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Uno debería regresar de la lectura sin ser el mismo
Entrevista a Yordis Monteserín

Por. Alcides Pereda

Aunque hemos compartido más de un espacio geográfico, lecturas de narrativa y cafés literarios, amigos y alguna que otra afición, no me atrevería a decir que conozca a Yordis Monteserín. Al menos a la persona, porque al narrador que ha publicado los excelentes libros de cuentos Farewell en re menor (Ed. Sed de Belleza, 2008) y Adagio del ángel caído (Ed. El Mar y la Montaña, 2011), y del que tuve la oportunidad de leer y premiar Los perros del amanecer en la última convocatoria del Premio de Cuentos Celestino 2012, sí puedo preciarme de conocerlo.

Narrador elegante, de garra, alejado de los usos y modos de la narrativa cubana contemporánea, que dictan como norma la necesidad de desvanecer la anécdota, la descomposición de planos espaciales y temporales, seguida de una primacía única de conflictos polares, en muchos casos cercanos a la violencia física. Sus dos libros publicados y el que saldrá próximamente bajo el sello de Ediciones La Luz gracias a su premio Celestino, lo confirman sin el ruido mediático de los grandes premios y reconocimientos nacionales, como un joven que desde su natal Guantánamo escribe para cambiar a su futuro lector, y para hacerlo él mismo también.

Con Farewellenremenor, tu primer libro,ganaste el Premio de Cuento de la Editorial Sed de Belleza en 2008. A la vuelta de los años, ¿cuánto ha cambiado el escritor que es Yordis Monteserín?

Soy un escritor joven, y Farewell… es mi primer libro de cuentos. Por lo tanto, es bastante probable que al mirar atrás y comparar lo que entonces se consolidó en un libro con lo que estoy escribiendo ahora (en la pasada Feria del Libro salió mi segundo volumen, también de relatos), descubra que he cambiado, ojalá que para bien (así lo espero). Ahora bien, definir el nivel de ese cambio resulta más difícil, por aquello de lo complicado que resulta conocerse a sí mismo. No obstante, puedo mencionar un par de certezas: el joven que publicó Farewell… era más optimista, más confiado, más absoluto en sus juicios y más atrevido a la hora de encauzar las cuerdas vitales que pulsan el acto creador. El joven que publica Adagio… es más sereno, más escéptico y más seguro de lo que está buscando con su narración. Eso, al menos, sí puedo percibirlo. Que lo consiga o no, ya es otra historia.

Las páginas de Farewell en re menor, sin embargo, no presentan una pretensión mayor que la de narrar a la vieja usanza…

Mis aspiraciones en realidad eran contar una serie de historias y que al menos alguna lograra conmover al lector eventual. Lo demás es añadido de quienes tienen más visión que yo. Mireya Piñeiro, una persona a quien admiro, hacía referencia, tal y como lo expresara cuando presentó ese libro, a que la forma que yo había elegido para contar era la de sucesos cotidianos, la de esas pulsiones ocultas que se encuentran en el individuo común y se evidencian en las relaciones de todos los días. Las historias anónimas de seres anónimos, aparentemente triviales. Sin malabarismos excesivos (aunque sí se notan en ese libro algunos ejercicios de estilo), por lo cual las narraciones dan la impresión de que se calla más de lo que se cuenta. El lector debe completar el cuadro con la experiencia de su propia cosecha.

Recientemente ganaste el Premio Celestino de Cuentos, y además se presentó Adagio del ángel caído, tu segundo libro, editado por El Mar y la Montaña, de tu natal Guantánamo. Al hablar de este y del anterior surge una certeza. ¿A qué esta obsesión con los vínculos entre música y escritura, sabiendo que tus cuentos poseen, podría aventurarme a decir, un tono musical de inicio a fin?

No sé si mis cuentos poseen ese tono que mencionas, pero sí estoy seguro de que la literatura y la música tienen mucho en común. Al menos yo lo veo de esta forma, y no se trata de un fenómeno intrínseco a la poesía, también ocurre en la narrativa. Leer un buen cuento o una buena novela es sumergirse en una atmósfera, en un ritmo, en cadencias y movimientos que, como la música grande, te arrastran y te sugestionan, te alienan y de los cuales no regresas igual. Esos momentos en los que uno levanta la mirada y contempla su alrededor con otra percepción, sin poder captar exactamente dónde está la diferencia, qué se ha movido en nuestro interior durante la lectura… esos son instantes de una belleza sublime. Algunas narrativas lo consiguen y otras no; algunas son sensacionalistas, otras casi un chiste, las hay muy entretenidas y placenteras; y todo eso está bien, entra dentro del orden de estas cosas. Pero uno, en cada intento, debería siempre empeñarse en conseguir las otras obras, aquellas de las cuales el lector no regresa siendo el mismo. Esas son las mejores. Sí, creo que esa obsesión se ha reflejado en los dos títulos de mis libros.

Al leer tu prosa uno queda sumergido en una especie de angustia debido a la introspección en cuanto a temas y personajes que los llevan adelante. ¿Cuánto de cierto hay en esta aseveración?

Bastante. La angustia es una de las vivencias más intensas y dolorosas, no solo cuando se experimenta en carne propia, sino cuando se hace, digamos, por empatía; cuando se logra que el lector se identifique con un protagonista de tal manera que a través de ese vivir ajeno sienta la angustia del personaje, está asegurada una experiencia literaria vigorosa.

¿Qué temas te interesan tratar?

Cualquier tema humano que se encuentre en ese espejismo de lo aparentemente común. Hay ahí vivencias desgarradoras.

¿Cuáles son los autores qué sientes te han influido de alguna manera?

Muchos, de una u otra manera. En general, la literatura norteamericana. Soy consciente de algunos: en particular, algo de Hemingway y Salinger, bastante de William Faulkner, Borges y Marguerite Yourcenar.

Diriges la sección de literatura de la AHS en Guantánamo. ¿Cuáles son las características que aprecias en los jóvenes que ahora mismo escriben en la provincia?

Hay pocos narradores jóvenes en Guantánamo. Sin embargo, los que están tienen estéticas tan dispares y atrevidas que resulta difícil responder de manera abarcadora. Diría, en resumen, que es posible hallar propuestas bastante interesantes.

Algo que haya quedado en el tintero

Siempre algo queda.


 

© Asociación Hermanos Saíz. 2013.