A ritmo de saxofón
RESEÑA
Por: Mariana Camejo
Cuando el siglo XIX dejaba correr sus días por todo el mundo, la música pareció sentarse en la vieja Lousiana de los Estados Unidos a decidir qué hacer para revolucionarse y abrir las puertas a la improvisación. El próximo acontecimiento trajo consecuencias. Jazz es la palabra que dirige la libertad melódica a ritmo de clarinete, saxofón, piano y otros instrumentos, y ese fue el nuevo género que se volcó en miles de partituras.
Luego de tantos años, centramos la atención en nuestro país. Nos sentamos frente a un escenario del Pabellón Cuba, y Jesús Fuentes, con su mayor destreza, interpreta un tema del músico norteamericano Charlie Parker. Así, el saxofonista felicita al programa televisivo A todo jazz por su décimo aniversario, con el grupo Santo Tomás Conection, donde ha tocado por más de ocho años.
Jesús, amante de las historias yorubas y residente en la calle Santo Tomás, de Centro Habana, prepara el próximo disco de su grupo, mientras acompaña a la familia como saxofonista de la agrupación Las Canelas desde hace dos décadas, donde su hermana es directora. Isla de Sueños es el nombre del primer CD con su propio proyecto.
El jazzista cubano reconoce que el género nacido en Louisiana necesita más difusión desde todos los medios, y exige ya la mano joven que imprima nuevos cánones armónicos.
Jesús estudió en el Conservatorio Amadeo Roldán y en el Instituto Superior de Arte, además del Conservatorio de Praga -sin olvidar cursos en Polonia y Alemania como clarinetista-, y ha ganado premios en varios países.
Al escenario del Pabellón Cuba subieron algunas muchachas de Las Canelas, grupo que el afamado clarinetista y saxofonista asegura que no abandonará nunca. Recién llegado de Martinica, donde realizó un concierto de música clásica junto a una pianista cubana residente en ese país, el jazzista deja escuchar al público oyente composiciones melódicas con la evidente influencia de varios maestros, entre ellos Emiliano Salvador.
Jesús Fuentes, dedicado por entero a crear, se sitúa hoy en el árbol genealógico del jazz en la Isla para quedar como uno de los mejores. Su nombre y su rostro pasarán al baúl del legado musical de nuestro país, para ser recordados por los próximos hacedores de armonías y partituras. |