Escribanía Dollz:
Se hacen cartas de amor a cualquier hora.
Por: Liudmila Quincoses
No puedo recordar cuando empecé a sentir esta obsesión por las palabras escritas, de niña había descubierto que las palabras que son dichas desaparecen, pasan a formar parte de lo intangible, se olvidan. Solo lo escrito es patrimonio de lo eterno, en las plazas, en los lugares abiertos o cerrados las conversaciones que día a día sostenemos quedan en ninguna parte, la memoria lava esos diálogos, los modifica hasta el cansancio. Más tarde aprendí el valor de las palabras que en una misiva se pueden guardar entre nuestras cosas sagradas, retomarlas de vez en vez. Pocas emociones son tan poderosas como esas que se experimenta al volver a leer una carta de amor.
Por eso mí apuesta con el amigo, por eso el cartel: Se hacen cartas de amor a cualquier hora. La más genuina desesperación para mí, sigue siendo la del enamorado frente a la página en blanco, sin encontrar las frases, sin saber que decir, toda su vida depende de una carta, su felicidad depende de una carta. En diez años he visto muchos ojos apagados, manos inquietas, síntomas de la angustia. Ser escribano es comprometerse a calmar esa soledad, a reconstruir historias. Pero sobre todo es alguien a quien le interesa mucho la persona que ha venido, dejando atrás el pudor, a hacerlo partícipe de su problema. Entrar en la vida de dos personas es tener también potestad para cambiar esa historia.
Por eso al refundar la Escribanía y convertirla en un Proyecto Cultural, Julio Neira y yo, decidimos respetar el principio fundamental por el que fue creada, mantenerla esencialmente como un lugar donde se escriben cartas de amor. Hemos hecho varias exposiciones de pintura y escultura, lanzamientos de libros, funciona un taller de libre creación, al que asisten jóvenes escritores. Y se han organizado dos ediciones del Concurso de Cartas de Amor. Uno de mis objetivos al fundar la escribanía fue demostrar la necesidad de comunicación a través de la palabra escrita, creo que una gran cantidad de personas utilizan las esquelas más que antes. Me divierto los catorce de febrero cuando excepcionalmente pongo un cartel en la puerta de la Escribanía y escribo decenas de misivas como complemento a un ramo de flores o a otro regalo un poco más material.
No sólo redacto epístolas a las personas que vienen a verme, recibo cartas de todo el país e incluso del extranjero, es un trabajo largo y complejo, pero que hago con mucha alegría, y que me reporta una gran satisfacción.
Quiero agradecer a las instituciones culturales y a los amigos que trabajan en ellas, ayudando siempre a la escribanía, haciendo posible que las cosas fluyan, manteniendo la fe, poniendo su buena energía y su dedicación. Especialmente cuando hemos convocado cientos de personas, cuando en nuestra cuadra la gente hace suya la fiesta de las cartas y los concursos.
A todos los que me han escrito, o los que han venido a verme desde la Ciégana de Zapata o Remedios, o de los lugares más inverosímiles, les doy las gracias, es increíble la confianza, esa infinita entrega. Y espero a esos que vendrán, a los que encontraré en cualquier calle de Cuba, a los que veré ir, con paso rápido a entregar su carta. Nada es más importante, ser escribana, en Cuba, ahora, es un acto de fe.
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