Versos desde la ciudad
RESEÑA
Por: Leonor Santos
Fotos: Antonio Pons
La poesía no es útil solo al deleite de los sentidos, sino que sirve para evocar pasado, soñar futuros, y también para dialogar sobre realidades que pueden y deben ser siempre diferentes, como cada creador. Y a pesar de ser por si sola pretexto suficiente para celebrar, el Festival Internacional de Poesía de La Habana convocó a decenas de creadores a compartir sus obras también desde la remembranza a los centenarios de José Lezama Lima y del poeta de Orihuela, Miguel Hernández, y al bicentenario del inicio de las luchas por la independencia de América.
Entre el 24 y el 30 de mayo la ciudad se convirtió en una plaza de lecturas y versos, donde la solidaridad entre pueblos, y los ideales políticos de izquierda ocuparon no solo voces, también espacios. A ello se sumó la celebración del 80 cumpleaños de Roberto Fernández Retamar, Presidente de Casa de las Américas y de Roberto Sosa, Poeta Nacional de Honduras.
A las lecturas promovidas no solo llegaron creadores desde las más disímiles regiones del mundo, portadores también de las más diversas tendencias estéticas, sino que los aficionados de los versos encontraron espacios para compartir su obra. Los criterios de estos últimos sobre el Festival dicen mucho sobre el lugar que ocupa la poesía en la literatura cubana y continental.
El doctor Eliécer López Cabezas llegó nuevamente a la Tertulia de Mario Martínez Sobrino, encuentro insertado esta vez entre las actividades del evento y después de compartir sus versos con un auditorio tan joven como él, declaró: “He participado de una forma u otra en tres festivales de poesía, siempre por la fundación Nicolás Guillén de la UNEAC, como miembro de su Grupo de Creación Poética y siempre me parece un evento maravilloso. Un espacio donde se puede conocer sobre lo que se escribe en casi todo el continente, sobre los valores representativos de una poesía, en algunos casos, casi inédita, o con ediciones en ocasiones financiadas por sus mismos autores. La mirada hacia esa poesía de Latinoamérica que podríamos catalogar como emergente, a veces con muy buenos valores, propicia en definitiva un encuentro siempre útil”.
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Es que lo novedoso del festival radica sobre todo en la cantidad de generaciones poéticas que intercambian en sus jornadas. Y a pesar de tanta diversidad fueron comunes el respaldo a los cambios revolucionarios en América Latina, la necesidad de preservar el agua y la biodiversidad frente al cambio climático, así como la importancia de la solidaridad entre los pueblos.
La constitución de la red continental de festivales de poesía de América Latina y el Caribe, entusiasmó a muchos. Porque a estas alturas del siglo XXI, y a pesar del desarrollo de las comunicaciones y su intromisión en todos los espacios de la vida humana, la poesía sigue siendo para muchos una necesidad: “Según Martí la vida se gana dándola, y esa también es mi filosofía cuando escribo poesía”, aseguró Omar Valmoris López, un joven contador que desde los 16 años junta versos, y que como sui géneris creador estuvo también al tanto de los encuentro del evento.
Cada participante, invitado, oyente, esgrimió sobre todo una certeza: hay espacios de intercambio cultural imprescindibles, que a pesar de cualquier lucha deben sobrevivir, porque como el Festival Internacional de Poesía de La Habana, en ellos mismos se resumen todas las batallas y todas las victorias.
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