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La flautista Sandra Busto comparte con Mariño su la escala santaclareña de Celosía.
Aguacero flamenco

Por: Héctor Darío Reyes

Tres aluviones de cuerdas, cajón y palmas; versos y vuelo de gitanas trajo Reinier Mariño en su espectáculo Celosías. El tablao quedó corto tras la voz de la cantaora española Carmen Agredano, las declamaciones de la uruguaya Cecilia Salerno y las cuerdas Mariñeras, llegadas hasta acá por motivo de su gira.

El escenario quedó pequeño tras los giros de muchachas que bailaban a lo
Sacromonte, casi sin ensayos siquiera. A golpe de talento.

Espectáculo formal el ofrecido en la Sala Principal del teatro La
Caridad. Más que nada, reunificación de aptitud y gusto para apreciar
y componer arte gitano.

Un evento de hermandad y disfrute del canto, para batir palmas y sonar las castañuelas en esta tierra de sones, guaguancós y salsa, pero que a la hora de bailar puede hacerlo flamenqueao.

Celosías es “ante todo un acto de amor”, dijo el actor Carlos Padrón, quien regaló versos y retazos de grandes poetisas iberoamericanas como  Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, y Dulce María Loynaz.

“Este espectáculo representa una madurez en mi trabajo”, comentó
Mariño, que no repara en la sencillez de su propia naturaleza para convertirse en un hacedor de placeres marcados por la música, por las cuerdas.

 Y acá se sumaron todos. Talentosos músicos del patio compartieron con
bellas bailaoras. Como si de pronto Santa Clara fuera “algún lugar
de la Mancha” donde Quijotes y Camborios se pelearan por Preciosa, que
aún corre perseguida por el viento verde.

Tres fueron los momentos de la lluvia aflamencada porque tras el aplauso final, no cerraron las palmas, ni los cantes de ese ritmo pegajoso y sensual que es el flamenco.

La juerga continuó extendiéndose hasta los primeros visos de la madrugada. En otros escenarios, otras plazas. La sala Margarita Casallas del Centro Cultural El Mejunje, abrió puertas a los bailaores, a los cantes y las castañuelas en un espectáculo que se disfrutó entre amigos. Para entre otras, seguir
flamenqueando a Santa Clara desde un punto de vista bien pilongo.

Allí aparecieron músicos e intérpretes como Maikel Elizalde y Mayela
Fernández, ambos aportando su grano de cultura propia a todo este
jelengue. Un cienfueguero de la nueva trova y algún que otro
intérprete, unieron oídos, corazones y gargantas para hacer suya la noche mejunjera.

Porque “si existe un sitio donde el flamenco gusta es aquí, es una tierra rodeada de flamenco», señaló Mariño ante un público que lo aclamaba no solo por su arte interpretativo, sino que reconoce cuanto siente él por esta ciudad que lo recibía todos los veranos cuando era niño.

Y fue otro parque el que cerró la gran fiesta, las descargas propias, las universales. Las Arcadas acogió a los bohemios trasnochados que parrandearon notas y palmadas casi hasta la mañana, en una noche en que ni el mismísimo Lorca hubiera apagado faroles, ni encendido grillos.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.