Del monte, retoños en la ciudad
Por: Helen Hernández Hormilla
Ha tenido la trova cubana un aire de espontaneidad y bohemia desde que, allá por el siglo XIX, poetas ambulantes encontraran en la guitarra compañía para cantarle a la vida, el amor, la pareja o la patria en escenarios tan diversos como los oídos ávidos de emoción. A este espíritu trovero me hicieron remontarme Eduardo Sosa y su “columna invasora” de santiagueros, como jocosamente nombra el trovador a los cuatro excelentes músicos que desde hace unos meses lo acompañan, durante la tercera edición de su peña en la Casa del Alba.
Los allí reunidos asistimos a momentos musicales irrepetibles, pero nada avasallantes. El talento fluyó como si tal cosa, gracias al rapor y la cercanía cómplice alcanzados por el anfitrión. La estirpe guajira de este “retoño del monte” hizo de la velada más una reunión de amigos, dispuestos lo mismo a bailar con el son de Contramaestre que a soltar una lágrima luego de escuchar casi a capella su versión de Te vi, del argentino Fito Páez.
Ya venía faltándoles a los amantes de la canción de autor en la Isla un encuentro habitual con este, uno de los más talentosos trovadores contemporáneos. Frente a la falta de espacios que en la actualidad enfrentan los cultores de esta manifestación musical en Cuba -tanto en los medios de comunicación, las disqueras o los centros culturales-, son las peñas una alternativa eficaz para reencontrarlos y actualizarse sobre su quehacer inmediato.
Para el exintegrante del dúo Postrova, estas presentaciones resultan además la oportunidad de dar a conocer el reciente trabajo con su nuevo grupo, integrado por René Avich en el tres y la dirección musical, David Hernández en la percusión, Abel Virelles en la trompeta y Sarvelio Barroso en el bajo. Quienes seguimos la obra de Sosa con asiduidad no podemos más que celebrar dicha unión pues, si bien el trovador defiende de modo excepcional sus temas en solitario, algunos venían pidiéndole un formato mayor. Pese a la juventud del proyecto, se percibe engranaje y comunicación en el escenario, cuestiones que apuntan hacia la solidez creciente de la propuesta. Los arreglos mantienen en esencia el estilo del creador, mas ofrecen un aliento renovado, sobre todo por el apego a ritmos más contemporáneos.
La herencia sonera de la tierra caliente aflora en temas como Retoño del monte, Santa María de las canciones, Contramaestre y A mí me gusta compay. Junto a la música cubana, llegan las influencias del jazz, el blues y la balada en Se están amando, Para alejar la tristeza y Claudia vendrá, esta última interpretada solo a guitarra, lo mismo que Preocupado por mis amigos. Además de los de su autoría, Sosa aprovechó para retomar canciones antológicas de la trova como Son para ti, de Pepe Ordaz, versionada junto al grupo, y Con la navaja en la mano, de Alfredo Carol.
Uno de esos instantes mágicos que regaló la noche nació de la unión entre el cantautor y sus invitados del cuarteto vocal Sambá. De manera ocasional y sin previo ensayo, Sosa se unió a los muchachos dirigidos por Jaquelis en la interpretación de esa antológica canción de la nueva trova, No olvides que una vez tú fuiste sol, de Augusto Blanca. La ovación general no pudo más que corresponder a la armoniosa conexión entre las cinco voces, donde el cantor hizo gala de su amplio registro vocal. Los convidados también derrocharon la virtud de sus gargantas en Mariposita de primavera y Nebraska, de Raúl Torres, igual de memorables por su cuidada interpretación.
René Avich estrenó por su parte Conflictos, una compleja pieza para tres en la que el joven compositor lleva las cuerdas del instrumento a regiones insospechadas y se perfila como uno de los futuros virtuosos de esta materia en la Isla. La atmósfera de la obra sugiere, emociona y provoca hasta alcanzar dimensiones narrativas y energizantes.
Sorprendieron a su vez los invitados holguineros De Kora-son, un proyecto de trova del cual seguramente se hablará prontamente, si no tuerce el rumbo de sus naves. Las letras pudieran ganar madurez, mas el trabajo musical que realizan Gibrán y Vicente supera con creces a algunos de mayor experiencia en estas lides.
Muchas notas han llovido sobre el pentagrama desde aquellas serenatas trasnochadas de nuestros primeros bardos; mas, sin dudas, este estilo musical goza en la Isla de muy buena salud. Quien lo dude, solo ha de llegarse el primer viernes del próximo mes hasta Línea entre C y D, en el Vedado. Allí Eduardo Sosa y su grupo andan escribiendo, tal vez sin proponérselo, capítulos invaluables en la historia reciente de esa peculiar actitud al ejercer la canción, que llamamos la trova. |