 Es el mismo cielo sobre Isaily
Es el mismo cielo sobre Helena
El que ahora te rebasa y entrecierra los ojos:
El cielo de los dioses;
Yo releo a los clásicos y paso unas amargas páginas
Que viento son para ti te despeinan.
Isaily Pérez González
El cielo protector
Por: Serguei Martínez Castillo
Es el mismo cielo sobre la poeta santaclareña Isaily Pérez el que ahora me rebasa, me hace entrecerrar los ojos como quien observa con profundidad un hecho para luego afirmar que sí, que con creces, la vida del sujeto lírico- como asevera en el poema Si una inclusión de ámbar- ha sido superior a cualquier fábula; lo íntimo, lo específico, lo específicamente doloroso, lo íntimamente nostálgico: una foto.
Con el poemario Una tela sobre el bosque, merecedor de uno de los premios Calendario de poesía en 2006, publicado un año más tarde por Ediciones Abril, Isaily pretende que sus textos nos lleguen como un trozo del espejo incrustado en el ojo, modificando la percepción de las cosas tal y como eran, para enseñar a ver con ojos del pasado, las historias personales que se muestran de un modo interesante. Con ribetes de lo conversacional, la autora logra sensaciones tan extremas como de irremediable pérdida o de lujuria fascinante.
De alguna manera ha sido el cristal, que atrapado en mi carne me ha dejado ver, por así decirlo, los caminos que prefiere Isaily para conmovernos a veces, y minimizarnos otras. Caminos, lenguaje y belleza, hilo suave que guía por la maraña intemporal e intertextual de los poemas aquí escritos:
Te vuelves a las fotos
¿Quiénes son los extraños
que aquí posaban para su eternidad?
Una obsesión con las fotos, al leer Las noches blancas y el siguiente Retrato junto al Castillo de la Fuerza; las fotos y su aura de nostalgia, su interminable capacidad para hacernos fabular, desentrañar las inmensas lagunas de la memoria, o mejor, de la no-memoria, de lo que pudo ser un instante bajo el flash; una época arrastrando toda su carga sentimental.
Obsesión con las fotos:
…Verdad que son temibles criaturas los espejos
nada, nada puede salvarnos de su impermanencia;
quien gustaba de los clásicos me advirtió sobre ellos
pues son, mejor que el río de Heráclito,
definitiva prueba de que no eres la misma
que ayer se miraba…
y luego:
…La banda sonora ahoga toda respiración
Te has dormido en mitad de la trama…
…Valentino, un gato ansioso de tejados,
La garbo ronca y filosa como una navaja abierta.
Yo no quiero decir que estoy por ella perversamente loca…
Además de:
Ya la foto estaba hecha,
sin salir de la pantalla la había celebrado
sin salir de la pantalla dolía concretamente
como duelen tus fotos…
Para emerger, completamente contaminado, de ese inmenso océano de la imagen y su poder aturdidor. No son las fotos, el espejo o la pantalla, es lo que nos muestran de más, la manera de la poetiza para entender, para abordar líricamente su entorno virtual, y trastocarlo en emoción pura, la fórmula del absoluto.
Pudiera alzar la mano a quien fui y advertirle:
Esto no durará
Pero ya lo sabía
Y así abandonar esta tela sobre el bosque de la des-dicha, este cielo que es el mismo cielo de los dioses, el que ahora me rebasa, para enarbolar el poema. |