La poesía como diálogo social
Por: Dainerys Machado Vento
Fotos: Antonio Pons
Quizás ni él mismo recuerda cuándo descubrió que la poesía es también una forma de expresión social. Pero lo cierto es que desde que pudo hilvanar por primera vez su realidad entre versos y lírica musicalmente expresivos, Rafael Carballosa no ha podido-o no ha querido- dejar de ser poeta.
Nació en Holguín, tal vez porque el destino quiso que conservara el ritmo de sus versos, no solo en la creación de su pluma, también en el acento de su palabra. Pero llegó al Festival Internacional de Poesía de La Habana desde la Isla de la Juventud, su hogar hace más de 20 años, y el espacio donde preside la Asociación Hermanos Saíz.
“Es la primera vez que estoy en este evento, así que no puedo hacer comparaciones. Pero para mi ha sido una suerte estar aquí, porque he encontrado muchos amigos y he escuchado mucha poesía cubana, en las más diversas tendencias, con los más diversos enfoques. Sobre todo he podido decir mis versos desde la humildad, defender mi pedacito de verdad en los espacios de lectura, de confraternidad y de encuentro que se han dado.”
¿Cómo has visto el Festival?
Tal vez se pudiera mejorar mucho más en cuanto a la organización interna, y a los espacios públicos de lectura. Se puede planificar mejor para que la poesía salga a las calles, que es en definitiva la idea fundamental de un evento de este tipo.
Veo muy buena la idea de crear una especie de red de festivales de poesía continentales, y para un poeta joven como yo, que a penas está iniciando, que tiene tres o cuatro versos escritos, es una gran suerte compartir el encuentro con amigos que respetan y defienden el género.
¿Qué representa para un poeta socializar sus versos de la manera en que lo propicia el evento?
No sé para los demás, pero para un poeta como yo significa desarrollar la estética personal. Creo que la poesía es un acto social, y no uno meramente individual. El poema lo hacemos todos, y el hecho estético que propone se completa solo cuando el texto encuentra su lector, y no simplemente en el acto de escritura.
En la Isla de la Juventud realizamos muchas acciones sociales para sacar la poesía a las calles, usando las estrategias del performance, de la intervención urbana, del happening. Tratamos de sacar la poesía de los espacios habituales de consumo cultural, que no están mal, pero limitarnos a ellos sería volver la poesía un lenguaje nada más de profesionales, poetas leyéndole a poetas, y a nosotros nos interesa dar con el hombre de todos los días, porque estamos convencidos- nos lo ha demostrado la propia realidad- que también le interesa la poesía.
Después de las lecturas a las que han asistido ¿crees que predomine alguna corriente estética en la poesía que se hace en América Latina?
Ni en Cuba, ni en Latinoamérica ni creo que a nivel mundial hay una tendencia jerarquizadora o primigenia. Hay una diversidad de tendencias que a veces es hasta caótica, porque hay una variedad que va desde los discursos más tradicionales en defensa del soneto, de la décima, de cultura más habituales, hasta experiencias más cercanas a Lezama, al discurso hermético, a la reflexión insular, al tópico social, como considero mi obra. Y dentro de toda esa gran diversidad hay además una enorme cantidad de matices.
Pero hay muy buena poesía en Cuba: Es mejor la poesía que se está haciendo en el país, que toda la que nos ha llegado al Festival, exceptuando dos o tres nombres. Por ejemplo la visita de Luis García Montero, uno de los poetas vivos más importante de España, levantó el nivel del evento. La poesía de Latinoamérica, que vino al festival tiene muy buenas intenciones y está inspirada en los procesos sociales y políticos que se dan en el continente, pero creo que le falta mucha madurez en materia de laboreo poético, del trabajo del lenguaje, de las imágenes, la capacidad de sugerencia, la musicalidad.
Quizás tiene que ver justamente con que mucho de los procesos sociales que se dan en la región son muy jóvenes aún.
La poesía latinoamericana tiene muy buenas intenciones de salvar al mundo, de crear una sociedad más justa, son su falta de capacidad persuasiva y sugerente las que limitan mucho sus valores poéticos. Roque Dalton decía que la ternura no basta, y a la hora de escribir poesía, hace falta también el oficio, el conocimiento del lenguaje que es el instrumento con el que trabajamos.
¿No será ese uno de los riesgos de conservar la poesía en espacios habituales de consumo cultural?
Lo que pasa es que los poetas nos hemos quedado un poco atrás. No hemos cogido la cuerda a los tiempos acelerados que se viven con la computación, el lenguaje de los videos clip, el acceso constante a la televisión, y vivimos un poco al estilo del siglo XIX. Y a la poesía le hace un poco de falta también esa agilidad, no a su escritura, sino a su promoción, que debe ganar dinamismo.
De cualquier modo para mi el festival es también es una posibilidad de confirmar mis criterios estéticos, mi fe de que la poesía es un hecho común, una propiedad de todos, y no mía como poeta, ni de nadie más. |