Un escenario repleto de tensiones. Notas para presentar la cuarta Gaceta del año.*
Por: Jaime Gómez Triana, vicepresidente de la AHS
Nunca una tarea me ha tomado más por sorpresa que esta y quizás por ello dije sí sin pensarlo apenas, en verdad me llamó mi compañero de Casa, Jorgito Fornet, a quien no puedo decir que no, pero un rato después de nuestra conversación caí en cuenta de lo que significaba en verdad para mí presentar La Gaceta Cuba. Quizás deba pedir disculpas por no ir directamente al contenido del número cuatro, correspondiente al bimestre julio/agosto de este año, y hablar un poco de mí mismo al decir lo que sigue. Hoy no logro recordar cómo fue que cayó en mis manos la primera Gaceta que leí, sí recuerdo que estaba en onceno grado entonces y que la revista, por aquella época un tabloide de papel blanco, me interesó tanto que me monté en una guagua y llegué hasta la UNEAC para agenciarme una suscripción. A partir de esa fecha la recibí puntualmente, y solo dejé de pagar el envío cuando pasar por la UNEAC se hizo una rutina y en su librería podía comprar la revista incluso antes de que el “periodista” del barrio –así lo llamaba mi vecina—, la lanzara a mi balcón enrollada como un tubo. Es a esta revista, repleta de tensiones, capaz de lanzarse en profundidad para abordar los temas más variados y complejos, que debo una parte muy importante de mi formación. Leyendo La Gaceta de Cuba he podido tomar conciencia de mi país y de su campo cultural, de modo que puesto hoy en el rol de presentador no puedo hacer otra cosa que agradecer a los que hacen y han hecho esta publicación que es, además, la más puntual de todas. Dicho esto aprieto los dientes como en la portada y comienzo a recorrer las páginas de este número especialmente atractivo, como todos.
Abre la entrega un dosier dedicado a los 80 años de vida del poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar preparado por Jorge Fornet, quien tiene el privilegio de su cercanía y magisterio. El dosier –palabra que siguiendo la convención de Casa de las Américas y el estímulo del propio Roberto, comenzará a aparecer castellanizada también en La Gaceta… a partir de este— reúne textos de João Cezar de Castro Rocha, Ricardo Alberto Pérez, Norge Espinosa y Jesús Barquet quienes abordan de modos diversos la creación del autor de Caliban y Felices los normales. Cada uno de estos autores coincide con los otros al señalar la coherencia de su obra toda, imprescindible en la Cuba revolucionaria y martiana. “Si la memoria es la patria de la poesía –cito a Norge en su presentación de Poesía nuevamente reunida—, acaso tengamos que ir siempre a su poesía para entender una parte de la memoria de nuestra patria. Porque ante ella siempre ha estado despierto y la ha salvaguardado en poemas que calibran esa fe”. Barquet por su parte completa esa idea cuando al analizar el poemario Aquí, cita las palabras del poeta martiano que responde al chileno Sergio Marras: “Me parece que debo llevar adelante y defender mi revolución con uñas y dientes porque es la partecita íntima de la historia que me tocó. Pero lo hago pensando en la humanidad; así cuando digo patria, digo humanidad”.
Esa misma entereza junto a su rigor de investigador y maestro la encontramos en el retrato que pinta Luisa Campuzano, cercana también a Roberto desde niña, quien habla aquí en su nombre propio y en representación de todos los que han tenido el privilegio de tener al poeta como maestro, entre los que me incluyo porque a su vera, en la Casa, estando entre sus subordinados también he tenido la suerte de aprender de él, de que me llame compañero –palabra que me enseñó de nuevo vuelta a su primigenio sentido: con quien se comparte el pan.
Siempre caballero, Retamar entrega para este número una hermosa página de sí mismo: hoja de vida y de sueños que concluye de manera magistral recordando los versos escritos a finales de los años 60: Vivo donde quería. / Me casé con quien quise. / Tengo la descendencia que quisiera tener… y no termino de leer el poema porque Roberto, quien no ha podido acompañarnos esta tarde, está con nosotros y debemos agradecerle por su entrega y “decirlo en voz alta” como lo hace Silvio Rodríguez quien también lo saluda y le agradece desde estas páginas, en las que un peculiar testimonio fotográfico pone al poeta octogenario en circunstancia de época, al lado de sus amigos y contemporáneos, dos veces cerca de Haydée Santamaría, casi siempre en su Casa con mayúsculas, o sea en la de 3ra y G.
Más allá del dosier este cuarto número del 2010 junta miradas diversas a la obra de protagonistas de la plástica cubana más reciente. David Mateo, asesor de arte de la revista, se ocupa de la producción de Carlos Quintana, cuyos dibujos ilustran una buena parte del número, mientras Tonel indaga en la metáforas de un Yoan Capote, cuya pieza Estrés se jerarquiza en la portada de esta entrega. Más allá de estos creadores La Gaceta… reseña exposiciones recientes, entre ellas Queloides III, que permite al profesor Alejandro de la Fuente revisar el aporte de todo el proyecto a partir de sus dos primeras ediciones y participar desde el análisis cultural del abierto e impostergable debate sobre “racismo, nación, historia y cubanidad” que tiene lugar en nuestra sociedad, fundamentalmente en círculos intelectuales, desde mediados de los 90. En sección Crítica, sin duda la más dinámica, al final de la revista, Leonardo Sarría agrupa trabajos que nos acercan también a otros proyectos de la plástica como el imprescindible Inventario que realiza la Fundación Ludwig, comentado por Zury Viera; la muy polémica exposición Bomba, sobre la que reflexiona Rufo Caballero; o la insólita Memoria instructiva para penetrar la piel, de la artista María Cienfuegos Leiseca, cuya obra se puede ver ahora también en el Pabellón Cuba como parte de la muestra recién inaugurada El extremo de la bala. Una década de arte cubano, y que aquí, en la revista, reseña Nancy Morejón.
Y mientras llega a los lectores un volumen que recoja en antología las entrevistas de La Gaceta…, que no sé si está previsto, pero que muy bien vendría, este número suma otras tres: la que realizaran Elizabeth Mirabal a Reinaldo Miravalles, aprovechando su visita a la isla para el estreno de la película de Rolando Díaz, Cercanía; la de Emir García Meralla y Jimena Codina al maestro Joaquín Betancourt que anoche, junto a su Jazz Band, ofreció un excelente concierto en esta plaza; y la de Gerardo Fernández Fe al recientemente desaparecido Roberto Friol, un testimonio visceral y amargo que permite encontrar al hombre tras el poeta de Tres y también, en su caso, al hombre que moldearon sucesivos olvidos. He hablado antes de las tensiones de La Gaceta…, esas que no pueden dejar de estar en una revista cultural que en verdad lo sea y estas entrevistas puestas a dialogar unas con otras dan cuenta, sin duda, de un campo cultural bullente, en conflicto, vivo. Ese mismo que atrapa Leandro Estupiñan en su reconstrucción de instantes de la visita de Jean-Paul Sartre a Cuba, el mismo que Zaida Capote pone a punto de nieve con su texto “Feminismo” que cierra el número en el que reclama “un debate necesario sobre el lugar de las mujeres en la sociedad cubana actual”.
Y no paran ahí los trabajos de esta entrega que quizás por ser la que corresponde al período estival ya se nota que viene caliente. También se dan al lector los poemas de Yanier Hechavarría Palao, Laura Domingo y Nelsón Herrera Ysla, todos ellos galardonados con menciones en la más reciente edición del Premio de Poesía La Gaceta de Cuba, y un muy buen cuento de Ariel Cantero Lobato, también Mención de en el premio de narrativa de la publicación. Espacio hay también en este número para las despedidas. El narrador y ensayista español Andrés Sorel dice adiós a Saramago, Reynaldo González a Carlos Monsiváis, y Ricardo Riverón al entrañable René Batista Moreno a quien agradezco por todo lo que sé sobre Camajuaní, que es el municipio donde nacieron mis padres. Y parecería que lo habré dicho todo cuando enumere las reseñas de libros que también publica la sección Crítica. Otro color, otras figuras geométricas, de Edel Morales; La aparente cordura de las cosas, de Luis Sexto; el testimonio Nostalgias de una habanera del Cerro, de Sonnia Moro; Cuentos del buen y mal amor, del Nelson Simón; y Asedio a Lezama y otras entrevistas, de Ciro Bianchi Ross, son tema de comentarios sucesivos de Oneyda González, Argelio Santiesteban, Irina Pacheco, Eldis Baratute y María Antonia Borroto. Pero no, aún debo mencionar la hermosa página del poeta venezolano Gustavo Pereira sobre fabulosos monstruos oceánicos, productivas junturas grotescas nacidas de la imaginación de navegantes, que son testimonio de antiguas tensiones entre el hombre y su medio, que son su huellas, que son su cultura.
Me mandó a decir Codina que lo mencionara todo y he cumplido y también que hablara poco: nadie es perfecto. Una versión más corta podría ser esta: Qué bueno que ya lanzaron La Gaceta…, ya tengo mi ejemplar: estoy al día.
*La Gaceta de Cuba, no. 4, julio/agosto, 2010, 64 pp. |