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Poetas para llevar

Por: Alcides Pereda

Tomando como punto de partida los poemas de Delfín Prats leyendo y comentando algunos de sus versos mediante el audiolibro El Brillo de la Superficie, el sello editorial La Luz de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín acaba de presentar una grabación de jóvenes poetas holguineros reunidos en la antología digital El Sol Eterno.

Ya en la década del ochenta había salido a la luz el disco Un lugar para la poesía, gracias a la gestión del sello Ediciones Holguín y que reunió a los hoy consagrados poetas, algunos repetidos en la grabación del segundo volumen. En esta ocasión son veinte son las voces que se recogen en el disco El Sol Eterno de la antología de los jóvenes poetas holguineros y 54 los poemas seleccionados, entre los que sobresalen Días prohibidos y La memoria del pez, de Kenia Leyva; Canción napolitana, de Luis Yuseff; Primera lección post-natal, de Taimí Ocampo.

La selección no responde a un estilo que apueste por lo generacional, tampoco los unen corrientes ni temáticas poéticas afines, aquí no se encontrará un grupo literario de estéticas ni discursos comunes. El disco El sol eterno atrapa las voces, tan distintivamente poéticas como diversas en sus timbres, alturas, tonos y pausas espasmódicas que emiten las vibrantes sensaciones y palpitantes sentimientos que comulgan cada uno en sus lecturas, lenguajes e imágenes de cuanto les preocupa y atrae. La lectura que alguien pueda haber realizado de estos versos en su versión impresa cambia diametralmente luego de recibir el grito saliente de la garganta que lo lanza inicialmente en la página en blanco que fuera el espacio habitado por los versos lanzados esta vez al aire.

Los poetas reunidos en El Sol Eterno no representan en sí una generación, escuela o movimiento poético consciente. Sus edades fluctúan entre los treinta y seis, los mayores, y veinticuatro, la menor. No todos son nacidos en la misma ciudad, sus procesos de escolarización difieren. Quizá lo que los reúna sea una vida juvenil concomitante con una ciudad: Holguín. Su ruptura de aguas expresiva en una época ardua y una inclinación hacia la poesía.

El poeta, ensayista y editor Manuel García Verdecia en la presentación del disco expresa que “el encuentro con los textos de estos  jóvenes, nos  hace percatarnos de que el mundo, la vida, tiene en ellos sus mejores guías. No se apresure  nadie a  juzgar superficialmente, creyendo que entre cortantes palabras, entre aullidos  crispados a veces, se desbarrancan hacia un ámbito  de vacío y negación. Nada de eso. Los que aquí testimonian  aman  la  vida. Sólo los que miran la realidad en toda su latitud, en todo su destello, de frente, sin apartar los ojos, son capaces de morir por ella.” Y ello lo lleva a concluir cuán alentador resulta comprobar que nada enmascaran, que se exponen en primera fila, a pecho abierto. Con la seguridad del oficio, la asunción de la desnuda realidad  sin rodeos ni temores, con la voluntad de  irradiar iluminaciones, con la pasión que intenta todo, hasta el fuego, por la salvación verdadera. Por todo ello es que García Verdecia reconoce en esta poesía un ventarrón de oxígeno vital.

Desde Báguanos ofrece sus versos Yanier H. Palao;  Yordanka Haramboures desde Cueto; Youre Merino, llega de Banes; Yunior Felipe Figueroa de Cacocum; Yuliuva Hernández de Moa; Niurka Valdés de San Germán, Dáikel Ángulo trae la refrescante brisa de la bahía de Gibara. Completan el mapa Moisés Mayán, Pablo Guerra, Adalberto Santos, Hugo González y Los herederos de la culpa, de Lisandra Navas. Aunque las fronteras de expanden para acoger a dos santiagueros que habitan hace un tiempo la ciudad: Irela Casañas y Kiuder Yero y a dos holguineros que ya no cruzan nuestras calles: Jamila Medina y Fabián Suárez que insiste en lanzar sus versos al que atesora aún hermosos murmullos y sombras que se arremolinan, el Hotel Saratoga.

 

© Asociación Hermanos Saíz. 2011.