El sol eterno de jóvenes poetas holguineros
RESEÑA
Por: Giovanni Fernández Valdés
La antología de 20 jóvenes poetas de la provincia oriental de Holguín, El sol eterno, sorprende no solo por la experimentación formal, el rejuego de palabras, las reminiscencias a reconocidos autores como Dulce María Loynaz, Virgilio Piñera y Delfín Prats, sino en la audacia y profundidad en el abordaje de temas como la realidad cubana, el destino de los individuos, la existencia de lo poético como forma de expresión y la relación entre los sujetos con respecto a los demás.
El texto, a cargo de Ediciones La Luz y presentado en la Feria del Libro este martes 16 a las 5 y 30 de la tarde, comienza con una sugerente cita de Gastón Baquero: “Un poeta no tiene otra edad que la plenitud de sus versos” y con ese precepto el volumen inicia con Pablo Guerra y el poema Conocer el sitio:
“Aquí no se respira/ se vive de misericordia al respirador artificial instaurado/ mecánica, pura mecánica/ de la chatarra existencial/ surcos lentos como estrías de la piel vieja”.
Pero entre la desesperación y el deseo de escapar de los “frutos amargos”, está el horizonte, la salida hacia el futuro, la necesidad de transformación de lo que nos rodea porque “Aquí todo es límite y el extremo/ Aquí los hombres marchan embutidos en sus bolsillos/ ceñidos en sus chaquetas como si la estación de torpes pasos/ que recorren fuera el inacabable invierno”.
Ante el odio y la incomprensión el poeta se refugia en el amor como solución aparente, pues realmente anhela que la persona amada sea partícipe de su acercamiento hacia su tierra, hacia el sitio donde surgió “el recuerdo de una nube lejana y libre en la luz sin tiempo ni espacio”. Guerra anuncia que el amor es solo el pretexto para reconocer el lugar donde el horizonte puede ser visto como algo posible, aunque la enajenación y las desgracias aparezcan en el camino.
Conocer el sitio desde donde comienza la travesía es navegar entre ausencias, miradas ausentes, tinieblas, pero es rescatar lo mejor de los hombres, es avanzar hacia posibles mundos, hacia un mejor lugar.
El poema Días prohibidos de Kenia Leyva comienza en un espacio donde no se puede amar porque todo está prohibido, y la incertidumbre es la manera de vivir de los hombres. Para Leyva la música está censurada como la edad, los países, los temores, los desatinos, las impaciencias, solo queda reinventar otro mundo:
“Hay días en que borras tu edad/ y te inventas un nombre, una casa/ un rostro apacible, muy apacible,/ para que no importe que existan días/ donde todo es prohibido”.
Sorprendente uso de los recursos del lenguaje aparece en el poema “Negra noche del alba te bebemos al amanecer (oración para pedir la rosa de nadie)” de uno de los poetas jóvenes holguineros más importantes, Luis Yuseff, donde diferentes culturas se fusionan para lograr una imagen precisa de lo que se desea expresar:
“Allí a la intemperie, contemplé la rosa suicida de Yukio/ Mishima, la rosa de oro de Beijing, y la rosa radiactiva del país/ de los soles rasantes”.
El poeta necesita buscar la rosa que nadie ha visto, el recuerdo perdido, la paz de los vencidos en tierra de nadie, el deseo de encontrar las horas en las que:
“Bebiendo a sorbos de muerte, la negra leche del alba, estaba yo contemplando las rosas que me han tocado en este mundo y/ por las que dios viene a la tierra, sin el temor de perder/ el camino que lo llevará de vuelta a las estancias donde sabe estarse quieto”.
Yuseff dialoga con la obra de Paul Celan, Emily Dickinson y de Amherst donde a cada paso pregunta y cuestiona las palabras vacías, la infertilidad de los animales, los ríos en sequía, las sospechas, las dudas, y prefiere hallar la rosa de nadie para salvarse de “las horas brutales de la autocompasión”.
El volumen El sol eterno, sin dudas, es una incitación a la lectura de las nuevas voces que surgen en la Isla con un discurso propio y un deseo de trascendencia y profundidad en sus contenidos.
|