 Nueva antología de la poesía cubana del siglo XIX se presenta en Romerías
Por: Yailén Campaña Cisneros
“Hay libros que para ser medidos precisan de una luz contra la cual poco podrían los críticos sagaces: el corazón”. Quien así escribió en los años 90 para presentar un poemario apuñalado no sabe hoy que le cito consciente de su verdad a propósito de otro libro: el primero de los tres tomos que completarán la recién publicada antología El bosque de los símbolos. Patria y poesía en Cuba, cuya selección, prólogo y comentarios debemos al poeta Roberto Manzano. La Editorial Letras Cubanas tuvo a su cuidado esta preciada e imprescindible obra que reúne lo mejor de la tradición poética cubana del siglo XIX.
La palabra antología, de origen griego, literalmente significa recoger flores. Hermosa imagen para ilustrar el acto esmerado y amantísimo de seleccionar lo más valioso y preciado de un corpus literario determinado. Roberto Manzano explica en el prólogo su intención de facilitar a los amantes de la poesía las voces cubanas más significativas, para a través de ellas “ofrecer un horizonte especial de la historia del pensamiento imaginativo de la isla”. Manzano, consciente de lo que representa una obra de esta naturaleza, de sus desafíos, limitaciones y virtudes, ha centrado esta antología fundamentalmente en la relación existente entre poesía y patria, de ahí que se engarcen poetas y textos a partir de un sistema de relación que suscite ciertas latencias simbólicas –intención que justifica el título El bosque de los símbolos.
El poeta reconoce que en el ámbito literario cubano han sido “frecuentes los esquemas historiográficos, las elaboradas periodizaciones, las distribuciones generacionales y de corrientes” estéticas, acercamientos imprescindibles y primarios que han de continuar aguzándose y ensanchándose, pero no deja de señalar que también resulta conveniente fomentar la aparición de nuevos trabajos que atiendan la poesía cubana “como cuerpo íntegro y se esfuercen por encontrar no solamente sus relaciones con la identidad o el aislamiento de las jerarquías artísticas, sino sobre todo su dialéctica interna, la anatomía y fisiología que la ha caracterizado como flujo creador orgánico”.
Ya existían antologías “muy significativas, y algunas de ellas verdaderamente excepcionales” como Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier o la propia selección de las cien mejores poesías cubanas hasta 1960 realizada por José Lezama Lima y editada el pasado año por Ediciones Unión.
El bosque de los símbolos es una joya literaria de lectura exquisita no solo por la poesía reunida en sus páginas sino desde el propio prólogo, los comentarios precisos e incitadores que acompañan a cada figura poética hasta las delicadas viñetas que los ilustran, realizadas por el propio Manzano a partir de algunos elementos gráficos de la autoría de Severino Bolaño, quien fuera dueño de la imprenta donde trabajó el poeta Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido.
Manzano asegura que “a los poetas se les mide por la magnitud de su mundo interior y que el primer deber de la poesía es acompañar al hombre, en todos los costados de su naturaleza y en sus múltiples modos de agregación y aislamiento”, coincidiendo con otro grande de las letras universales para quien la poesía era un misterio que nos acompaña.
Inauguran XVIII edición de las Romerías
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