(Des)h ojeando el Calendario
Dossier de reseñas de libros publicados en la colección Calendario tras obtener el premio homónimo de literatura convocado anualmente por la Asociación Hermanos Saíz
Por: Jorge Enrique Rodríguez.
I
Óleo sobre tela sobre bosque.
La poesía -como acto de asumir el diálogo desde y/o sobre cualquier realidad- es siempre una emboscada. Nada queda ileso después de transitar, a sabiendas o no, alguno de sus puntos cardinales prefigurativos: crearla, consumirla, investigarla, criticarla. Ya sea en este caso o en aquel, el riesgo -presunción del ascenso o la caída- sólo es visible “un segundo antes del impacto”.
Isaily Pérez González (Santa Clara 1975) lo sabe, y aún así -auriga y corcel-apuesta por la pertenencia a otros sitios donde anclar su consumación. Una tela sobre el bosque -Premio Calendario 2006- tal vez no sea aquel libro que defina a la poetisa, o a la actitud misma de su creación; pero la lealtad a su “lógica poética” es evidente en cada uno de los textos congregados en este cuaderno. Y he aquí la actitud, esgrimida ya desde el inicio mismo;
(…) Es el mismo cielo sobre Helena
el que ahora te rebasa y entrecierra los ojos:
el cielo de los dioses;
yo releo a los clásicos y paso unas amargas páginas
que viento son para ti te despeinan (…)
¿Qué nos niega Isaily en esta tela urdida sobre el bosque; qué nos hurta para que sean desoídos los abalorios donde nada quiere fundar, sino insistir porque sabe -creo que lo sabe- que no se ha dicho todo;
(…) Recuerdas la ilusión, pareció natural llevar la vida a otros lugares la misma primavera mudaba sus promisorias estancias
y tampoco el invierno era constante.
Invierno y primavera no saben sobre sí,
helada mudez silencia a los brotes
susurra luego el rojo
y cimbreantes amapolas levantan su color
sobre lo blanco (…)
qué nos aguarda tras la opacidad de un bosque que no es tal, sino el señuelo que conduce a una playa tras otra -reinventadas o inexistentes-, a otras muertes y no a “esas” que solemos pagar como tributo; qué no quiso clamar (o claudicar) cuando replica irreverente;
(…) Otra hubiera querido morir
cerrar los ojos.
Paseantes nos cruzaron por lados
ajenos al secreto flashazo
de la que vio a los inmortales descendiendo.
Otra hubiera dicho “basta” o “suficiente”
pero soy yo quien te está mirando,
April Siddons,
que tuviste suspendido el tiempo
y ahora como el gato de Cheshire te vas
para dejar flotando sobre un parque circular de Santa Clara
la sugerencia ambigua de tu boca ajena (…)
en fin, qué supone esta tela; qué avaricia este bosque y su centinela? Tal vez la ingenuidad ya no es aquel glamour que un día fue de buen gusto, y supimos llevar con el mismo orgullo y la misma vanidad cuando despedíamos a los soldados que partieron hacia la guerra, no importa si era Troya o esta que ahora nos ampara. Tal vez, de tanta poesía ingenua -pre-textada, pre-sabida, pre-existida- nos hartamos y quisimos que otros fueran los augurios, los pasillos y las calles donde disfrazar las ausencias. Tal vez, y también yo, debamos reconsiderar si es tan cierto el error de los románticos que creyeron en la poesía como un estado del alma.
Ciertamente, Isaily, su tela y su bosque nos recuerdan esos lugares comunes donde fuimos o no felices, bajo otras tardes, otros inviernos, y despedidas menos feroces. Pero, a pesar de ello, algo nos hace sospechar que este volver sobre mojado no es mimético, gratuidad, sino piezas que faltaron a otras telas, a otros bosques…y he aquí su emboscada, la actitud;
(…) Asimismo este amor, ya sin aliento,
un don ha recibido de las playas que juntas contemplamos:
se llama permanencia.
Aquí te la regalo: una foto, una joya,
no le pidamos más
ya que el pasado es nuestro, la semana
y los mares del mundo donde tú no estarás o no estaré
pero así basta. |