, tienen la función de promover el trabajo que hacen los DJ: “Ellos hacen su propia obra y eso hay que registrarlo”.
“En Holguín comenzamos hace cuatro años. Soy intranquilo y me gusta la música fuerte”, afirma Tiko, acomodado ya detrás de un tocadiscos. Se pone los audífonos y comienza a preparar lo que será su presentación en la tarde. “A veces no se toma en serio este trabajo. Es algo muy nuevo.”
Por los altavoces se escuchan temas que los DJ disfrazan levemente. Cada cual le impregna su estilo y creatividad. En este trabajo va implícito un ejercicio de creación donde se pone a prueba la cultura y agilidad del DJ. Los que disfrutan la presentación, la mayoría de las veces, no percibe ese esfuerzo. Sólo se mueven al compás del ritmo musical que los aparatos electrónicos sazonan como si fuera un plato en un restaurante. Y sí: del ingenio y capacidad del chef, será el gusto que se prenda del paladar. |