 Ayer y hoy de una música que quiere ser cubana
Por: Lian Morales Heredia
Los disc jockeys cubanos (DJs) se empeñan en ser reconocidos públicamente como profesionales de la música en un momento importante del desarrollo de la producción de ritmos electrónicos y del apogeo de las nuevas tecnologías. En Cuba ha existido una esforzada tradición musical electroacústica, pero ella ha sido insuficientemente reconocida en el ámbito nacional, donde han tenido más suerte otros géneros como el reggaeton.
La calidad de la electroacústica nacional fue reconocida en el año 2001 con el otorgamiento a Cuba de la sede de la XXVII Conferencia Internacional de Música por Computadoras, la cual es patrocinada anualmente por la Asociación Internacional de Música por Computadoras y convoca a compositores, intérpretes y especialistas en el campo de la informática musical de todo el mundo.
Actualmente algunos DJs cubanos, denominados productores, componen su propia música. Definidos unos como artistas sonoros y otros como compositores, la vanguardia de los disc jockeys en Cuba se presenta en el panorama musical con una gran variedad creadora, a 69 años del comienzo de la historia de la música electroacústica en la Isla.
Antecedentes de la música electroacústica en Cuba
En 1942 el compositor Juan Blanco presentó en el Registro de Marcas y Patentes la información gráfica descriptiva de un instrumento de su propia creación al que llamó multiórgano. La invención, muy novedosa en aquel entonces, consistía en un set de loops (bucles) de alambres magnetofónicos con una nota de la escala cromática producida por voz o por instrumento musical pregrabado en cada uno de ellos. En una época en la que todavía no existía la grabación en cinta, la calidad del aparato fue avalada en el Simposium Internacional Musical Inventions and Creations, celebrado en junio de 1991 en Bourges, Francia.
En Cuba, a partir del comienzo de la segunda mitad del siglo XX, transcurrió un proceso renovador en cuanto a las fórmulas de la creación musical, que fueron reconocidas como repetitivas de las pautas de épocas pasadas en el Festival de Música Contemporánea Cubana de 1959. Respondiendo a esa situación los compositores Leo Brouwer, Juan Blanco y Carlos Fariñas comenzaron a utilizar técnicas novedosas de composición y ejecución, como las postseriales y las aleatorias, antecesoras de la actual música electrónica.
Al mismo tiempo, Blanco, con la ayuda del destacado intelectual Alejo Carpentier, comenzó a incursionar en la música electroacústica influenciado por la producción internacional de la época. Así, en 1961, concluyó su primera obra en este estilo titulada Música para danza, realizada con un oscilador de audio y tres magnetófonos domésticos.
La faena por el fomento de la música electroacústica en Cuba apenas empezaba. A los músicos mencionados se unió el entonces director de la Orquesta Sinfónica Nacional, Manuel Duchense Cuzan, para conformar el eje central de la llamada Vanguardia Musical Cubana de los sesenta, la cual determinó en gran medida el posterior desarrollo de la música nacional.
A partir de entonces se desarrolló un proceso de crecimiento de la electroacústica caracterizado en su primer momento por presentaciones dispersas, y que fue liderado por Juan Blanco. Después del primer concierto oficial en 1964, este compositor emprendió una campaña promocional de la música electroacústica, la cual incluyó cientos de conciertos en La Habana, varias giras hacia las provincias, presentaciones en la radio y la televisión, acompañamientos sonoros en exposiciones, hospitales, hoteles y espacios públicos interiores y exteriores, realización de espectáculos, música para la danza, el teatro, el cine, la psiquiatría, la gimnástica, además de múltiples conferencias y cursos sobre la especialidad en universidades y otros centros culturales, así como la redacción de artículos para periódicos y revistas.
Juan Blanco fue por varios años el único músico cubano dedicado a la composición de este tipo de música. Luego se incorporaron a la producción electroacústica Sergio Barroso en 1969 y Leo Brouwer en 1970, dos años después se sumó Carlos Fariñas, y en 1978, Edesio Alejandro. Ya en la década de 1980 se añade el grupo de jóvenes formados por Blanco en el Taller Icap de Música Electroacústica (TIME), además de otros compositores atraídos por este género. En estos años también se celebraron los Encuentros Cuba-México de Música Electroacústica.
A raíz de su loable trabajo como asesor musical en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), Juan Blanco logró que la entidad le facilitara un estudio de música para la creación electroacústica con la condición de que lo utilizara solo él. Así comenzó a trabajar con más eficacia, y al poco tiempo de inaugurar el estudio, por voluntad propia abrió sus puertas para todos los compositores interesados en esta música, lo cual dio paso a la creación del TIME, con una ardua labor docente a su cargo. De este modo nació un amplio grupo de músicos electroacústicos cubanos, algunos de los cuales han logrado lauros internacionales de los más importantes en concursos de composición. Por ejemplo, la obtención en 1984 del primer premio de música electroacústica en el Concurso Internacional de Bourges, Francia, con la obra realizada a cuatro manos por los músicos Juan Piñera y Edesio Alejandro, Tres de dos.
En 1981 Blanco organizó y presidió el Primer Festival Internacional de Música Electroacústica Primavera en Varadero, sus ediciones se desarrollaron en dicha playa hasta 1998, cuando se trasladó al Centro Histórico de La Habana bajo el nombre de Primavera en La Habana, todas bajo la presidencia del propio Blanco. En el transcurrir de los años, los resultados de este festival han manifestado el gran desarrollo alcanzado por la música electroacústica cubana.
Los herederos de la electroacústica: los disc jockeys profesionales
En nuestros días, marcados por el auge y la masificación de los adelantos tecnológicos, ya no se habla precisamente de música electroacústica entre los que la cultivan. Sin olvidar el legado de Juan Blanco y la obra de músicos como Edesio Alejandro, los disc jockeys cubanos no denominan su música electroacústica, sino electrónica.
A decir de DJ Lejardi, una de las causas principales del surgimiento de los disc jockeys radicó en el hecho de que lo que consistía un grupo de varios instrumentos, podía ser sintetizado en una persona.
Al igual que en el resto del mundo en Cuba aparecieron los DJs, los cuales se desarrollaron hasta que los más avanzados desde el punto de vista musical fueron definidos como disc jockeys productores, pues componen su propia música a partir de mezclas de ritmos electrónicos y de otros géneros, así como de la producción de música original por computadoras, sintetizadores sonoros y teclados.
Hoy los representantes de la música electrónica cubana muestran una ancha gama de líneas estéticas, que van desde la mezcla de ritmos afrocubanos con los electrónicos exhibida por DJ Vazz Brothers, hasta la presencia de voz en temas de estilos electrónicos muy fusionados en el caso del dúo I.A. (Iliam Suárez y Alexis de la O).
Los exponentes actuales de esta música afrontaban como un problema fundamental el tema de la profesionalización. Esta cuestión dañaba mucho el desarrollo de la música electrónica incidiendo en la falta de reconocimiento y prestigio, pues no eran vistos como profesionales del arte, y así enfrentaban muchas dificultades respecto a la remuneración por parte de las instituciones, lo cual le restaba legitimidad, seguridad y responsabilidad a su trabajo.
Actualmente se les ha otorgado la condición de profesionales de la música a los DJs productores, los cuales pertenecen a la plantilla del Laboratorio Nacional de Música Electroacústica (LNME). Ello se ha logrado a partir de los reconocimientos obtenidos por los representantes de la música electrónica en certámenes como los Premios Cuerda Viva y el Festival del Video Clip Cubano Lucas, además de los eventos musicales y de la promoción de la música electrónica entre los que destacan el festival Primavera en La Habana, auspiciado por el LNME, y los festivales Proelectrónica y Rotilla. Según Iliam Suárez, directora artística del primero, estas citas cuentan cada año con mayor cantidad de público.
La promoción necesaria
Para que un género musical sea difundido masivamente de forma exitosa, necesita poseer un determinado reconocimiento social primero. Para ello es imprescindible la promoción de la música en cuestión, unida al fortalecimiento del género en el nivel artístico de sus exponentes y la calidad de sus eventos; todo esto fortalecerá el prestigio de la imagen pública de la música, y determinará su popularidad y la difusión en los medios de comunicación masiva.
Algunas instituciones han respondido a la demanda promocional del movimiento de la música electrónica en Cuba. Según el disc jockey productor Roberto Paz, el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica es la institución que programa las presentaciones sistemáticas en centros culturales y recreativos de los DJs productores ya reconocidos como profesionales.
Además de la ambientación musical en discotecas, clubes y centros recreativos por parte de los disc jockeys -productores o no-, uno de los aspectos que más influye en la imagen pública de los representantes de la música electrónica es la aparición de ellos formando parte de grupos musicales de moda como los del reggaeton. El movimiento de la música electrónica en Cuba requiere, en pos de seguir ampliando el prestigio y el reconocimiento público, una elevada profesionalidad artística de los DJs que integran agrupaciones musicales de géneros distintos a los electrónicos. Destaca entre estos DJ Ra, quien ha venido trabajando con el cantautor de reggaeton Baby Lores. Según Alexis de la O, fundador de los grupos Nacional Electrónica e I.A., DJ Ra fue uno de los pioneros en las técnicas modernas del arte musical electrónico en Cuba
Por otra parte, resulta conveniente para los disc jockeys consolidar las relaciones entre ellos, identificándose con motivos, aspiraciones y estilos de la música electrónica. Así será más fácil acrecentar el reconocimiento y la comprensión institucional y pública, ávida cuenta de la oficialidad que resultaría de agrupaciones conformadas por los DJs y de la consabida certeza de que «en la unión está la fuerza». Un ejemplo de organización dentro del movimiento de los disc jockeys cubanos es el proyecto de promoción West Side DJ fundado por DJ Thellus, y que reúne a los DJs del oeste de la capital, aunque les falta consolidación más allá del espíritu coterráneo y de fraternidad.
Se impone luchar por el prestigio de esta música que por virtud propia ha conquistado un excelente nivel creativo, y que por tanto se merece más ayuda y reconocimiento. Evitando euforias desacertadas y trazando mecanismos de desarrollo atinados, se otorgará sin duda alguna, un buen aporte a la riqueza cultural de la nación cubana.
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