
Me gusta la Historia de la vida cotidiana
ENTREVISTA
Por: Rubén Ricardo Infante
Ernesto Peña es un escritor cuyos libros han abordado temas tanto históricos como contemporáneos. Obtuvo el Premio Alejo Carpentier 2010 en novela por la obra Una Biblia perdida, destacándose como el más joven entre los merecedores del mismo. En este libro mezcla la investigación histórica con la recreación ficcionada de una historia poco atendida en Cuba: la conspiración de Aponte. Retos que llevaron a Ernesto Peña de la mano para concluir un libro entendido como síntesis de un periodo histórico. Al presentar su texto Ernesto se refirió al auge que este alcanzó después de ser reconocido con este premio, enunciado que generó este diálogo a vuelta de correo electrónico.
¿De dónde le surge el interés a un escritor joven de escribir una novela como Una Biblia perdida que aborda temas históricos, alejados de su mundo más cercano en tiempo y en espacio?
A veces las ideas te encuentran, no tú a ellas. Me gusta la historia de la vida cotidiana, más que la Historia oficial, la que para algunos se escribe con mayúscula, y me apasiona el suspenso. Cómo combinar Historia y suspenso era un anhelo antiguo, de mi época de estudiante. La tragedia del maestro Aponte, artista y conspirador, mártir a quien le inventan una leyenda negra, debió ser rica en pasiones y ocultamientos. Me fascinó desde el principio y me lo inventé casi todo a partir de los escasos datos históricos.
¿Consideras el libro como un relato histórico?
La novela trata un tema y describe una época muy poco conocidos en la Historia de Cuba, al menos fuera del ámbito académico: la llamada conspiración de Aponte y el periodo entre 1763 y 1812. Solamente en la obra La conspiración de Aponte, del maestro José Luciano Franco, aparece una transcripción del Libro de pinturas de José Antonio Aponte y de los interrogatorios oficiales, tras su detención. De Aponte, el hombre se conoce poco.
Son pocos los escritores que buscan temas fuera de su ámbito más cercano, de su contexto, lo cual te ubica en un plano rara avis de la joven literatura cubana. ¿Así te sientes después de la publicación de la novela?
Yo no me siento exótico, ni sui generis. La narrativa es un oficio como cualquiera, aunque todavía existe la leyenda de la “inspiración” a la que algunos se aferran por vagancia o vanidad. Yo trato de escribir una cuartilla o más todos los días.
En cuanto al tema de mi novela, vale lo dicho para la escritura: su “rareza” es el resultado de muchas lecturas e investigaciones. Mientras más lees, más posibilidades tienes de sacudirte la “corrosiva cotidianidad”, de conocer otros mundos y épocas, y en consecuencia, recrear los inventados por ti. La lectura constante es un modo de liberarte de las tradiciones y las modas que impone el contexto en que naces.
¿Crees que El Premio Alejo Carpentier otorgado a tu novela, valide o legitime tu obra, le abra canales de promoción y sitúe la mirada de críticos o estudiosos en la literatura cubana?
En algunas ocasiones los premios llevan a alcanzar esa incomodidad llamada Reconocimiento, que es una condición extraliteraria. Una obra de Literatura debe ser validada por un público lector (reflejado en estadísticas de venta) y/o una crítica especializada, no servicial. Son los viejos ausentes del mundo literario cubano.
De modo que quedan los premios para sobrevivir. Paradójicamente, mientras más te (re)conocen, menos tiempo pasas en el paraíso de la escritura. Las entrevistas, las ediciones, las críticas favorables, los estudiantes de Letras, pueden convertirse en un verdadero engorro. Yo he tenido bastante con mi cuota, y espero que algún día me paguen mejor aunque me promocionen menos.
En cuanto a las etiquetas, tampoco creo en ellas. A veces olvido la nacionalidad de los escritores que leo. Para mi solo existen dos tipos de literatura: la que te conmueve y la que te aburre. Hay muchos maestros de la “gran” literatura que son entretenidos hasta el bostezo. Concuerdo con un comentario que escuché hace poco: entre las categorías estéticas debe incluirse lo AMENO. |