(Des)h ojeando el Calendario
Dossier de reseñas de libros publicados en la colección Calendario tras obtener el premio homónimo de literatura convocado anualmente por la Asociación Hermanos Saíz
Por: Jorge Enrique Rodríguez
XLII
Otro paréntesis en (Des)h ojeando el Calendario
La Feria Internacional del Libro de La Habana, ya en su vigésima edición, significa una confluencia de sucesos --culturales, estéticos, sociales-- que hilvanan desde sí un “sucediéndose” histórico con sus pautas, sus afirmaciones, sus descuidos.
Dentro de este evento --que se inicia cada febrero en la Fortaleza San Carlos de La Cabaña, y que se extiende a lo largo de la isla hasta mediados de marzo-- la Asociación Hermanos Saíz ha erigido un espacio, trascendental e insoslayable, desde la constancia y la dinámica en la promoción de la obra de jóvenes escritores, críticos e investigadores, y a través de una conjunción de acciones legitimadas en las becas de creación --Fronesis, La Noche, Che Guevara--; las editoriales --Áncoras, Aldabón, Sed de Belleza, Reina del Mar Editores, La Luz--; las revistas --Dédalo, La Gaveta, La Noria, y las digitales La Liga y Esquife--, y los premios Calendario.
Los resultados de cada una de estas premisas, configuradas y renovadas a lo largo de un año, son expuestas al gran público en las diversas actividades que la Asociación conforma dentro del programa de la Feria, y suelen concluir con la entrega de los premios Calendario junto a la presentación de los títulos galardonados en la edición precedente, publicados por la Casa Editora Abril.
En la tarde del miércoles 16, entregas y presentaciones del premio, tuvieron lugar en la pérgola de la sala Nicolás Guillén; espacio que, en honor a la verdad y constatado “in situ”, quedaría bastante estrecho para el desarrollo del acontecimiento, no acorde a su magnitud y nivel de convocatoria que en anteriores ocasiones --dentro de la sala grande-- también ha sido demostrado. Sería saludable que los organizadores de la Feria vigilaran estos descuidos.
Poda, de Sergio García Zamora; Cuentos para huir de la Habana, de Zulema de la Rúa; Habitat, de Rafael Álvarez Rosales, y Ataraxia de Abel González Melo --su cuarto premio Calendario--, fueron los títulos presentados, en esta ocasión en las palabras del Premio Nacional de Literatura Reynaldo González. Cada uno de estos títulos será reseñado próximamente en este mismo espacio.
Muchos de los presentes echamos de menos al género Ensayo, ausente en esta presentación por declararse desierto el premio en aquella edición, y recordamos el extraño sabor al revelarse las conclusiones del jurado en aquel entonces.
Considero que todo premio es también, junto a las otras cualidades una forma de censura, de pretensión y vanidad entre bastidores. Pero igual respeto los “divertimentos” con que solemos socializar/justificar condiciones, cosas y sucesos… y disfruto, con honestidad, cuando el otorgamiento de un premio cualquiera es merecido --desde mi particular juicio--. Es por ello tal vez que todo acto de entrega de premios tiene ese extraño encanto que nadie sabría describir con exactitud.
Bajo esa “ensoñación” supimos que el premio Calendario 2011 en el género de Literatura Infantil fue para Yohan Balón Gómez por el libro Un trío y la fama, constancia expresada por el jurado que conformaron Teresa Cárdenas, Olga Marta Pérez y Eldys Baratute. Que Semen, de Yunior García Aguilera, fue el libro premiado en el género de Teatro, a juicio de Julio César Ramírez, Gerardo Fulleda y Yerandys Fleites que integraron su jurado. Que Ana Cairo, Caridad Atencio y Roberto Zurbano, a cargo de valorar las obras en el género de Ensayo, decidieron otorgar el galardón al libro Viviendo después de la guerrita del doce: en busca de las secuelas de la masacre, de Alejandro Leonardo Fernández. Que en Narrativa Alberto Guerra, Raúl Flores Iriarte y Daniel Díaz Mantilla llegaron a la conclusión de que Yonnier Torres Rodríguez, con su libro Esto funciona como una caja cerrada, era el merecedor del premio. Y que Naufragios del San Andrés, de Maylan Álvarez Rodríguez, sería el premio de Poesía por decisión del jurado que conjugaronNorge Espinosa, Ismael González Castañer y Leila Leiva.
No habría que permitirle al tiempo --por sí mismo-- contar la historia, sino al individuo con sus prestancias, con sus vértigos, con sus filiaciones, con sus discursos (a tiempo o a deshora). Es esa, quizás, una de las estribaciones que propicia la Asociación a la Literatura discursada por los más jóvenes, a través de su promoción y su compañía en los riesgos que implica comprender la época desde una cardinalidad o tangencia otra. Constancia y espacios que se agradece, y que se devuelven/develan en la impronta de estos creadores --salvando las distancias todas-- dentro de un panorama literario que se niega a la oxidación, a la estática, a la pasividad, y sigue apostando por el pez que erosiona la disyuntiva. |