Señales desde Rusia
Por: Marianela González
En términos literarios –que no metafóricos- pareciera que el mundo entero se unifica por la fibra de los jóvenes creadores. En estos tiempos y en los que nos preceden, en los que emergen hoy con creaciones frescas y en los consagrados que una vez vivieron la inquietud de los neófitos. Es el aire que se respira por estos días en La Cabaña.
Como parte de las presentaciones del País Invitado de Honor a la XIX Feria del Libro de La Habana, fueron presentados dos títulos que reúnen creaciones de la más joven generación de escritores rusos: Rusia, poesía viva y Narraciones rusas contemporáneas, editados por Arte y Literatura. Ambos, junto a reediciones de clásicos de la exquisita tradición literaria rusa, conforman un panorama sugerente a cuyos atractivos el lector difícilmente se resiste.
No obstante, la Feria no solo ha sido espacio propicio para las presentaciones y las ventas. También para el intercambio con los creadores. Con este precepto, el público que asistió a la presentación de estos títulos, no solo tuvo la oportunidad de adquirir tanto cuentos de Chéjov como de Oleg Pavlov, o poemas de Pasternak y de Olesia Nikolaeva: como cabía esperarse, el encuentro con escritores de diferentes generaciones condujo la conferencia al debate.
De modo que la joven crítica chechena Lidiya Dovletkireeva, la poetisa Olesia Nikolaeva y el narrador Leonid Yuzefovich, conformaron un panel cuyo dominio acerca de la joven literatura rusa contemporánea hizo de la jornada un espacio fructífero para el intercambio con el público, conformado mayormente por jóvenes.
En opinión de Lidiya, quien imparte junto a Nikolaeva el Seminario de Literatura el Instituto Máximo Gorki de Moscú, el término “joven escritor” no refiere necesariamente a la edad, sino más bien “a la nueva ola de escritores que acaba de descubrirse ante el lector”.
Según conocimos a través de estos escritores, gran parte de esta nueva generación no tiene una formación académica en la rama de las letras. Por el contrario, algunos son nacidos en las repúblicas de la antigua URSS o en regiones donde han ocurrido serios conflictos bélicos, como sucede con los escritores de Osetia del Sur. Es por este motivo que les resulta complejo a los críticos establecer criterios unitarios en relación con la forma y los temas que abordan.
Estos últimos, según cuenta Leonid, varían desde escenas de la Rusia actual, historias extraídas de la descomposición de las aldeas y otros asentamientos rurales, hasta una nueva narrativa militar.
“Pero en los alumnos del Instituto, por ejemplo, percibimos muchas veces un exceso espiritual que necesitan expresar con palabras –comentó Olesia. Y a veces las indefiniciones resultan en ganancias: el joven llega y dice, ¿por qué no escribimos de atrás para adelante?, pero tarde o temprano esas ansias de sustitución conllevan al surgimiento de nuevas formas al interior de los escritores, como nuevas intuiciones. Y ahí surge la verdadera literatura”
La joven literatura rusa enlaza así con sus congéneres en diversas latitudes. En relación con Cuba, específicamente, los posibles enlaces fueron identificados desde el propio público, quien compartió también con los presentadores inquietudes y particularidades de nuestra joven literatura.
Desmitificadora, arriesgada. La explicación de la poetisa rusa en relación con estas características de la joven producción literaria de su país, bien podría alegarse también para explicar la nuestra: “la cultura rusa ha pasado por momentos difíciles, derrumbando taras, autoridades, y muchos de los grandes autores de otras épocas se convirtieron en un establishment –dijo-. Por eso hoy la creación literaria se renueva con otras formas de representación e interpretación de la realidad”.
Pero no solo la literatura joven rusa es centro de los debates en la Feria. También el arte.
En la primera jornada, la sala Portuondo se lleno de estudiantes de Arte y de Letras, de creadores, de público en general, para escuchar la conferencia magistral que impartiría la curadora y critica de arte rusa Ekaterina Diogot, bajo el titulo de Arte contemporáneo ruso. Y como sucedió con la presentación de los libros, también el encuentro termino en diálogo informal.
“Hay diferentes tendencias en el arte contemporáneo ruso: los realistas, los que apuestan por el arte político, y también los que continúan las tradiciones del socialismo. Desde lo más radical hasta lo más moderado. Pero lo fundamental en el arte político, ese que tiene mucha fuerza desde los últimos años, es que los artistas toman un punto de vista anticapitalista viviendo el capitalismo”, explico la autora de Arte ruso del siglo XX.
Ante las preguntas del publico, ya fuera de la sala de conferencias, Ekaterina compartió sus visiones acerca de lo que sí resulta una constante en la producción artística de los jóvenes creadores rusos: “su relación o cercanía con la literatura. Muy a menudo, los artistas cumplen un papel como escritores, pues en sus obras narran historias. Es frecuente en instalaciones, por ejemplo, donde escriben textos que acompañan el ejercicio plástico”.
Juventud y tradición en la literatura y el arte. Tópicos que por sí solos abarcarían más jornadas de debate que días tiene la Feria. No sorprende, entonces, que su confluencia haya resultado tan polémica. Tal vez con la sal de estas primeras jornadas, los días que vienen deparen nuevos debates. Público e inquietudes, al menos, no faltan. |