Leonid Agutin
Cuba y Rusia, otra vez cerca
RESEÑA
Por: Mabel Machado
Desde hace varios días se había corrido el rumor en La Habana sobre un músico de Rusia que vendría a ofrecer un concierto junto con el compositor y flautista cubano Orlando Valle “Maraca”. Unos carteles hechos por rotulistas –a la antigua- plantados en el Coppelia, el boulevard de San Rafael o los bici-taxis, lo confirmaron a pocos días de realizarse. El diario Juventud Rebelde propuso, a mediados de semana, el slogan con que el cantante Leonid Agutin sería definitivamente identificado en Cuba: “el rey del pop ruso”.
Es cierto que la frase ha dado de qué hablar, sobre todo entre los fanáticos convencidos del difunto rey del pop americano, Michel Jackson. Pero lo que sí resulta notable a pesar de ello, es que el “expediente” de Agutin confirma una trayectoria de éxitos, como su último trabajo, el DVD-CD Cosmopolitan Life, grabado junto a Al Di Meola, guitarrista reconocido entre los mejores del mundo.
Además, el espectáculo del sábado 23 de enero en la Plaza de la Catedral -el “sueño” que lo mantuvo “nervioso” durante su estancia en Cuba-, probó ante los cubanos el carisma y las dotes musicales de Agutin, quien logró acoplar de manera brillante su propuesta a las sonoridades de la Isla. Maraca, a quien el ruso había conocido e invitado a actuar en un show en París, tuvo a su cargo el arreglo de los temas y compartió escenario con el vocalista durante casi dos horas. Ya a comienzos de este mes Orlando Valle había cautivado con su Monterrey Jazz All Stars en el Teatro García Lorca, que dio el pie para levantar muchas más expectativas sobre este concierto.
En la ejecución de los dieciocho temas que se escucharon en La Catedral, participaron los músicos de la banda de Agutin y sus invitados cubanos, haciendo posible y aún más fructífero, el encuentro de culturas de diferentes partes del mundo, que atrajo al ruso hacia la Isla. “Dont´leave”, “Half of the heart”, “Dancing copules”, “Metro”, “Togo kogo”, “Doors to heaven”, “Island”, “Everything disappeared” y “Purple moon”, se sucedieron una tras otra hasta la irrupción de la inconfundible voz de la diva del Buena Vista Social Club, Omara Portuondo, en una versión de “Dos Gardenias”, de la cubana Isolina Carrillo. La ganadora del Grammy por el CD Gracias también interpretó con Leonid el tema “Darkness nigth”, una antigua canción rusa que tiene sus orígenes en Cuba.
El alambre dulce de Pancho Amat, uno de los más renombrados maestros del tres en la Isla, también se escuchó en la Plaza, que minutos después se despidió del concierto, mientras sonaban los acordes de una canción titulada “Cuba África”.
De haber sabido decir “otra” en ruso, hubiese clamado por más al final del espectáculo. Pero los pioneros de mi generación no estudiamos el idioma en las escuelas ni participamos en los viajes de intercambio con la URSS. Yo conocí a los malmirados muñequitos soviéticos cuando ya no eran tan “de palo” y junto con mis amigos viví la nostalgia por la época de ensueño de nuestros padres por ese país de historia gloriosa, que era como una segunda madre patria para la Isla antes del famoso “derrumbe del muro”.
La cubana y la multinacional soviética nunca fueron dos culturas cercanas, y desde los primero 90 hasta la fecha, los encuentros entre una y otra han sido pocos. Confieso que fui a La Catedral para convencerme o despojarme de los mitos. Me quedé con lo segundo, porque la admiración que provocara nuestra música en Agutin, permitió un contacto memorable, que trae un buen augurio además, sobre la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana, dedicada a Rusia.
El autor de los discos Barefoot boy y Decamerón, completó con su actuación, custodiada por la más famosa iglesia de Cuba, un documental sobre su pasión por la música del patio y los ritmos del Caribe, al que ha titulado Havana Calling. Que este “Artista Honorífico” haya tomado a la capital cubana como una parada para recrear uno de los capítulos de su serie audiovisual sobre la música de varias partes del mundo y que hable de las creaciones nacidas aquí como de las “más grandiosas del universo”, son motivos suficientes para aplaudirlo, lo llamen rey o príncipe… y aunque haya entre su país y el nuestro un océano de historia y de tiempo. |