 Siempre hay un verso que apuntar
ENTREVISTA
Por: Rubén Ricardo Infante
A través del colega y narrador Rubén Rodríguez llegué a Yunier Riquenes una mañana en la que olvide el horario de clases y decidí cumplir con la entrega de un manuscrito del autor de El Garrancho de Garabulla.
Riquenes me invitó a un café en La Isabelica y nos pasamos la jornada discutiendo sobre muchos temas. Allí regresé varias veces, siempre que podíamos nos escapábamos a la Editorial Oriente, a un café, o conversábamos unos minutos.
Después de un año nos reencontramos en Holguín, adonde vino a participar como jurado en la XII edición del Premio Celestino de Cuentos, con el reencuentro surgió la necesidad de conversar sobre los mismos temas.
Como siempre andaba apurado. De igual manera pude robarle un cuarto de hora. Allí nació este diálogo.
Recuerdo que una vez me acusaste de deberle a la ciudad de Santiago de Cuba la nombrada “hospitalidad” de acogerme cinco años en la Universidad de Oriente, ¿le estás saldando esa deuda a la ciudad o nunca pensaste regresar a tiempo completo a Jiguaní?
Estar y permanecer en Santiago de Cuba me ha hecho un hombre distinto. El Granizo, en Jiguaní, ya lo he dicho antes, es el lugar que me mantiene a salvo y me resguarda, me brinda paz. Santiago de Cuba es el campo de combate. Desde esta ciudad he podido hacer realidad varios proyectos. No se transformó la esencia, pero cambió la manera de asumir la vida. La vida en Santiago te acelera, te brinda otras oportunidades y contactos que nunca hubiera tenido en Jiguaní. En Santiago me gradué de Letras y conocí la ciudad, sus calles, la gente, uno que otro teatro, compartí puntos de vista diversos con gente diferente, aprendí a convivir, a ser tolerante, a respetar el criterio del otro. Jiguaní, El Granizo, y mi madre, hermano, amigos, me sembraron una semilla que aún germina. Tampoco estoy lejos de Jiguaní, sigo estando, aunque algunos amigos vayan partiendo.
¿Cómo llegaste a José Soler Puig o fue el novelista quien llegó a ti, y no quisiste que se fuera, de ahí la compilaciónLas respuestas de Soler Puig, (Ediciones Santiago, 2010)?
La figura de José Soler Puig la conocí antes de llegar a Santiago. Nunca olvido que un día mi madre llegó a casa con un bulto de libros. Se tiraron en una esquina del baño. Había uno que me llamaba la atención, en la cubierta unos hombres horneaban el pan. Lo tomé y leí, por primera vez, El pan dormido.
Después, en Santiago, conocí a Aida Bahr y Jorge Luis Hernández. Aida y Jorge hablaban todo el tiempo de Soler, habían aprendido en su casa los procedimientos narrativos. También Lino Verdecia, profesor en la escuela de Letras, hablaba de Soler, recuerdo el análisis en clase de El ciego, un cuento que enseña y no se olvida jamás. Y luego, en cada conversación con cualquier personaje rellollo santiaguero que tuviera alguna relación con la cultura, te mencionaba al viejo.
También dedicatorias en los libros de Alberto Garrido, Amir Valle y Guillermo Vidal.
En la Universidad de Oriente conocí a Alberto Cabal Soler, el nieto. Fue otra manera de acercamiento. Alberto siempre estuvo preocupado por el reconocimiento literario de su abuelo. Y me mostró algunos materiales imprescindibles.
Me gradué y comencé a trabajar en el Centro de Promoción Literaria José Soler Puig, comencé a investigar la vida y obra del novelista. Este centro organiza el coloquio José Soler Puig. Memoria y palabra para homenajearlo cada año y trabajé un poco en eso.
León Estrada me sugirió trabajar en este libro sobre “el primer Premio de novela Casa de las Américas”, y Reynaldo García Blanco también. No fue una idea mía al principio, pero la tomé con voluntad y sacrificio y comencé a descubrir todo un universo riquísimo que agradeceré siempre. Fui a bibliotecas, archivos, hice pedidos a muchos amigos. Fue un proyecto de desgaste, pero revitalizador. He tenido comentarios favorables por parte de críticos, lectores, escritores, cubanos y extranjeros, y eso me alegra por Soler, que merece ser recordado por su obra novelística y cultural. Quien se acerque a este libro podrá descubrirlo, y querrá acercarse a su trabajo. Me queda mucho material archivado. Espero publicar el libro in extenso en algún momento. Tal vez en el 2016, cuando se celebre el centenario del natalicio.
En el prólogo al libro Dibujar el mundo, selección de cuentos del Grupo de narrativa Hacedor, (Ediciones Bayamo, 2010), rememoras tus inicios en los predios literarios, lo confiesas a través de la lectura de Rulfo, Borges, Cortázar, Hemingway, Onelio Jorge Cardoso, Soler Puig y Faulkner ¿qué ha cambiado en la visión de aquel adolescente y el escritor de hoy, pasados unos cuantos años?
Primero, no han pasado tantos años, han pasado casualmente, otros catorce años. Por supuesto muchas cosas han cambiado en mí. Un montón de vivencias y lecturas se han incorporado. Mantengo la idea de que hay que trabajar; como diría Soler: a escribir se aprende leyendo y escribiendo. Esa es la fórmula, si existe.
¿Cómo repartes tu tiempo entre las labores en la Editorial Oriente, la revista Caserón, el trabajo con la AHS y con tu propia obra, con la cual cada creador asume compromisos impostergables? ¿Qué criterios sigues para priorizar estas tareas y tener tiempo para compartir una taza de café en La Isabelica?
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Cada día se me hace más difícil repartir el tiempo. Ser promotor de la Editorial Oriente me desgasta en exceso, implica un compromiso con los autores y con las personas que trabajan el libro en la casa editora. Hay que reconocer el trabajo de todos. Creo que en Cuba muchas veces se subvalora la promoción. La gente debe conocer los libros que se hacen en el país, los libros que se distribuyen en nuestras librerías, y hay que buscar la manera de informarlo, y más que informarlo acercarlos a los diferentes públicos. Entrevisto a escritores para la radio, para las diferentes revistas cubanas, impresas y digitales, reseño un libro, o una nota, voy otro día a la televisión, etc… y muchas veces, no valoran el tiempo que lleva preparar un cuestionario.
Asumí la revista Caserón, de la UNEAC en Santiago, precisamente para colaborar en la promoción del arte en la ciudad, que las personas que se acerquen a esta publicación puedan conocer la labor de nuestros artistas, espacios culturales y publicaciones, que nunca sobran. Estoy rodeado de personas de experiencia, pero hacer este trabajo requiere de búsquedas e inconformidades.
Cuando llego a casa dejo tiempo para mí. Siempre hay algún verso o una idea que apuntar o revisar. Siempre hay tiempo y tengo varios proyectos en curso.
También trabajas con los niños…
Trabajo con los niños en el taller especializado Meñique, ha sido una de mis mayores alegrías; enseñarlos a escribir, sugerirles libros. Los niños nunca son ingratos.
Has participado en varios concursos convocados en la AHS a nivel nacional, unas veces como jurado y otras compitiendo. ¿Consideras acertada esta política de premios y publicaciones?
Los premios y publicaciones tienen el valor que tienen en Cuba y en el extranjero. A veces se premia y se publica algo que anteriormente se ha cocinado, construido sin valor alguno, otras se premia algo, que en ese momento se pensaba tenía valor, pero algunos jurados, después de ver el libro, lo critican fuertemente. Pero el artista que crea que los premios o la gran cifra de libros publicados lo hacen grande, y legitima su obra, está equivocado. La obra en sí, es la que determina. Un libro publicado por una desconocida casa editora se puede convertir en una revelación, puede ser un librito gris, mal encuadernado, con algunas erratas. Pero tal vez tiene un valor incalculable. Y los lectores lo recuerdan de inicio a fin y lo pasan y lo comparten. ¿Por qué uno recuerda los libros? ¿Por el premio que ha ganado o por lo que dice?
Sí creo que el sistema de premios y becas de la AHS ayuda a los escritores jóvenes. Son otras posibilidades. Guardo en mi librero uno que otro libro ganador, por ejemplo, del premio Calendario. Cuando pasa el tiempo te das cuenta que estos libros premiados sirven de muestra a lo que escribían los jóvenes en varios periodos. Los que investigan pueden ir allí, deben hacerlo.
A tu entender ¿los mecanismos de promoción para estos autores ya reconocidos por dichos premios funcionan de forma coherente?
La promoción funciona a media marcha. Pero creo que en los últimos años han nacido proyectos que no pueden obviarse. El programa Paréntesis de la AHS ha dado a conocer a los artistas jóvenes, y es un programa que siguen muchas personas, es un trabajo plausible. También los proyectos digitales Esquife, La Liga, el sitio web de la AHS nacional. Las casas editoras La Luz (ahora con un proyecto en audio para escuchar los poemas en voz de sus autores), Sed de belleza, desde hace varios años, Aldabón, Mecenas. Editoriales que permiten a los miembros dar a conocer sus libros, pero hay que seguir trabajando en ellas.
La revista Dédalo no ha podido ser constante. Los premios Calendario, afortunadamente se mantienen. Los eventos permiten el intercambio… Hay que trabajar en la promoción. En la última feria del libro en Santiago, la AHS de la provincia diseñó un espacio diferente, seguido por los jóvenes.
Desde hace varios años te vinculaste a la Asociación, primero en Granma y después en Santiago de Cuba y en ella has trabajado muchísimo ¿le confieres importancia a esta organización de jóvenes creadores? ¿Qué le agregarías para su mejor funcionamiento?
Ingresé a la AHS en 1998. He visto muchos eventos, he visto cosas y faltan otras por ver. Creo que cumplir 25 adentra a la organización en una edad que la lleva a repensar su trabajo, cuando uno cumple 25 se detiene a pensar un poco más lo que va a hacer, a definir para no perder un minuto. Se ha trabajado bastante, pero estos tiempos difíciles requieren de detalles. Esos no pueden faltar. Creo que los días deben ser marcados por el reconocimiento al trabajo verdadero, no a las pantallas, no a la mediocridad, no al oportunismo, no a la intolerancia y la soberbia desmedida.
Sin la AHS no hubieran aparecido muchos proyectos hechos por jóvenes, no hubieran tenido espacio en ninguna parte. Hoy, por ejemplo, Contramaestre, no sería lo mismo. Si vas, te das cuenta que el municipio tiene otra fachada. Eduard Encina ha trabajado muchísimo con el apoyo de todos sus miembros.
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