Dialoga Guillén con los cubanos del siglo XXI RESEÑA
Por: Marianela González
Cada 10 de julio se recuerda en Cuba el natalicio de nuestro Poeta Nacional. Y no mereció Nicolás Guillén tal distinción por el hecho –en sí mismo, loable- de que su primer poemario lo lanzara a los primeros planos de la creación literaria iberoamericana desde el ojo mismo del huracán que, por entonces, significaba en el ambiente cultural y político cubanos la advertencia en clave popular de los procesos sociológicos raigales de la nación.
Guillén es a Cuba como Darío a Nicaragua –aunque de niños solamos situar en tal puesto al Apóstol- porque su poesía mulata se advierte al final de una cadena de luces: Heredia-Martí-Guillén. Empieza uno donde termina el otro, escribó su mayor biógrafo: “es la poesía que tiene sus raíces de sueño en la misma parcela donde hunde las suyas de realidad el pueblo que germina y crece”.
No es sólo la opinión de Ángel Augier -a quien despedimos hace apenas unos meses tras 90 años de sistemático aporte a la memoria de la creación literaria cubana-, es también la respuesta que dan hoy los jóvenes poetas cuando uno de los más experimentados guardianes de la obra de Guillén, inquiere: “¿qué les atrae a ustedes de la poesía de Nicolás?”
El también profesor de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, Guillermo García Rivera, compartía en la Sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas una mesa de conferencias con la poetisa Nancy Morejón, hoy Vicepresidenta de la institución que el propio Guillén presidiera en su fundación, en agosto de 1961.
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Como auditorio, decenas de personas que acudimos esa tarde de sábado a la cita, justo cuando se conmemoraba el 108 aniversario del nacimiento de Guillén. Y especialmente, varios exponentes de nuestra más reciente generación de cultivadores del verso, quienes recibieron al público con la lectura de sus propias obras: Wilay Méndez, Thais Guillén, Ricardo Tresold Rodríguez, Sinecio Verdecia, Eduardo Santiesteban y Carmen González Chacón.
“Debo felicitarlos –dijo Nancy tras haber escuchado los poemas, en voz de sus autores-. Son obras que se incorporan a las preocupaciones que inauguró Guillén en los años 30. Y lo realmente maravilloso es que ustedes, al mismo tiempo, estén y no estén en esa tradición: Guillén los motiva, pero ustedes escriben en las claves de esta generación y de este tiempo”.
Luego de la lectura, los expertos ocuparon la mesa para iniciar un diálogo con el auditorio que trascendió, finalmente, los límites de la creación literaria misma para situarse en lo que el sustrato poético guilleniano tiene aún que aportar a la comprensión de nuestra tan socorrida “identidad” y a los debates socio-culturales de nuestro tiempo, muchos de los cuales ocuparon a los cubanos también en el suyo.
“Se ha debatido mucho en los últimos años sobre el problema racial en Cuba –dijo Rodríguez Rivera-. Por eso, a Guillén hay que leerlo no superficialmente. Nicolás demostró que la cultura no es la piel: la cultura corre por la sangre, va del espíritu a la piel. Esa es el alma del país”.
Y para uno de los jóvenes poetas que allí acudieron, la reflexión del investigador motiva una segunda mirada: “Guillén habló de ‘todo mezclado’, no de todo fundido”. Preocupación que se inscribe, además, en el impulso por reconocer los valores de cada uno de los componentes del amplio mosaico racial y cultural cubano, aun dentro del ajiaco con que metafóricamente Fernando Ortiz nos describiera.
“Guillén dialoga mucho con los jóvenes de hoy –dijo Carmen González Chacón, poetisa a quien reconocemos como joven, pero que insiste en referirse a sí misma como “mayor”-. Discrepan a veces, pero si escuchamos bien, está hablando Guillén en la voz del siglo XXI”
Las jornadas en conmemoración del aniversario 108 del natalicio del Poeta Nacional cubano, incluyeron el develamiento de un retrato suyo en el vestíbulo de la UNEAC. En coordinación con la Asociación Hermanos Saíz, la institución programó -además de la lectura y el coloquio en la Sala Villena-, la actuación de una brigada de niños y jóvenes de la Fundación Nicolás Guillén, en la barriada de La Timba.
El aura del poeta, quien al decir de Guillermo Rodríguez Rivera “supo desembarazarse de los prejuicios de una época para enamorarse de una cultura que era la nuestra”, mantiene hoy en Cuba una clara vitalidad. Urge entonces renacerlo, para mirarnos desde su ética y su propuesta creativa, desde la “militancia poética” que le alumbraba en la convicción de que la obra no debía minimizarse para ser “social”. Es la esencia de Guillén, según quienes le conocieron: “un hombre capaz de ser feliz y de hacer felices a los demás”.
Develan en la UNEAC retrato de Nicolás Guillén
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