Unidad y cultura cubana en Fernando Martínez Heredia
Por: Giovanni Fernández Valdés
Un texto que tal vez no tuvo la suficiente atención en la XIX Feria Internacional del Libro es Andando en la historia, del intelectual y ensayista cubano Fernando Martínez Heredia, en el que se reflexiona socio-históricamente a la Revolución Cubana.
Uno de los mejores valores del volumen es que en el análisis se realiza una separación necesaria: entre la cultura y nación cubana, por una parte y la formación económica, por otra, para después interrelacionarlos sin perder el hilo de la argumentación.
Martínez Heredia desde el principio de sus ensayos declara su afiliación marxista en el plano teórico, lo que le permite realizar un bosquejo por las raíces y tradiciones de la formación nacional para desembocar en una explicación de la realidad cubana actual: “Me encuentro ante una elección difícil pero creo resolverla al compartir reflexiones, hipótesis, certezas y preguntas acerca de cultura y cubana, libertad y justicia social. Una de las cuestiones principales al abordar la cultura cubana es la enorme carga de acumulaciones políticas que contiene sus dimensiones populares. No sucede los mismo en todos los países; en muchos casos lo popular guarda distancia de lo político y, de paso, disimula la efectiva exclusión o subalternidad de los sectores populares respecto a las decisiones políticas”.
Un tema que le preocupa al Premio Nacional de Ciencias Sociales es la vinculación entre libertad y justicia social a partir de la visión de cubana y las diversas expresiones culturales como lo revela su primer ensayo Cultura y cubana. Libertad y justicia social.
Conceptos como diversidad social, unidad nacional son puestos en tela de juicio cuando comienza a analizar el surgimiento económico de Cuba a principios del siglo XIX, a partir de sus contradicciones, la dimensión racial, los entrecruzamientos culturales y las continuas migraciones. Según Martínez Heredia “lo nacional califica solo uno de los tipos de identidad y de cultura que existen, y lo nacional tiene también significados y contenidos específicos en la identidad o en la cultura con el fin de que sea posible desplegar sus riquezas, complementarse y reforzarse todos, y avanzar en el camino prolongado y difícil de logar vidas más plenas, abatir las dominaciones y propiciar la liberación humana y social”.
Junto al enriquecimiento de la floreciente burguesía cubana de las primeras cuatro décadas seculares, su interés por “blanquear la Isla” y fortalecerse de manera tecnológica, también está el deseo por semejarse culturalmente a Europa, es decir la ideas de modernidad. Los principios de libertad y democracia son discutidos con la colonia española, se piensan en reformas que permitan que el país se convierta en “civilizado”.
Esta unidad cultural e ideológica de manera general es lo que permite que la predicación martiana, en los años 90 de ese siglo, pudiera ser en la emigración vital para la fusión entre los mambises de la Guerra de los 10 Años y las nuevas generaciones y lanzarse a otra lucha contra España, a pesar de las ideas de autonomismo llevadas a cabo por intelectuales cubanos como Rafael Montoro que defendían ideas ya rebasadas por el pensamiento más radical de la Isla.
Martínez Heredia reflexiona que “la Revolución del 95 fue el apogeo de la acción, y eso no les daba mucho lugar ni demasiada fama a los intelectuales. El pueblo naciente fue quine perfiló sus símbolos, imagen y la formulación primera de su gesta. La democracia cubana fue una conquista de la guerra revolucionaria, no una reforma de políticos sagaces alimentada por intelectuales de gabinete; sus prácticas a partir de 1899 no fueron de ningún modo un regalo, sino una necesidad de las clases dominantes”.
Andando la historia se introduce en el legado político e ideológico de los primeros 50 años del siglo XX de la República en los que trata temas como la discriminación racial, el nacionalismo que permiten comprender el decurso histórico de la Isla.
Pero, sin dudas, las reflexiones que realiza en los ensayos “Visión cubana del socialismo y la liberación “ y “Combates por la Historia en la Revolución”, son los más polémicos en el sentido en cómo problematiza la situación actual cubana.
Las dificultades en la enseñanza de la historia en las escuelas y la trivialización de aspectos fundamentales en el ideario cubano de figuras como Martí, Mella y Jesús Menéndez que no permiten explicar realmente el papel que juegan en la formación social y cultural de la Isla, la enajenación y expresiones “apolíticas” entre los jóvenes en la actualidad hacen que el autor del “El corrimiento en el rojo” plantee que “padecemos la conservatización de una parte de los sentimientos y del pensamiento, una reacción del campo espiritual que afecta a la vida cotidiana y a los ideales socialistas. Ambas corrientes conviven con las acciones políticas, socialista e internacionalistas que dinamizan la vida cívica, y con las representaciones y proyectos políticos”.
Como solución a estas cuestiones Andando… apela una vez más al fortalecimiento cultural y a la unidad, es decir “es imprescindible hacer cada vez más rica la herencia que nos ha dejado la Historia de Cuba, continuando el trabajo en las nuevas condiciones y respondiendo a las nuevas necesidades, creando y atravesando nuevas fronteras”. |