Presentan en Holguín antología de Delfín Prats
Literatura y cine dialogan en el Electra Café
Convoca Ciego de Ávila a Premios Videncia 2010
Presentan libro Mella 100 años en el Pabellón Cuba
Amnios: la multiplicidad en la creación
Otra Página Viva
Jóvenes escritores y artistas del país confrontaron en el Mangle Rojo
Cartas Cruzadas: La amistad que se prueba
Presentan en Ciego de Ávila por vez primera libros de haikus de jóvenes escritores
Para hacer las memorias
El que se ha dispuesto a afilar las tijeras
Letras para Iberoamérica
Celebran Coloquio Internacional por el centenario de Lezama
Ironías de una “familia ideal”
Confluencias entre Venegas y Contramestre
“No tengo la menor duda de mi cubanía”
Un escenario repleto de tensiones. Notas para presentar la cuarta Gaceta del año
Literatura infantil, espacio de confluencias
Rescatar la historia de nuestro cine
Convocan al XII Premio Celestino de Cuentos
Devoluciones a Lezama
Fiesta Iberoamericana a la vista
Ítaca, de regreso a la isla de la literatura
P 350 Magazín, otras noticias
El yo y el otro en la melodía del pífano
Para que por siempreviva
Convocan a la edición XIII del concurso Leer a Martí
Un rato de reflexión y disfrute
Ciencia Ficción en la Edad del Renacer
Faro cósmico
Desde un tiempo que deslumbra
Una puesta de sol literaria en Santa Clara
“Es vital para las revoluciones Latinoamericanas reflexionar sobre la experiencia haitiana”
Antonio E. González Rojas y El Tirano de Siracusa
Galería Entrega de Premios Calendario 2009
(Des)h ojeando el Calendario
Una trayectoria con mucha Sed de Belleza
Entrar
Premio Calendario
Premio Sed de Belleza
Beca de Creación La Noche
Beca de Creación Fronesis
Premio Mangle Rojo
Premio Reina del Mar 2010
Eldys Baratutes
Michel Encinosa Fú
Oscar Roilán Cruz Perez
Nuris Quintero Cuellar
Revista La Gaveta
Confluencias
Escribanía Dollz
Cubaliteraria
Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso
La Liga
(Des)h ojeando el Calendario
Dossier de reseñas de libros publicados en la colección Calendario tras obtener el premio homónimo de literatura convocado anualmente por la Asociación Hermanos Saíz

Por: Jorge Enrique Rodríguez

XXXIX

El silencio de las puertas dialogadas

Hay hechos que pasan a la historia, no por sí mismos, sino por los supuestos polémicos que suscitan --también una manera de legitimar contracciones--, y que de cierto modo impulsan hacia la revisitación, reindagación y reconfiguración de nuestras “perspectivas culturales”, sus derroteros y su praxis. Tal vez sea este “el caso” y la significancia de Las puertas dialogadas de Dolores Labarcena Castillo (Santiago de Cuba 1972) --premio Calendario 2002--.

Nunca antes --ni después-- la decisión de un jurado en los premios Calendario, había provocado una polémica que trascendiera el simple desacuerdo con el jurado, para extenderse hasta la incordia entre “generaciones literarias” y discursos estéticos emergentes, alrededor de un tema de moda por aquella época: la poesía experimental. La certitud literaria de Las puertas dialogadas pasaría a segundo plano, y creo que hasta el momento no existe comentario o ejercicio de criterio alguno al respecto. Incluso, la polémica es hoy un vago recuerdo --casi una idiosincrasia nuestra--  eclipsada por otros hechos y sucesos del panorama literario cubano.

¿Es o no Las puertas dialogadas una obra literaria? Si la pregunta va dirigida al reseñador respondería con uno de los principios de Undike sobre los supuestos de “la reseña”. Si en cambio va dirigida al crítico habría que escribir entonces un ensayo --que no es el propósito de (Des)h ojeando Calendario-- que recontextualizara las circunstancias, y hasta las confidencias, que matizaron aquel período.

Que hablen, entonces (ah, Undike), Las puertas dialogadas por sí solas, en el preámbulo donde supone (su autora) establecer las zonas cardinales del tema y su tratamiento:

“A mí me parece que estaría bien allí donde no estoy”.
Hay un ahorcado que trasciende, simple, limpio en el tumulto de la posteridad. Y centellea el tronco que me sirve. ¿Distraer el influjo o el vestigio de las almas? Y se apoderan las sombras más triviales, la decadencia del no reconocer.

El cristal sobre su rostro, ajeno, casto en rigidez bajo su risa. Niego las muertes que me faltan/ojo  torpe, demasiado impalpable entre los vivos/. Y centellea el tronco que me sirve,  el misticismo del aire, la saturación. Vengan  las puertas dialogadas, hay   un  ahorcado que trasciende,  simple, limpio en el tumulto. Según Baudelaire, “a mí me parece que estaría bien allí donde no estoy”. En la aguijonadura. 

Percibir la realidad, reinterpretarla, a través de la imagen --desde la abstracción o en dialogación-- representa uno de aquellos sino bajo los cuales el sujeto poético expresa (impugna) su silencio, su discurso, su abrevadero, su extrañamiento, su solución. La certeza deja de ser el affaire (o el leitmotiv) para erigirse en indagación a través de la semiótica (o sobre el derribo de ésta). La lógica poética se convierte entonces en causa y desafío, el pronunciamiento en caída libre donde el sujeto poético lo apuesta todo en una sola acción, a sabiendas que no habrá retorno, no al menos por los senderos fáciles o aprendidos a memoria. Es solo el sujeto y su riesgo:

Rotulamos el eco Algo nos une -dice- aquellas ramas
de... o un velo en la subasta. Cómo llegar a la definición
no a la textura. MORÍAMOS DE LLUVIA ENTRE LOS  ARCOS. 

... se mostraba el juego los sitios más comunes.
Antes éramos cuerdas fijadas a la sombra o  su rostro,
antepuesto al sonido o al sonido la fugacidad.
SEÑALES.

En Las puertas dialogadas, su autora intenta --amén de la manida “economía de recurso” que todo crítico esgrime como privilegio o credencial-- representarnos las esencias simples de las cosas, los sujetos y los objetos, el nexo que los convierte en sucediéndose, delatando (quizás) lo incierto de la complejidad que utilizamos para olvidar que transitamos un espejismo tras otro; el veredicto que nos fue legado como herencia, ese mismo que nos ata a la disyuntiva, que arde pero que igualmente es intraducible al acto cotidiano de andar cuesta arriba la caída:

Creo que puede ser enorme.  Ahora es su  cabeza, círculo, hueco de mar. Y, lustramos la sombra. Adoquinemos el alma al peso recortándose. Sueño noches que se cuelgan. Ecos, suerte de náufragos. ¿Sabe girar el cuerpo al estallido? Algo se agita. Un minúsculo roce sorbe las palabras. O el tiempo como una especie de trampa, trance, una armonía con el Yo. Hay que aglomerarse entre las sienes. Un cerco es ojo/cerco/noches que se cuelgan. Y tantea la soga bajo el muro, o el muro. Creo que puede ser  enorme. Círculo, nada que succiona.   

Pero en resumidas, ¿son Las puertas dialogadas un medio o acaso la finalidad, o ambas entidades en una misma figuración? No creo que las respuestas a este cuestionamiento sean la razones, o al menos las razones eficaces que conduzcan a dilucidar si somos o no animales bajo la piedra… bajo la semejanza de ser y estar desde la contracción. Sólo que un libro, la lógica poética (con)fabulada por su autora, nunca alcanzaría para tanto, si acaso para recordarnos que pertenecemos, de algún modo a “la vanidad del poeta sin discurso”.

© Asociación Hermanos Saíz. 2010.