Para que por siempreviva
RESEÑA
Por: Rubén Ricardo Infante
El placer por crear revistas literarias es tan antiguo, que el propio Homero sino hubiese recorrido tantos pueblos recitando sus versos, también habría fundado una. Quizás la hubiese llamado como alguna de las obras que aparecieron después y que rápidamente se convirtieron en clásicos de todos los tiempos.
Me refiero a La Iliada y La Odisea, el influjo era demasiado fuerte y seguramente las hubiese nombrado así. Lo cierto es que le habría resultado más cómodo leer que recitar de memoria sus versos. Pero la vida no le dio ninguna de las dos posibilidades. Primero, porque las revistas, al menos, conceptualmente, no existían. Segundo porque el viejo Homero era ciego.
No fue hasta el año 1888 donde dieron la luz las primeras publicaciones periódicas con un espectro mayor, ya que contenía datos sobre el clima, las comunicaciones, la población y otros temas informativos, junto con prosa literaria y poemas de breve extensión.
En el propio siglo también nacieron los semanarios que incluían descripciones de modas y costumbres, acompañadas de crítica social y moral. Las revistas tuvieron un surgimiento similar al de los periódicos, éstas se destacaron por surgir a partir de las iniciativas de una clase intelectual y letrada que pretendían hacer énfasis en ciertos temas de interés, en especial los culturales.
Con el transcurso del tiempo se fueron abriendo oportunidades para la creación de revistas. Con gran función útil en la difusión de artículos. Aunque sus perspectivas se han ampliado considerablemente.
En la Cuba actual existen variadas publicaciones que basan sus números en los conceptos referidos a revistas. En el pasado siglo se produjo una eclosión de éstas al fundarse Espuela de Plata(1939-1941),Nadie Parecía(1942-1944),Clavileño (1942- 1943), Poeta(1942-1943), hasta llegar a Orígenes (1944- 1956).
Otras muchas tuvieron su explosivo lanzamiento y su acallado término. Con la llegada del nuevo siglo y milenio se abrieron espacios para nuevos caminos. Con la certeza de la creación como único fin surgió La Siempreviva, nombre que heredó de la revista que a partir del año 1938 circuló por la Cuba de entonces.
Este nuevo proyecto se caracteriza por dedicar cada número a un tema o personalidad. En el primero de ellos rescató la labor artística de Raúl Martínez, primer Premio Nacional de Artes Plásticas, empeño al que se unió la publiación de sus memorias, tituladas: Yo Publio.
En la segunda entrega fue Virgilio Piñera el eje central, desde cuyas páginas se elogiaron los textos de Yoandy Cabrera, Astrid Santana Fernández de Castro y José Bianco, entre otros.
El tercer número aprovechó la cercanía con la Feria Internacional del Libro y publicó un conjunto de trabajos sobre la influencia de las letras gallegas en Cuba. Lezama ocupó las páginas del cuarto número, al que se sumó un quinto preocupado por los nuevos derroteros de la narrativa que viene.
De todas formas constituye un logro para su director, el Premio Nacional de Literatura Reynaldo González, la fundación de esta revista. Un logro tan preciado como lo fue La Odísea para Homero. Herencia que, por suerte, nos legó. |